Crítica | MASAAN

Contrastes en India

Uno de los mejores modos de dar a conocer al exterior los impulsos y desolaciones los ambientes que retrata

Un país de 1.200 millones de habitantes no puede ser homogéneo, pero quizá no haya tierra con más contrastes, económicos, sociales, religiosos, culturales, que India. Con un crecimiento económico sostenido en los últimos años, a la cabeza del mundo, lleva también en la mochila la existencia de 300 millones de pobres y una antediluviana idea de la igualdad de género. Un territorio desconocido por la mayoría, que encuentra en películas como Masaan, producción local con el apoyo económico de Francia, pero escrita y dirigida por alguien criado en los ambientes que retrata, Neeraj Ghaywan,...

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MASAAN

Dirección: Neeraj Ghaywan.

Intérpretes: Richa Chadda, Sanjay Mishra, Vicky Kaushal, Shweta Tripathy.

Género: drama. India, 2015.

Duración: 103 minutos.

Un país de 1.200 millones de habitantes no puede ser homogéneo, pero quizá no haya tierra con más contrastes, económicos, sociales, religiosos, culturales, que India. Con un crecimiento económico sostenido en los últimos años, a la cabeza del mundo, lleva también en la mochila la existencia de 300 millones de pobres y una antediluviana idea de la igualdad de género. Un territorio desconocido por la mayoría, que encuentra en películas como Masaan, producción local con el apoyo económico de Francia, pero escrita y dirigida por alguien criado en los ambientes que retrata, Neeraj Ghaywan, uno de los mejores modos de dar a conocer al exterior sus impulsos y sus desolaciones.

Ambientada en Benarés, a orillas del Ganges, Masaan narra en paralelo dos historias que acabarán cruzándose, y que ofrecen una visión bastante global de las desgracias de la clase media: el sometimiento de la mujer, siempre esquinada, a merced del arrebato sexual de una parte de los hombres; la existencia de una especie de policía de la castidad, con la soplona colaboración vecinal; la corrupción de la administración, dispuesta al continuo chantaje del incauto. Aunque también de sus gracias: la rabiosa fuerza individual de ciertas mujeres (y hombres), sometidos por el sistema de castas, por un medieval concepto del amor y del deseo.

Ghaywan, ingeniero antes que cineasta, lo que lleva a pensar en el probable toque autobiográfico de una de las tramas, demuestra una vibrante capacidad elíptica, y filma sus mejores secuencias con cámara improvisada, sin extras, con la gente real alrededor de los actores, en impresionantes secuencias en el Ganges y en una feria. Conformando así, con delicadeza y pudor, crítica y rabia, una oda a la fortaleza de sus vecinos y una carta de denuncia a sus autoridades: a las políticas, a las sociales, a las religiosas.

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