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El rastro esquivo de Iván Mordisco

El jefe de una de las disidencias de las extintas FARC ha sido dado por muerto al menos 15 veces en ocho años. Pese a una ofensiva militar intensificada y a los golpes a su círculo cercano, escapa del Gobierno de Petro

Iván Mordisco en una asamblea en Yarí, el 16 de abril de 2023.Sebastian Marmolejo (Getty Images)

Iván Mordisco, ha repetido varias veces el ministro de Defensa de Colombia, “está corriendo en la selva”. Detrás de esa frase hay bombardeos, sobrevuelos y tropas desplegadas en el sur del país. Según fuentes del Ejército, el jefe del llamado Estado Mayor Central (EMC), una de las sombrillas de grupos disidentes de las extintas FARC, resultó herido en una operación en Vaupés que alcanzó a su anillo de seguridad más cercano. En el Gobierno llegaron a contemplar su muerte, pero Medicina Legal estableció que el cuerpo del principal blanco de las acciones de seguridad del Ejecutivo no está entre las bajas reportadas ese día. Desde entonces, su rastro se diluye. Otra vez. Su nombre, que ha aparecido incluso en conversaciones entre el presidente Gustavo Petro y su homólogo Donald Trump, sigue marcando la agenda de seguridad, mientras su paradero es un enigma.

A cuatro meses del fin del Gobierno de Gustavo Petro, las operaciones para dar con Néstor Gregorio Vera Fernández, su nombre real, se han intensificado. Fuentes militares hablan de una presión sostenida para ubicarlo, en una ofensiva que combina bombardeos, inteligencia y despliegues en zonas donde su presencia ha sido recurrente, como la frontera amazónica colombiana. Al menos 12 de los 18 bombardeos que han sido ordenados por la actual Administración —la de un presidente que era crítico de esas acciones— han sido en su contra. En el más reciente, el Ejército difundió una imagen del armamento incautado junto a unas gafas que, dicen, pertenecen al máximo comandante del (EMC). Es uno de los más recientes indicios que dan para declarar que lo tuvieron cercado. No es claro si esa afirmación es cierta en el tiempo presente.

Lo que sí es claro es que cuatro de las seis personas que murieron en el operativo fueron Camilo Ehisen Orozco, de 19 años; Claudia Yaneth Valencia, de 26; Angelin Andrea González, de 18, y Yeferson José Rincón, de 24. Otra versión de las Fuerzas Militares apunta a que otra de las bajas fue alias Lorena, la compañera sentimental de Mordisco y una de sus guardias de seguridad. No es la primera vez que el Ejército difunde que ha debilitado a su anillo más próximo sin lograr el resultado esperado contra el líder disidente. En noviembre pasado, cuando se conoció que murieron varios menores de edad en otros bombardeos en el departamento de Guaviare, el reporte oficial apuntaba a que habían neutralizado el anillo de seguridad de Mordisco. Los cuatro niños de entre 10 y 15 años eran los supuestos guardaespaldas de un jefe criminal tan importante que el presidente le prometió su captura o muerte a Trump.

Para Petro, que intentó negociar la paz con el jefe disidente durante un año —entre 2023 y 2024—, no es más que un traqueto vestido de revolucionario. El mandatario cada tanto vuelve a señalar como gran cabeza del crimen en Colombia a la que llama Nueva Junta del Narcotráfico, y dice que Mordisco hace parte de esa confusa red de narcos de distintas nacionalidades que, desde Dubái, coordinan los más grandes envíos de cocaína en el mundo. Sus alianzas económicas, según el Gobierno, alcanzan a casi todos los grupos ilegales de Colombia. El EMC no es la excepción.

Iván Mordisco ha sido declarado muerto más veces de las que el país conoce. Fuentes de las Fuerzas Militares cuentan que el Ejército ha tenido falsos reportes sobre su baja en al menos quince ocasiones en los últimos ocho años, es decir, desde fines del mandato de Juan Manuel Santos. Cuatro de ellas fueron públicas. Uno de los más recordados ocurrió el 15 de junio de 2022, cuando el entonces presidente Iván Duque anunció al país que un operativo había terminado con su muerte. Con la certeza de que era uno de los mejores resultados para cerrar su mandato, y a días de las elecciones presidenciales que vieron triunfar a su opositor Gustavo Petro, el político conservador se apresuró a confirmarla. Casi dos meses después, en los últimos días de Duque en la Casa de Nariño, Mordisco difundió un video leyendo un comunicado, a modo de burla, y aplaudió la voluntad de paz de Petro.

En julio pasado, una vez más, el país volvió a darlo por muerto. Aunque esta vez el Gobierno tuvo más cautela, circularon rumores de que había sido abatido en Guaviare. Semanas después, la Policía reportó que habían capturado a su hermano, Luis Vera Fernández, alias Mono Luis, en una zona rural de Bogotá. Las autoridades lo ubicaban como el “principal operador de confianza” del líder disidente. Mordisco volvió a dar una sorpresiva aparición pública en una carta dirigida al presidente. “No creo en la justicia colombiana, pero confío en la justicia revolucionaria”, escribió quien aún mantenía diálogos de paz con el Ejecutivo.

Desde entonces, las autoridades cambiaron la estrategia para asfixiarlo y siguieron buscando a sus hermanos, también integrantes de la disidencia, para presionarlo. El 13 de marzo, el comandante de la Policía anunció la detención de José Manuel Vera Fernández, procesado por porte ilegal de armas, homicidio agravado y secuestro. Apenas una semana antes había sido arrestado Juan Gabriel Vera Fernández en el municipio de Falan (Tolima). Y esa misma semana fue capturado en ese mismo pueblo Andrés Vera Fernández, a quien la Policía reportó con el alias de Conejo. Todos, según la Policía, tenían antecedentes criminales relacionados con su trabajo urbano para las disidencias.

La estrategia de golpear a su círculo familiar y personal más cercano es la más ambiciosa apuesta del Estado en su contra. La hipótesis es que esas capturas y bajas lo debilitarán y le harán cometer errores que permitan ubicarlo más fácilmente. Las pistas —unas gafas, un campamento, un anillo de seguridad debilitado— no han sido suficientes para cerrar la operación. Como en ocasiones anteriores, su rastro se fragmenta entre reportes cruzados y versiones que no terminan de verificarse. En las Fuerzas Militares señalan que la persecución continúa, pero también que el margen de error ha sido alto. Ocho años después de los primeros operativos en su contra, Mordisco sigue siendo un objetivo que aparece y desaparece en los informes oficiales, mientras su figura se mantiene en el centro de una búsqueda que, por ahora, no logra cerrarse.

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