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Los mapas que revelan cómo la minería y la palma le han comido terreno a los bosques en Colombia

La plataforma MapBiomas muestra el deterioro del suelo y la gran pérdida de cobertura natural, impulsadas por varias actividades económicas y el calentamiento

Mapa que muestra el cambio de uso de la tierra en Colombia. A la izquierda, en 1985, y a la derecha, en 2022.MapBiomas Colombia- Fundación Gaia Amazonas y RAISG

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El suelo de Colombia, puesto bajo una lupa. La Fundación Gaia y el MapBiomas Network han estudiado minuciosamente cómo se han ido usando los más de 1.140.000 km2 del país andino desde 1985 y las conclusiones no son nada halagüeñas. En apenas 38 años, la minería aumentó un 245,6% y el cultivo de palma aceitera creció 349.400 hectáreas, una superficie que duplica la de la Ciudad de México y es superior a la del departamento colombiano del Atlántico. La otra cara de esta moneda, la de la actividad económica desmedida, es la enorme pérdida de la cobertura natural y el deterioro de la tierra. Así, en las últimas cuatro décadas, se ha extinguido el 7,5% de la vegetación natural y 4,4 millones de hectáreas de bosques. Es como si 27 Bogotás de selva se hubieran esfumado.

La finalidad de la plataforma MapBiomas Colombia, un proyecto liderado por las dos organizaciones mencionadas y la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) es recopilar, almacenar, visualizar y analizar 38 mapas de cobertura del país para “tomar mejores decisiones sobre planeación y transición energética”. Así lo considera Silvia Gómez, directora de la Fundación Gaia Amazonas, quien defiende que esta herramienta —que se hará pública este jueves en este link— puede enriquecer mucho el debate e incidir en la planificación territorial y la protección de la biodiversidad del país. “El lanzamiento es una invitación a otras organizaciones para que se sumen, desde sus conocimientos y experticia, a tomar partido. A incidir en un cambio”, añadió mediante una videollamada.

Dinámicas año a año de la cobertura y uso del suelo en Colombia.MapBiomas Colombia

El descomunal aumento de la minería llamó especialmente la atención de Adriana Rojas, coordinadora de MapBiomas Colombia: “Si bien universidades y otros estudios colombianos han desarrollado sistemas de monitoreo, la presencia de minería es mucho mayor de la que imaginábamos”. Las zonas con mayor extensión de terreno dedicado a la actividad económica son el departamento del Chocó, en el Pacífico colombiano, y el de Guainía, en la Amazonía. “Es muy importante conocer estos datos porque son zonas con muchísimos bosques y muy bien cuidados. Y este incremento debería de ser una situación a evaluar por el Gobierno y la sociedad civil”.

Es por ello que ambas organizaciones presentarán la plataforma este 9 de noviembre en el hotel DoubleTree de Bogotá. El evento será abierto al público y tendrá la presencia de expertos y de miembros de la Cámara de Representantes y de la Secretaría de Ambiente de Bogotá. Para Gómez, la urgencia de frenar el incremento de la actividad minera es irrefutable: “Esta produce una degradación profunda de la capa vegetal, se deteriora la salud de los bosques y se contaminan irreversiblemente las cuencas hidrográficas. Una vez estos territorios están tan afectados, es muy difícil recuperar su riqueza”. Según la Organización Mundial de la Salud, tras haber investigado las presencia de metales pesados en la piel, la leche materna y el pelo, ha determinado que en las zonas más críticas, los ciudadanos han estado expuestos a cifras que triplican las recomendadas.

Amazonía y Caribe, en riesgo

Los datos desagregados apuntan principalmente a dos regiones de Colombia: el Caribe y la Amazonia. En ambas zonas, la destrucción del territorio es escandalosa. Las principales amenazas de la costa son la pérdida de un 12,1% de la vegetación natural y el aumento del 632,2% del cultivo de palma aceitera. En esta zona se concentra el 42,1% de toda la producción de esta en Colombia. Una de las principales consecuencias de las extensas superficies de monocultivos es la enorme pérdida de biodiversidad y la incapacidad del suelo de regenerarse. Actividades económicas como estos cultivos o la minería han generado históricamente también conflictos entre las comunidades, así como desplazamientos forzados.

Por otro lado, la Amazonia sufrió la mayor parte de la pérdida de los bosques naturales (2,6 millones de hectáreas, una superficie similar a la de 16 ciudades como Bogotá), siendo los departamentos de Caquetá (20,3%), Meta (15,5%) y Guaviare (11,5%) los que sufrieron la mayor pérdida. Espacios antes frondosos han sido reemplazados principalmente por coberturas asociadas al uso agropecuario. Uno de los objetivos de MapBiomas Network es que más adelante se pueda separar la agricultura de la ganadería en sus estudios. “Aún no tenemos las herramientas, pero creemos que es muy importante prestarle atención a lo que está pasando con la ganadería”, reconoce Rojas.

Colombia es el cuarto país, después de Brasil, Bolivia, y Perú, que se suma a esta iniciativa de mapear el cambio de coberturas y el uso del suelo de Sudamérica. Venezuela y Ecuador proyectarán sus lanzamientos a finales de este año. Si bien aún no se ha podido comparar los resultados de todos los estudios, Rojas apunta a que la extinción de los glaciares en Colombia es de los más preocupantes de la región. En estos últimos 38 años, ha perdido más del 55% de estas estructuras. “Aunque los glaciares de Venezuela están a punto de extinguirse, el deterioro de los colombianos es el más rápido de los cuatro países estudiados”. Para Gómez, “esta es una prueba fehaciente de que el cambio climático es una realidad”. La antropóloga y consultora del Ministerio de Medio Ambiente señala, además, que el agua que se derrite no es apta para el consumo humano, ya que concentra una gran cantidad de metales pesados. “Estos datos recopilados tienen que servir para pensar en políticas en pro de la sostenibilidad y el balance climático”, zanja.

Una zona boscosa afectada por la minería ilegal, en Bajo Cauca (Colombia), el 6 de marzo de 2023.Gobierno de Antioquia (AFP)


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