La memoria selectiva de la embajadora Sarabia
Muchos dicen que Sarabia superó a su maestro Benedetti, pero no le niegan al hoy ministro del Interior la paternidad de tan particular personalidad de la nueva política. Sarabia y Benedetti siempre que son acusados de algo dicen: no hay pruebas


Bien por el presidente Petro. Bien por Colombia. Bien por la justicia y por esa urgente necesidad de que por fin se les quite la máscara a aquellos que desde hace mucho tiempo —más de lo que lleva el Gobierno del Pacto Histórico— se han estado robando a través de distintas técnicas la plata de la salud de nosotros los colombianos. Bien que por fin se haya intentado resarcir el buen nombre del ex superintendente de Salud Luis Carlos Leal. Bien que el presidente haya reconocido tácitamente (una vez más) que los medios a los que tanto critica sí estaban haciendo su trabajo cuando denunciaban corrupción en su Gobierno. Bien, así sea tarde.
Hace unas cuantas semanas señalé en este mismo espacio que los seis meses que le quedan al Gobierno de Gustavo Petro eran la oportunidad para pasar a la historia como un “héroe de la retirada”, y lo que pasó esta semana por lo menos pareciera un primer síntoma de que algo así puede darse. Claro está, siempre y cuando no se pierda el impulso o, mejor, siempre y cuando aquellos que han mantenido al presidente secuestrado durante todo su Gobierno no empiecen otra vez con su chantaje.
La reacción de Laura Sarabia, embajadora en Londres, no debe sorprender porque insiste en lo que siempre insiste. Una vieja técnica, curiosamente la misma que esgrime Armando Benedetti cada vez que se ve acusado de algún hecho corrupto. Tal vez por eso muchos dicen que Sarabia superó a su maestro Benedetti, pero no le niegan al hoy ministro del Interior la paternidad de tan particular personalidad de la nueva política. Sarabia y Benedetti siempre que son acusados de algo dicen: no hay pruebas.
Y puede ser verdad. Puede que no haya ninguna prueba en contra de ellos en cualquier hecho por el que se les señale; sin embargo, esto no necesariamente significa que no hayan hecho nada. De hecho, que estén tan seguros de la no existencia de pruebas puede ser porque justamente se han asegurado de que nunca haya registro alguno sobre sus pilatunas, aunque debo señalar que esto último es una mera especulación.
Lo que no es especulación es la carta de la embajadora Sarabia a la Fiscalía pidiendo que revisen las cámaras de seguridad del día en que hicieron renunciar a Leal a la Superintendencia y que se busque una declaración juramentada del presidente sobre el asunto del nombramiento de los interventores que luego ayudaron a desviar los recursos del sistema de salud. Tan generosa la embajadora diciéndole a la Fiscalía por dónde deben buscar para que no encuentren prueba alguna que la pueda vincular con el denominado “Laberinto de los dineros de la salud”.
¿Pero por qué razón no amplía el espectro a la hora de solicitar práctica de pruebas? ¿Por qué no pide que se ubique a su exasesor Jaime Ramírez Cobo, quien en muchas ocasiones operó como “lleva y trae” entre políticos y Gobierno, para que nos cuente también en declaración juramentada si él le sirvió a ella de mensajero en algo? ¿Por qué razón no le pide a la Fiscalía que revise los motivos por los que la novia de Ramírez Cobo terminó nombrada como titular de una de las notarías que más mueve dinero en Bogotá, a pesar de haber ayudado a algunos de los involucrados en el escándalo de la salud a enriquecerse más? Si Laura, que lo sabía todo, no habla de estos detalles públicamente, seguramente es porque tampoco hay pruebas. Pero sí hay hechos.
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