Hallada la explicación de la enfermedad que deja a los niños “congelados”

Un equipo del Centro de Regulación Genómica detalla el mecanismo molecular de una dolencia rara que causa parálisis transitoria y peligrosas arritmias

Los investigadores Ombretta Foresti y Agustín Luján, del grupo de Vivek Malhotra, en el Centro de Regulación Genómica de Barcelona.Iván Martí

Naty Tomás se convenció de que su hija no estaba bien cuando tenía siete meses. De repente el cuello se le paralizaba y la condenaba a mirar al techo. Con año y medio se quedaba “congelada”, arrastraba las piernas paralizadas o se le doblaba el tronco y caminaba completamente torcida. En el trayecto a urgencias la niña se quedaba dormida, se recuperaba, y al llegar todos los análisis salían perfectos. “Los médicos me empezaron a tratar de neurótica”, comenta Tomás, que decidió grabar vídeos de los ataques de su hija, Nora. Eso le dio credibilidad ante los médicos, aunque no solucionó el problema más grave. Nadie sabía qué le pasaba a su hija.

La niña se apagaba de repente, y podía pasar postrada tres días. Uno de sus médicos le diagnosticó una encefalopatía y le recetó una dieta cetogénica, alta en grasas. La niña dejó de comer y beber, no podía ni hablar. ¿Epilepsia, hemiplejia alternante, encefalopatía? Todos los diagnósticos se caían por sí solos. Como último recurso, los médicos decidieron secuenciarle todo el genoma. Los resultados llegaron en inglés, y el médico se los dio a leer a la madre directamente. Nora tenía Trastorno por Deficiencia de Tango2 (TDD). “Los médicos no sabían nada sobre esto”, recuerda Nora. La primera luz de esperanza llegó cuando esta administrativa de Jumilla (Murcia) de 41 años encontró la web de una asociación de enfermos de TDD en Estados Unidos. Por primera vez, ya no se sentía sola ante una enfermedad desconocida.

Doce años antes de que naciese Nora, en 2006, un equipo de investigadores en Barcelona descubrió un nuevo grupo de genes, que bautizaron Tango. Parecían tener un papel clave en el transporte, empaquetamiento y envío de proteínas dentro de la célula, una especie de Amazon molecular. En 2021, el médico argentino Agustín Luján comenzó a investigar el gen Tango2, al principio sin saber que estaba involucrado en la TDD.

Ahora, Luján, investigador del Centro de Regulación Genómica de Barcelona, acaba de dar un paso de gigante en la comprensión de esta enfermedad, tan rara que ni siquiera muchos médicos conocen. Cuando el cuerpo aumenta sus demandas de energía, las células consumen todos los carbohidratos y pasan a quemar lípidos —grasas—. Los pacientes con TDD tienen dificultades para quemar lípidos, y esto les causa crisis metabólicas que les dejan “congelados”, y que son potencialmente mortales. Estas personas suelen sufrir peligrosas arritmias en el corazón, que obtiene hasta el 90% de sus necesidades energéticas consumiendo lípidos en las mitocondrias, las centrales energéticas dentro de las células.

Basta una infección, un esfuerzo, o unas pocas horas sin ingerir alimentos para desencadenar una crisis potencialmente letal, pero cuyos efectos se desvanecen en cuanto el paciente descansa, de ahí que a Tomás la tomasen por loca.

Este viernes, Luján, junto a su compañera Ombretta Foresti y su jefe Vivek Malhotra, publica un estudio que aclara cómo la mutación que inhabilita el Tango 2 entorpece el metabolismo de lípidos dentro de las mitocondrias, y explica en parte los síntomas de la dolencia. “Tango2 atrapa las grasas y las prepara para su combustión. Las células de los niños con TDD tienen una capacidad reducida para hacer esto, por lo que se les priva literalmente de las formas lipídicas adecuadas que necesitan para obtener energía”, resume Luján, un argentino de Mendoza de 36 años, que ha pasado los últimos cuatro años investigando un gen precisamente llamado Tango. Los detalles del trabajo se publican este viernes en Journal of Cell Biology.

Nora Tomás, paciente de TDD. Imagen de TDD

En todo el mundo hay unos 110 pacientes de TDD, 11 de ellos en España. Pero los investigadores creen que el número real probablemente está en torno a los 10.000. “Muchas personas pueden tener esta enfermedad y no saber nunca que la razón es una mutación en el gen Tango2″, explica Malhotra, nacido en India hace 64 años. Entender mejor este trastorno no solo puede beneficiar a los enfermos de TDD, sino también a la población general. Los genes Tango intervienen en el transporte de lípidos en general, lo que está relacionado con enfermedades cardiacas y musculares que afectan a decenas de millones de personas en todo el mundo, destaca el investigador.

En octubre, Luján conoció a Tomás en persona durante una reunión de afectados por la enfermedad promovida por el Hospital Sant Joan de Deu, que centraliza la mayoría de los casos detectados en España. Uno de los objetivos es que se hable mucho de esta rara dolencia para que la conozca cada vez más gente, incluidos los médicos. Luján resalta que el único caso diagnosticado en Argentina fue gracias a que un médico de este país vio un reportaje sobre TDD en la televisión estadounidense.

Uno de los pocos tratamientos que existen para esta enfermedad son las dosis elevadas de vitamina B5, un nutriente esencial que genera coenzima A. “Todavía no sabemos por qué la vitamina B5 ayuda a algunos pacientes a evitar crisis metabólicas, pero puede que esté impulsando las vías de energía residual que Tango2 normalmente apoya”, explica Luján. Su principal objetivo ahora es aclarar el mecanismo de acción de este gen y descubrir otras moléculas implicadas que pudieran desvelar posibles dianas terapéuticas, pero sin vender falsas esperanzas. “Una de las cosas más difíciles de hacer como médico es decirles a los padres de un paciente que no sabes qué tiene su hijo, o incluso si tienes un diagnóstico, que no existe cura. Con las enfermedades raras, la baja prevalencia, la falta de datos y la escasez de recursos, la situación es aún peor. Por eso, la investigación básica es tan importante en estos casos, ya que ofrece esperanza a quienes hoy no la tienen”, resume.

Por su parte, Tomás y su hija Nora, ya con siete años, van saliendo adelante, especialmente ahora que ya está identificado el origen de su mal, y el tratamiento con vitamina B5 hace algo de efecto. “Cuando está bien, Nora es una niña normal”, explica, pero “le tienes que estar salvando la vida continuamente”.

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