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Arco, un oasis artístico en mitad de la convulsión mundial en el que resuena una orgía

La feria de arte contemporáneo llega a su 45º edición y acompaña a las galerías en su reivindicación de la bajada del IVA cultural

La obra 'Pan, trabajo, libertad', de la artista afgana Kubra Khademi, que ha pintado desnudas a líderes políticas mundiales como Ursula von der Leyen, Angela Merkel o Hilary Clinton, en Arco.SAMUEL SÁNCHEZ

A las 9.00 de la mañana, Pedro Sánchez respondía a la amenaza de Donald Trump de cortar toda relación comercial con España con cuatro palabras: “No a la guerra”. A las 11.00, también en Madrid, se inauguraba la 45º edición de Arco. Solo una galerista de Dubái no ha podido llegar a la gran feria internacional de arte contemporáneo debido al ataque estadounidense e israelí contra Irán, cuyas consecuencias ya se extienden por toda la región. El resto de los invitados, eso incluye a compradores de todo el mundo, está aquí, en Ifema, dispuestos un año más a gastar en obras. Y a tenor de la muchedumbre que poblaba este primer día los dos pabellones en los que se despliega la feria, no parecía haber obstáculo alguno para la negociación y la compra. ¿Cómo puede afectar la nueva incursión bélica de EE UU en Oriente Próximo a una cita como esta? “Es demasiado pronto para saberlo”, ha contestado Maribel López, directora de Arco. “El arte nos aporta esperanza y la idea de posibilidad”, ha zanjado la gestora cultural.

Solo la reivindicación de la bajada del IVA cultural por parte de las galerías ha resonado con algo de fuerza política en Arco. A las 12.45, 140 artistas, convocados por el Consorcio de Galerías, han demandado a los ministerios de Hacienda y Cultura que bajen el gravamen que coloca a España en una situación de desventaja en la compraventa de piezas de arte respecto a sus pares europeos.

Al grito de “¡IVA Cultural ya!”, artistas como Concha Jerez, han recordado que un comprador que desde este miércoles al domingo compre una pieza en una galería de Italia, se le aplicará un tipo del 5%, o en una francesa, de un 5,5%. Mientras que si quiere adquirir una obra de ese mismo creador en un espacio español tendrá que sumarle al precio una tasa del 21%. “No hay diálogo entre Hacienda y Cultura”, explican desde el Consorcio de Galerías, “esto está estancando y no vemos ninguna intención de que se vaya a retomar”. El colectivo anuncia más protestas durante la feria, pero por el momento no se han concretado. “Apoyamos a nuestros clientes”, ha dicho López sobre estas acciones, en las que Arco no participará.

Así comienza una nueva edición de esta feria en la que una vez más, la reivindicación más política queda encapsulada en las denominadas piezas polémicas, una etiqueta que ya es una tradición en Arco. Entre las 211 galerías, de 30 países, que participan este año, hay que dirigir los pasos siempre hacia un puñado para saciar esta necesidad. El recorrido suele comenzar en ADN, donde Eugenio Merino hace de las suyas; en esta ocasión con Petróleo, un bidón de este combustible fósil sobre el que ha estampado la Declaración Universal de los Derechos Humanos. “El petróleo es el motor de las guerras, lo que lo hace incompatible con la vida”, comenta el autor de White Washing, el lavavajillas en el que metió a la ultraderecha en la anterior edición, también responsable de encerrar a Franco en una nevera, creador de un ninot del rey y organizador de la capilla ardiente de Picasso. “Lo que manda es esta fuerza extractiva”, acompaña Miguel Ángel Sánchez, el responsable de la galería que señala otra obra del artista La puerta del fascismo, un picaporte con una esvástica nazi.

Esta directa crítica social se ha encontrado en este Arco con una dura competidora. La galería Eric Mouchet, con sedes en París y Bruselas, ha dedicado la mayor parte de su espacio a la artista afgana Kubra Khademi y su serie Pan, trabajo, libertad. Con este título realiza retratos y pinturas colectivas en las que desnuda a líderesas mundiales como la excandidata a presidenta de Estados Unidos, Kamala Harrias, la excanciller Angela Merkel, la responsable de la diplomacia europea, Ursula Von der Leyen, y la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, entre otras responsables.

“Esa desnudez no es una provocación ni una reducción al erotismo”, explican desde la galería, “sino la afirmación de cuerpos libres, en movimiento perpetuo, resilientes y combativos”. En sus explícitas orgías entre las representantes, el público de Arco ha encontrado un punto de encuentro, curiosidad y morbo —por qué no decirlo—. Khademi, artista, performer y activista, exiliada de su país en Francia desde 2021, ha conseguido con esa atención transmitir su mensaje. El pan, el trabajo y la libertad son derechos fundamentales negados a las mujeres que siguen en Afganistán; a cambio, el gobierno talibán les condena a la pobreza.

La artista eligió a las mismas protagonistas a las que escribió una carta en 2023 pidiéndoles que unieran su poder para luchar por las mujeres en Afganistán. “Esa misiva sigue sin ser respondida”, cuentan en la galería Eric Mouchet. Khademi no las quiere comprometer al ponerlas a realizar estas prácticas sexuales, sino que pretende “simbolizar el poder de la feminidad, la ternura y el amor frente a la guerra y el patriarcado”.

La Freijo Gallery ha recuperado una obra de 2017 de Ramón Mateos. En Fortaleza Europea, el artista pinta la bandera de la Unión Europea sobre una manta térmica, la misma con la que se cubrían los migrantes durante la crisis de aquel año al salir del Mediterráneo. Casi una década después, la pieza cobra una actualizada lectura. En Espacio Mínimo han dedicado gran parte de su estand al artista ucranio Sergey Bratkov, que huyó de Rusia al inicio de la invasión de su país para trasladarse a Berlín. El creador presenta una serie de obras con contundentes palabras sobreimpresas como “traición” y “escuela subterránea”. Este trabajo se complementa con el vídeo Los gatos de mi hermano, en el que se puede ver a estos animales jugando sobre una bomba que no estalló en el jardín de su hermano.

Pese al empeño constante de los expertos y los críticos de arte por encontrar un tema a partir del que explicar cada edición de Arco, aquí no hay una propuesta expositiva común. No hay un relato sobre Gaza, por ejemplo. Tampoco hay una mirada única sobre el nuevo orden mundial dictado por la megalomanía de unos pocos dirigentes. Esto es un mercado en el que se ajustan los balances de cuentas anuales, se llama la atención sobre el arte contemporáneo y, en ocasiones, se plantea alguna reflexión. En esta edición, sin país o geografía invitada, la feria se ha propuesto conversar sobre el arte que viene en la sección Arco 2045. El futuro, por ahora. Los comisarios Magali Arriola y José Luis Blondet han convocado a más de una decena de artistas para mirar al futuro, pero, avisan, sin vaticinios. Es decir, estas dos zonas no funcionan como bolas de cristal. Pocas conclusiones se sacan en el recorrido. La respuesta es casi tan confusa y a su vez condenadamente artística como la tipografía distorsionada usada en el cartel que anuncia el Arco de 2045.

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