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La jueza del caso Neruda rechaza reabrir el sumario de la investigación de la muerte del poeta

El Partido Comunista y el sobrino del Premio Nobel habían pedido varias diligencias, entre ellas volver a interrogar al personal de la clínica donde falleció en Santiago en 1973. Sigue pendiente el fallo que determinará si Neruda murió de cáncer o fue envenenado

Pablo Neruda
Pablo Neruda a bordo de un barco en Nueva York en 1966.Foto: Getty

La jueza Paola Plaza, que investiga las circunstancias de la muerte del poeta Pablo Neruda en 1973 en la Clínica San María de Santiago, ha resuelto este jueves rechazar la solicitud de nuevas diligencias que habían presentado tanto el sobrino del Premio Nobel de Literatura, Rodolfo Reyes, como el Partido Comunista (PC). Las peticiones de los querellantes fueron interpuestas el 11 de octubre con el fin de lograr la reapertura del sumario que fue cerrado en septiembre por la magistrada, sin procesados, al considerar agotada una investigación que se mantuvo abierta por más 12 años.

Neruda, cuyo nombre real era Neftalí Reyes, murió el 23 de septiembre de 1973, 12 días después del golpe de Estado para derrocar al presidente socialista Salvador Allende (1970-1973), que dio inicio a la larga dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). El poeta comunista padecía cáncer de próstata con metástasis y fue trasladado hasta la clínica, acompañado por su esposa Matilde Urrutia, por su chófer Manuel Araya. Viajaron desde Isla Negra, una localidad costera a 100 kilómetros de Santiago, donde vivía la pareja, hasta el sector oriente de la capital de Chile para que fuera internado.

Durante 38 años la causa de muerte fue atribuida a la enfermedad de Neruda. Pero en 2011 Araya, quien murió en junio pasado, aseguró en una entrevista a la revista mexicana Proceso que el poeta fue asesinado en la clínica por una inyección letal. En base a ese testimonio el Partido Comunista, y el sobrino del poeta, se querellaron.

Entre las varias diligencias presentadas, los querellantes pedían que el tribunal oficiara al Registro Civil chileno para que consignara que de momento la causa de muerte del poeta es indeterminada y no por “caquexia cancerosa”, como señala el certificado de 1973 que fue cuestionado por su veracidad en 2017 por un grupo de científicos. El trasfondo de esta solicitud se debe a que en el expediente figura un peritaje al cinturón de Neruda, quien fue exhumado en 2013, y que aún conservaba la marca en la que lo abrochaba, lo que revelaría que no habría perdido peso por el cáncer avanzado, sino que al fallecer pudo pesar unos 90 kilos.

También se pedía volver a tomar declaración a los médicos y enfermeras que trabajaban en la Clínica Santa María cuando Neruda fue internado, testimonios que ya había realizado el primer juez del caso Mario Carroza, quien tuvo el proceso durante nueve años.

En la resolución, emitida este jueves 7, la jueza señala que “como reflexión final, aun cuando la parte querellante Partido Comunista de Chile sostenga que el Estado no ha empleado todos los medios a su alcance para averiguar la verdad’, basta la revisión del proceso para constatar que todos los recursos disponibles se han puesto al servicio de la investigación, que ha incluido la intervención de expertos nacionales y extranjeros y el uso de tecnologías inéditas en la indagación criminal, más la obtención de relatos de testigos, pericias de diversa índole, búsqueda de documentos e informes policiales, entre muchos otros, abarcando cada arista propuesta por las partes para el esclarecimiento de los hechos”.

Tres paneles científicos

Paola Plaza recibió la causa en 2020 de manos de Carroza después de que el magistrado fuera ascendido a la Corte Suprema. Mientras tuvo la indagatoria Carroza realizó decenas de interrogatorios en los que obtuvo versiones encontradas. “Lo que se pudo comprobar es que a Neruda se le aplicó una inyección. Lo que no se pudo comprobar es de qué era”, dijo en febrero el magistrado a EL PAÍS. En 2013, además ordenó la exhumación del cadáver del poeta en Isla Negra.

Carroza intentó dilucidar qué médicos atendieron a Neruda en la Clínica Santa María. Así se llegó a Sergio Draper, quien falleció en diciembre de 2022 y declaró varias veces. Draper fue quien recibió a Neruda en el en centro asistencial y dijo que entregó el turno a otro médico, al que identificó como un tal “doctor Price”: lo describió como rubio, alto y de tez blanca, datos con los que la policía incluso elaboró un retrato hablado con su colaboración.

Pero cuando el juez trató de identificar a Price, ni en la clínica, ni en las escuelas de medicina chilenas ni el Colegio Médico se encontró a una persona con ese nombre o apellido. Precisamente, los querellantes habían vuelto a insistir en su identificación entre las diligencias que les fueron rechazadas.

Erwin Sapiaín, abogado que representó a Draper, dijo en febrero a EL PAIS que Sergio Draper, “para menguar los dolores, le puso una inyección de dipirona a Neruda delante de Matilde Urrutia. Yo he estudiado el tema de la dipirona de la época y provocaba un ardor. Es lo que dice la ciencia de esos años. Pero esto no tiene nada que ver con la existencia de una cepa de una bacteria encontrada en un molar”.

En 12 años, en el caso han intervenido además tres paneles científicos que han llegado a distintas determinaciones sobre la causa de muerte.

En 2013, tras la exhumación, peritos del Servicio Médico Legal chileno confirmaron que la causa de muerte de Neruda fue el cáncer. Cuatro años después, en 2017, fue convocado por Carroza un segundo grupo de científicos, de distintos países, que realizó nuevos exámenes y encontró la presencia de Clostridium botolinium en un molar del Premio Nobel. Fue un hallazgo que generó gran expectación pues puso en duda que su muerte fuera producto de su enfermedad.

Tras las interrogantes que abrió ese informe, en febrero de 2023 la magistrada Plaza dispuso la intervención de un tercer panel de especialistas de Canadá, Dinamarca y Chile, que debían determinar si esa sustancia, Clostridium botolinium, era de origen endógeno o exógeno. Ese resultado, que no se ha dado a conocer —ocurrirá cuando terminen las apelaciones— es el que establecerá si la bacteria estaba en el cuerpo Neruda al momento de morir en 1973, es decir, que fue inoculada, o si entró después como sedimento al lugar donde está enterrado. Es una información clave para determinar si fue o no envenado y despejar así un misterio que lleva casi 13 años sin resolución.

El 25 de septiembre la jueza Plaza cerró el sumario, pues consideró agotada la investigación. Tras esa resolución se esperaba que emitiera pronto un fallo para aclarar, finalmente, las circunstancias de la muerte de Neruda.

Ahora, tras a las diligencias, los querellantes tienen cinco días para insistir ante la Corte de Apelaciones de Santiago.

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