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Belén Rueda, actriz: “Tengo ahora mucha más libertad de decir lo que pienso. Y lo voy a decir”

La intérprete estrena ‘El vestido’, una película de terror en la que trabaja con su hija Belén Écija y ha terminado de rodar una serie

Belén Rueda posa con su colección de claquetas, en su casa, en Madrid.Víctor Sainz

“¡Me queda tanto por hacer!”, dice Belén Rueda (Alicante, 60 años), mientras sirve café a periodista, fotógrafo y su representante en la cocina d...

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“¡Me queda tanto por hacer!”, dice Belén Rueda (Alicante, 60 años), mientras sirve café a periodista, fotógrafo y su representante en la cocina de su casa. Acaba de estrenar El vestido, ha terminado de rodar una serie y parece tener desterrada la pereza de su vocabulario. Sube y baja las escaleras para posar rodeada de claquetas, enseña fotos familiares, habla de cine y de lo que surja. Le queda tanto por hacer, sí, y también por decir.

Pregunta. Ayer, al volver a casa, de noche, me topé con el cartel de El vestido. Pensé cómo se lleva eso de ser la reina del grito.

Respuesta. Me gusta mucho porque creo que el terror tiene muchos colores, y al contrario de lo que opina mucha gente, es muy difícil como género. Tanto a nivel técnico como en la interpretación, porque la línea es muy fina entre dar miedo o risa. Yo tenía muchas ganas de hacer una película de terror, porque llevaba tiempo sin hacerla. Como actriz vas completando determinadas casillas, aunque sean infinitas, y tus propias experiencias personales sirven para aportar a los personajes. Con los años, los directores y directoras cuentan más contigo para saber qué piensas sobre el proyecto. Tengo el privilegio de poder participar no desde que me llega el guion, sino un poquito antes.

P. No para de trabajar, dicen de usted.

R. Cuando nos dicen que los actores somos inestables, siempre digo: imagínate cada vez arrancar de cero, con nuevo jefe, compañeros, lugar de trabajo… Cuando llego a un nuevo proyecto me gusta hacer una observación psicológica para que cuando estemos rodando y vengan las tensiones por el tiempo o lo que sea, que rememos todos a favor. Según vas haciendo cosas parece que solo tienes que hacer proyectos grandes, y El vestido es algo pequeño, somos cuatro actores. Las protagonistas somos Vera [Centenera] y yo, mi hija [Belén Écija] con otro personaje y la directora del colegio [Elena Irureta]. Bueno, somos en realidad cinco personajes porque hay que incluir la casa. Es una historia que se parece a cosas que hemos vivido todos, en la que hay una separación, un maltrato y el miedo que todo eso nos produce. Porque los miedos nos acompañan siempre, así que tienes dos opciones: hacerles caso y que gobiernen nuestra vida o lidiar con ellos.

P. ¿Cómo ha sido trabajar con su hija?

R. Hay un momento en el que se borran los límites, pero he de confesar que como tampoco he trabajado muchas veces con ella, a veces me quedo mirándola como personaje, pero también tengo pensamientos que me atraviesan, y digo: “Ay, ¡qué mayor! ¿Desde cuándo ella sabe hacer esto?”. Siento mucho orgullo y tranquilidad al saber que mis hijas son independientes.

P. Cuando estaba posando para las fotos me he dado cuenta de que su rostro, para muchos de nosotros, es casa. ¿Cómo se convive con la fama?

R. Cuando necesito tocar tierra siempre recurro a la familia. Y creo que cuando estás en un momento de tu carrera y a una determinada edad, es importante recordar, más que los triunfos, esos momentos en los que el teléfono no sonaba. Me ha pasado a mí y a todos. Lo mío con la interpretación siempre fue un sueño, pero no sabía si sería capaz de hacerlo. Era yo misma la que me ponía trabas, porque pensaba que tenía que vivir de algo, era una idea basada en la información que me llegaba. Para mí, lo más importante de todos estos años es pensar que nada es imposible y trabajar, sobre todo trabajar. La autoayuda está muy bien, sí, pero tienes que prepararte todos los días.

P. Hablemos de etiquetas. ¿Cuántas veces ha escuchado eso de “otra famosa de la tele jugando a ser actriz”?

R. Muchísimas. Date cuenta, además, de que las actrices de mi generación hemos tenido momentazos. Primero por la edad, porque hice Mar adentro con 40 años y siendo mujer. Vamos, que me daban a entender: “Acabas de llegar pero te tendrías que estar yendo”. Lo sentía y sin ninguna impunidad, hablamos de 2004. Ahora al menos te ponen alguna excusa, lo maquillan un poquito. Bueno, la verdad es que no. ¿Ves? No podemos bajar la guardia, te descuidas un poquito y vamos para atrás. ¿Qué haces ante eso?

P. Eso digo yo. ¿Qué hacemos?

R. Depende del momento vital que estés teniendo, porque muchas veces exigimos a la gente más joven que diga abiertamente lo que opina sobre los temas y es verdad que a esa edad tienes fuerza y pasión por todo, como si fuera lo único. Cuando tienes más años también lo haces porque tienes más voz, pero desde un sitio más tranquilo, que no significa que no seas combativo, sino que tienes más argumentos que la rabia y la injusticia, que también son válidas. Yo ahora echo la vista atrás y me doy cuenta de que hay cosas que no he denunciado porque creía que eran lo normal. Nací en el 65, y diez años después murió Franco, y tienes un comportamiento que te crees que es el único. Quitarse eso, pensar que eres la culpable de que un hombre se haya acercado a ti y haya dicho tal cosa, porque eres muy simpática, porque le has provocado, porque le has dado dos besos… Todo eso te ha educado de una determinada manera y tienes que quitarte esas capas. Tengo ahora mucha más libertad de decir lo que pienso. Y lo voy a decir. Entonces no lo hacía, y era por miedo. Como cuando me dio un ictus en 2019 y no lo conté porque pensaba que no me iban a contratar.

P. ¿Qué le produce desasosiego?

R. Lo que está pasando con ICE es alucinante. Que una sola persona con un grupo decida sobre la vida de otros de esa manera arbitraria, aleatoria y en bloque. Creo que las civilizaciones avanzan porque los gobernantes han sido presionados por la sociedad, si no, no avanzaríamos, porque el poder es muy cómodo.

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