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La inyección de Trump y una alta polarización marcan las elecciones de Honduras

Los hondureños eligen este domingo entre la continuidad del modelo izquierdista de la actual presidenta Xiomara Castro o un giro más conservador. El presidente de EE UU lo ha apostado todo en el último momento por el candidato de la derecha

Carlos S. Maldonado

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intentado influir en el resultado de las elecciones de este domingo en Honduras al dar su apoyo al candidato conservador Nasry Tito Asfura, del Partido Nacional. Las declaraciones del mandatario, que ha señalado de “comunistas” (una palabra que en un país conservador como este tiene ecos de temor en algunos sectores, como el de los empresarios) a los otros dos aspirantes —Rixi Moncada, del gobernante Libre, y Salvador Nasralla, del Partido Liberal— han metido más ruido a un proceso muy polarizado, con acusaciones de fraudes de los tres candidatos, que según las encuestas, asisten a la votación con iguales posibilidades de triunfo.

Trump, además, anunció el viernes que pretende indultar al expresidente Juan Orlando Hernández, conocido como JOH, que cumple una condena de 45 años de prisión por sus vínculos con el narcotráfico. Hernández es una figura repudiada en Honduras, donde además de sus vínculos con el narcotráfico, se le señala de una pésima gestión gubernamental, el mal manejo de la crisis sanitaria generada por la pandemia de covid-19 y un desfalco de cercano a los 200 millones de dólares a la seguridad social. Asfura, sin embargo, se ha montado en la ola de Trump y no tiene empacho en presentarse como el candidato de Washington. En la red social X, donde hace llamar por su apodo, Papi a la orden, publica montajes al lado del magnate de Nueva York. “El indulto es una potestad del presidente de los Estados Unidos. Por la familia, el indulto deja atrás sus tristezas y les permite recuperar la tranquilidad y la felicidad que se merecen”, ha justificado Asfura la decisión de Trump sobre JOH.

Otro representante del radicalismo conservador de América que ha mostrado abiertamente su apoyo a Asfura es Javier Milei, quien en la misma red X dijo que “es el candidato que mejor representa la oposición a los tiranos de izquierda que destruyeron Honduras”. Está por verse este domingo si estos apoyos dan suficiente oxígeno al aspirante del Partido Nacional, al que las encuestas han colocado hasta ahora por debajo de Nasralla y Moncada.

“La gente de Honduras, sobre todo después del golpe de Estado de 2009, rechaza cada vez más el intervencionismo a Estados Unidos. A veces se piensa que cuando Estados Unidos da un candidato ganador, ese es por el que todos deberían votar, pero ahora hay un rechazo y muchos piensan que, si Estados Unidos respalda a un candidato, el voto se puede decantar por el candidato contrario”, dice Lucía Vijil, coordinadora de Observación Electoral, del Centro de Estudios Para la Democracia (Cespad).

La Honduras que heredará el próximo presidente

Los mensajes de Trump sí han movilizado más las campañas, con los tres candidatos intentando sacar ventaja de las palabras del republicano. Nasralla ofreció la noche del viernes un mensaje al país vestido con una camiseta con la leyenda “JOH nunca más”. Recordó los vínculos con el narcotráfico del exmandatario y reforzó su discurso como un candidato de cambio y contra la corrupción de las élites que carcome a este país centroamericano. Las encuestas le dan una leve ventaja contra la que es su principal rival, Rixi Moncada.

Más allá del ruido que llega desde Washington, lo que está en juego en estas elecciones es la continuidad del modelo de izquierda del Gobierno de la presidenta Xiomara Castro o un giro más conservador, representado tanto por Nasralla como Asfura. Castro rompió con una década de gobiernos conservadores muy asociados a los intereses de las élites empresariales (en Honduras se dice que “diez familias” controlan el país) y aumentó durante su mandato el gasto social y la inversión pública. “Bajo su Administración, la economía ha crecido moderadamente y la pobreza y la desigualdad han disminuido, aunque ambas siguen siendo elevadas”, establece un informe del Center for Economic and Policy Research, una organización progresista con sede en Washington.

Este organismo destaca, además, el pragmatismo de Castro. “A pesar de que figuras de la oposición y algunos republicanos estadounidenses la califican de “comunista”, el Gobierno de Castro ha mantenido un programa del Fondo Monetario Internacional (FMI) durante su mandato y ha recibido elogios del FMI por su prudente gestión fiscal", afirma el informe. Castro logró también reinsertar a Honduras en la llamada Cuenta del Desafío del Milenio, una iniciativa creada por EE UU en 2024 para reducir la pobreza extrema en el mundo.

Además de la pobreza y la corrupción, uno de los mayores retos de la presidenta ha sido enfrentarse a la alta criminalidad que desangra al país y, para ello, ha tenido que tomar medidas controvertidas de mano dura. Honduras vota este domingo en un estado de excepción impuesto por Castro para intentar controlar zonas ahogadas por la violencia de las pandillas que controlan amplios territorios y el avance sin tregua del crimen organizado. La medida, semejante a la de Nayib Bukele en El Salvador, ha levantado alarmas de parte de organizaciones de derechos humanos por las amplias atribuciones que la mandataria ha dado al Ejército: suspender garantías constitucionales como la libertad de circulación y de asociación, registros y detenciones sin orden judicial con el objetivo de facilitar la investigación de los delitos. “La tasa de homicidios también ha descendido a su nivel más bajo en la historia reciente, pero la violencia persiste. Grupos de derechos humanos han criticado a Castro por mantener un prolongado estado de emergencia en algunas partes de Honduras y por continuar con la política de policía militarizada de su predecesor”, resalta el informe de CEPR.

La elección del domingo estará observada por más de 43 organizaciones nacionales y 25 internacionales, incluyendo un amplio despliegue de observadores de la Organización de Estados Americanos (OEA), que ha pedido a las autoridades electorales garantizar las condiciones adecuadas para una elección justa, tras los reclamos de fraudes de parte de los tres candidatos principales. Moncada y su equipo han mostrado desconfianza en el llamado TREP, el sistema de transmisión de resultados preliminares, que debe presentar los primeros recuentos de los votos antes de la medianoche del domingo. El Ejército, a quien Castro le ha dado más atribuciones en esta elección —incluidos el aseguramiento de la transmisión y resguardo de las actas de resultados— informó el viernes que no reconocerá otro resultado que no sea el recuento de las actas hecho por el Consejo Electoral, una decisión que genera nerviosismo entre los opositores.

Es en este contexto lleno de incertidumbre se deciden los próximos años de Gobierno en Honduras, un país de 11 millones de habitantes golpeado por la pobreza, desastres naturales como el infernal huracán Iota, una violencia desbocada y corrupción rampante. El pequeño país de 112.000 kilómetros cuadrados es, además, uno de los más vulnerables al cambio climático y de los más peligros para los ambientalistas. Un tema, el del cambio climático, que ha pasado por alto por quienes este domingo aspiran a tomar las riendas de la nación centroamericana.

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Sobre la firma

Carlos S. Maldonado
Redactor de EL PAÍS México. Durante once años se encargó de la cobertura de Nicaragua, desde Managua. Ahora, en la redacción de Ciudad de México, cubre la actualidad de Centroamérica, temas de educación, cultura y medio ambiente.
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