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José Jerí: ascenso y caída de un presidente accidental

Cuatro meses después de asumir, el mandatario peruano encara este martes siete mociones de censura en medio de escándalos, cifras récord de homicidios y una crisis de credibilidad

El presidente de transición de Perú, José Jerí, el pasado 21 de enero en el Congreso.Paolo Aguilar (EFE)

El primer mensaje a la nación de José Jerí duró menos de un minuto. Llevaba un par de semanas en Palacio, se había demorado más de la cuenta en nombrar a su Gabinete y ya era cuestionado por cargar con una denuncia de abuso sexual de fines de 2024. Su antecesora, Dina Boluarte, cuya popularidad se estancó por debajo del 3%, había sido vacada por su ineptitud para combatir la crisis de inseguridad. Y en medio de ese ambiente de zozobra, Jerí intentó dar un portazo y declaró a Lima y al Callao en estado de emergencia. “Pasaremos de la defensiva a la ofensiva en la lucha contra el crimen”, leyó.

El 18 de enero, apenas tres meses después, dio otro mensaje a la nación que pasará a la posteridad. A las dos de la madrugada, las cuentas oficiales de Presidencia postearon un video de poco más de cuatro minutos. Quienes escrolleaban aquella noche de fin de semana no podían creerlo. Desde su despacho, y sin el respaldo de sus ministros, Jerí le habló a la gente mientras una parte del país dormía. Y no fue para anunciar una nueva medida contra la delincuencia, sino para defenderse del caso por el que que este martes afrontará siete mociones de censura.

El Congreso volverá a decidir la continuidad de un presidente, en este caso apenas cuatro meses después de haber asumido la presidencia.

El episodio que ha empujado a Jerí al precipicio se remonta al pasado 26 de diciembre, cuando un video mostró cómo Jerí ingresaba con capucha y lentes oscuros a un restaurante de comida china para reunirse con un poderoso empresario chino llamado Zhihua Yang. Los dominicales habían señalado que no era el único video ni la única visita que el presidente de la República le había hecho al dueño de una amplia red empresarial y entonces Jerí intentó apagar el incendio. “Me prometí que iba a gobernar sobre la base de mi forma de ser [...] Soy un presidente que camina, que rompe protocolos, un presidente de acción que sale a comer con lentes o sin lentes, con gorra o sin gorra”, dijo.

Sus esfuerzos por convencer a la población de que sus reuniones clandestinas, lejos de Palacio, eran simplemente un asunto de formas no funcionaron. Desde aquellos días, su popularidad se fue en caída libre. Del 58% de aprobación —el porcentaje más alto de los últimos cinco años— en su primer mes pasó al 30% en febrero, según la encuestadora Ipsos. Otras como Imasen le dan un 24% de popularidad.

La percepción negativa se acentuó con sus contradicciones: las supuestas coordinaciones por el Día de la Amistad entre Perú y China se diluyeron y se descubrió que Jerí tenía un estrecho vínculo con diversos empresarios chinos desde su época de congresista. Uno de ellos, Ji Wu Xiaodong, visitó Palacio a pesar de tener una orden de arresto domiciliario y de ser un actor clave en una mafia de madereros ilegales.

A medida que la imagen de la figura presidencial se manchaba, su estrategia para combatir la delincuencia se ponía en tela de juicio. Cerró el 2025 con el promedio de homicidios más alto en el país desde el 2017: 5,55 al día. De los 2.213 homicidios registrados en el país el año pasado, 444 ocurrieron durante su mandato. Su énfasis en seguridad y su publicitada política de mano dura no surtió efecto. Sus requisas en las cárceles, donde se le comparó con el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, perdieron impacto. Sobre todo por haber aplazado durante más de dos meses la presentación del Plan Nacional de Seguridad Ciudadana. Un pendiente que todavía no ha resuelto.

El ascenso del abogado José Jerí fue vertiginoso. Ingresó al Parlamento en el 2021 sin haber sido elegido por el pueblo. No obtuvo los votos necesarios, pero obtuvo su curul debido a la inhabilitación del expresidente Martín Vizcarra. Integrante de la agrupación Somos Perú, fue elegido presidente del Congreso en julio de 2025. No pasaron ni tres meses, cuando una carambola del destino lo catapultó a la Casa de Gobierno: Dina Boluarte fue destituida, y como la agrupación Perú Libre —que llevó al poder a Pedro Castillo— no presentó un segundo vicepresidente, Jerí asumió como uno de los presidentes más jóvenes del país a los 38 años.

Un segundo destape salpicó a la investidura presidencial: un dominical reveló que un grupo de mujeres jóvenes obtuvo trabajo en el Estado luego de citarse con Jerí en su despacho hasta altas horas de la noche. En algunos casos las mujeres marcaron su salida al día siguiente. Si bien la Fiscalía le ha iniciado diligencias preliminares por 11 contrataciones sospechosas, se habla de que sería por lo menos una veintena. Según el diario El Comercio, al menos 73 visitas oficiales a Palacio concluyeron pasada la medianoche durante la gestión de Jerí.

“El problema no es si debe seguir gobernando, sino cómo llegó a ese puesto. Es obvio que no da la talla para tan importante cargo, nos está dejando en ridículo. Así que no se laven las manos y hablen de estabilidad, cuando se les dijo que el tipo no era adecuado para ese puesto. Pero, claro, ustedes solo necesitaban un títere”, ha dicho el internacionalista Óscar Vidarte. En el último mes, José Jerí ha desaparecido de las redes sociales, donde solía responderle a los periodistas, y más bien se ha atrincherado en el Centro de Lima. Su eslogan de gobierno —A toda máquina— se ha vuelto contra sí mismo: la máquina se está apagando.

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