El ELN que se sentará con el nuevo Gobierno está más fuerte que antes, pero dispuesto al diálogo

La última guerrilla activa de Colombia allana el camino para reiniciar el proceso de paz y libera a 15 secuestrados en una semana

Funcionarios de la  Defensoría del Pueblo hablan con guerrilleros del ELN, durante la liberación de varios soldados y un policía en zona rural de Arauca, el 17 de agosto de 2022.
Funcionarios de la Defensoría del Pueblo hablan con guerrilleros del ELN, durante la liberación de varios soldados y un policía en zona rural de Arauca, el 17 de agosto de 2022.Defensoría del Pueblo (EFE/Defensoría del Pueblo)

El Ejército de Liberación Nacional (ELN) ha estado dispuesto a sentarse a hablar con todos los gobiernos de Colombia desde finales de los años ochenta. Ha pasado más de la mitad de su existencia intentando una salida negociada, sin que hasta ahora haya tenido éxito. Alrededor de esas conversaciones se ha creado la idea —con razones― de que es difícil llegar a acuerdos, por lo que la Presidencia de Gustavo Petro tiene el reto de hacer que esta vez sí funcione y acabar con el mito de que es imposible pactar con el ELN.

El Gobierno de Petro entra con ventaja a este nuevo intento. La agenda de negociación está firmada desde hace más de cuatro años, y el proceso de participación ciudadana, que siempre ha reclamado la guerrilla, avanzó en varias audiencias con población civil que se hicieron antes de que Iván Duque, como presidente, suspendiera el proceso en 2019. El ELN también está ayudando esta vez a hacer el camino más fácil: en una semana liberó a 15 personas que tenía secuestradas, entre ellas a seis militares. Petro reconoció ese acto ―”El camino de la paz es el mismo camino de la libertad”, escribió en Twitter― y la oficina del comisionado para la Paz celebró las liberaciones como una muestra de voluntad para avanzar. “Su decisión humanitaria es un gesto importante en la construcción de las bases para reiniciar el proceso de diálogo”, señaló en un comunicado.

Carlos Velandia, exguerrillero del ELN, dice que aunque la organización está militarmente más fuerte hoy que hace cuatro años, con al menos 2.500 hombres en sus filas, mantiene su disposición al diálogo. “Lo difícil para el ELN no es dialogar, lo difícil es llegar a un acuerdo”, reconoce Velandia, que durante 35 años estuvo en esta guerrilla y llegó a integrar su dirección nacional. Ahora es investigador en temas de paz y ve con entusiasmo el capítulo que se ha abierto con la visita de una comitiva a La Habana y el reconocimiento del Gobierno colombiano a la delegación guerrillera que permanece en la isla. “Siempre han estado dispuestos a dialogar, que no es lo mismo que negociar. Para ellos el diálogo es el camino para establecer una conversación política para buscar soluciones a los problemas del país por los que justamente se alzaron en armas. No conciben el diálogo para ponerle fin a la guerra o dejar las armas, sino para resolver las grandes dificultades que se viven en las regiones”, explica por teléfono Velandia, que cree que la guerrilla se volverá a sentar a la mesa “bastante a gusto”, frente a un Gobierno que le ha dado legitimidad a lo que se había avanzado en el proceso con Juan Manuel Santos.

“Hay razones para que el ELN, ahora más que nunca, tenga la disposición de ir más allá: el Gobierno le ha dado legitimidad a la delegación que está en Cuba, ha avalado la agenda que se firmó, ha acogido los puntos que se establecieron sin condiciones y ha renovado los protocolos que habían sido desconocidos por Iván Duque”, señala Velandia, para quien hasta ahora todos los gobiernos (desde Pastrana hasta Santos) se han acercado a esta guerrilla con una mirada “muy estrecha”. “Siempre se han sentado con en ELN para buscar desarmarlos antes que para dialogar y escuchar las transformaciones que desde su nacimiento ha buscado esta guerrilla”.

Iván Cepeda, que viajó a La Habana como congresista y presidente de la comisión de paz del Senado, también ha hablado de los errores que el nuevo gobierno no puede volver a cometer si quiere avanzar con el ELN, la última guerrilla activa de Colombia. “Nos hemos pasado 60 años discutiendo sobre condiciones, sobre requisitos que se deben cumplir antes de dialogar y el resultado de eso se mide en vidas que se han perdido. Fueron cuatro años de discutir si el ELN debía entregar a los secuestrados o no, y el viernes, cuando llegamos al anuncio de que se reiniciaban los diálogos, el ELN liberó, sin que el Gobierno hiciera ninguna exigencia, a nueve ciudadanos que tenía en su poder. Eso significa que, si el diálogo avanza, vamos a alcanzar precisamente el objetivo que es salvar vidas y lograr la paz”, aseguró el senador en una entrevista a la agencia EFE.

El ELN está en el mejor momento de su historia para negociar. Después de más de 30 años de fallidos intentos, se encuentra con un gobierno que tiene la voluntad de escuchar porque sabe que necesita hacerlo si busca contener la violencia, sobre todo en las regiones donde opera. Leonardo González, investigador del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz ―Indepaz―, asegura que esta guerrilla nunca había estado tan fuerte como ahora y su presencia en zonas con presencia de otros grupos criminales la han fortalecido militarmente.

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“El ELN está dando batallas en el Chocó con las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (conocidas también como el Clan del Golfo) y con las disidencias de las FARC en el Catatumbo, Arauca y Cauca. Entrar a una negociación debe pasar por garantizar que esos espacios no sean retomados por otros actores armados”, opina González, que señala también como un reto, pero para la guerrilla, que las directrices de la comandancia sean acogidas por las bases. “En los últimos años, se han involucrado en el narcotráfico y otras rentas ilegales, lo que podría hacer difícil el proceso en las zonas con presencia del narco”, señala el investigador.

Es imposible pensar en un proceso con el ELN de la misma forma como lo fue con las FARC porque su estructura de comando o control jerárquico, tipo de miembros y capacidades son muy diferentes, como lo señala el libro ¿Por qué es tan difícil negociar con el ELN?, del centro de investigación CINEP. La académica Socorro Ramírez advierte en el prólogo de ese libro, que a la parte la guerrilla que le interesaría una negociación “no estaría dispuesta a reagruparse territorialmente para el proceso de reincorporación de los excombatientes, ni aceptaría curules para sus dirigentes, entre otras cosas, por su rechazo a la vía electoral y a los órganos legislativos”.

Por ahora, y con los micrófonos del ELN apagados en La Habana, los mensajes del comandante Antonio García a través de Twitter muestran que el único camino para alcanzar la paz con este grupo armado es a través de la participación ciudadana. “Solo la capacidad de movilización hará posibles los cambios; incluso las reformas que querrá impulsarse por lo parlamentario, si son de fondo, necesitarán del apoyo popular para enfrentar a los sectores que se atraviesan en la construcción de una Colombia verdaderamente democrática”, escribió el guerrillero, que desde el año pasado ocupa la máxima dirección de la guerrilla y cuya voz será clave para el proceso con el nuevo gobierno que apenas empieza.

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