El ICE usa armas químicas contra los migrantes en sus centros de detención
Una investigación de ‘The Washington Post’ revela el uso de pistolas Taser y bolas de pimienta contra los detenidos


La agresividad de las tácticas que los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por las siglas en inglés) usan en las operaciones antiinmigración de la Administración de Donald Trump ha quedado plasmada en vídeos caseros de observadores que circulan viralmente por las redes sociales. Lo que pasa dentro de los centros, sin embargo, se mantiene en secreto porque las instalaciones están cerradas al público, aunque testimonios de los detenidos dan cuenta de las inhumanas condiciones en las que los mantienen. Ahora, una investigación de The Washington Post ha revelado que, en el primer año del mandato de Trump, en al menos 780 casos el personal de los centros del ICE utilizó la fuerza física o agentes químicos para controlar a los detenidos.
La conclusión sale de haber examinado cientos de correos electrónicos internos del ICE, que resumen cada incidente en el que miembros del personal informaron haber utilizado fuerza física contra los migrantes, y abarcan desde enero de 2024 hasta febrero de 2026, cubriendo el último año de la Administración de Joe Biden y el primer año del segundo mandato de Trump. Según los reportes, los guardias de los centros de detención han empleado puñetazos, patadas, maniobras de derribo, técnicas de inmovilización y sillas de sujeción, así como pistolas Taser y gas pimienta contra los detenidos.
Uno de los informes, obtenido mediante una solicitud de registros públicos por la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU) de Alaska, relata cómo los guardias de un centro de detención de ese Estado emplearon agentes químicos conocidos como bolas de pimienta. “Había 30 o más reclusos en la sala de estar. Hacían mucho ruido y se profirieron insultos dirigidos al oficial; algunos hablaban en idiomas distintos al inglés. Lo que se podía entender con claridad era: ‘no somos criminales’, ‘no todos somos detenidos’ y ‘exigimos todas nuestras pertenencias”, describe un agente. El funcionario cuenta que les dieron órdenes para que se confinaran, pero como no hacían caso, otro oficial ”desplegó su lanzador de bolas de pimienta en la zona, apuntando al suelo en un intento por dispersarlos y hacer que regresaran a sus celdas”.
Uno de los afectados, ya deportado a México, Pedro Cantú Ríos, quien padece una afección pulmonar, relató que se quedó jadeando en busca de aire. Se tambaleó hasta su celda y se cubrió el rostro con una toalla. “Pensé que iba a morir”, dijo.
Según los informes recogidos, al menos 106 detenidos han resultado heridos en incidentes con uso de la fuerza desde principios de 2024, con resultado de convulsiones, hombros dislocados, brazos rotos y lesiones en la cabeza y en los ojos.
En el primer año del Gobierno de Trump, el personal de los centros de detención recurrió al uso de la fuerza un 37% más de veces que el año anterior y unos 1.330 individuos fueron sometidos a la fuerza, lo que supone un aumento del 54% con respecto al último año de la Administración Biden.
El recrudecimiento de las tácticas de los agentes migratorios ha sido una consecuencia del objetivo del presidente Trump de llevar a cabo la mayor deportación de la historia. La presión para aumentar las detenciones ha llevado el terror a las calles del país y ha casi duplicado la cantidad de personas detenidas en los centros del ICE. Aunque desde enero, cuando con 70.000 detenidos se alcanzó el máximo, la ocupación ha descendido, aún hay más de 60.000 personas encerradas, frente a unas 44.000 que había cuando Trump regresó a la Casa Blanca.
Solo con los testimonios de quienes salen o en conversaciones telefónicas con los detenidos se conocen las duras condiciones en las que se les mantiene. Los detenidos han reportado en numerosas ocasiones que la comida que reciben es escasa y pésima, incluso caducada o en mal estado. Las luces no se apagan a la hora de dormir y la mínima higiene personal es difícil de mantener por el limitado acceso a las duchas o los cortes de agua. Tampoco tienen acceso a los medicamentos que necesitan ni a la asistencia médica. Negar la atención a un niño que tenía un caso de apendicitis aguda o a una mujer que sufrió un aborto, son ejemplos de la falta de acceso al personal médico o de la negligencia profesional que sufren.
El hacinamiento es parte de la razón que se considera como un desencadenante de la agresividad de los funcionarios. Otro es la falta de preparación del personal y la sobrecarga de trabajo. Muchos de los funcionarios están entrenados para trabajar en prisiones, pero, en contra de lo que promulga el Gobierno, un 70% de los detenidos no son criminales ni tienen antecedentes penales. Sin embargo, denuncian ser tratados peor que a delincuentes, empezando por cómo los golpean y esposan de manos y pies cuando son detenidos y trasladados a los centros.
La mayoría de las instalaciones que informaron incidentes de uso de la fuerza el año pasado eran gestionadas por contratistas privados, que son responsables de contratar a sus propios guardias de seguridad y capacitarlos conforme a los estándares del ICE. La agencia migratoria también adolece de falta de personal para la ambiciosa agenda de Trump, por lo que ha eliminado muchos de los requisitos y del entrenamiento que se exigía a los futuros agentes.
Las normas de detención del ICE estipulan que la fuerza solo puede emplearse como último recurso, después de que hayan fracasado todos los esfuerzos razonables para resolver una situación, y que nunca debe utilizarse como castigo.
En otro incidente documentado, ocurrido en el Centro de Detención Stewart en Georgia en abril de 2025, un grupo de 35 detenidos migrantes “se negó a entrar en sus celdas para el recuento, alegando que no habían sido atendidos por el personal médico”, señala uno de los informes del ICE obtenidos por el Post. Después de que los guardias trasladaran al patio de recreo a aquellos que no participaban en la protesta, los miembros del personal rociaron con gas pimienta a las personas restantes.
Las sospechas sobre las condiciones de los centros de detención del ICE han cobrado fuerza por las estadísticas de personas fallecidas mientras se encontraban en custodia del ICE. La semana pasada se reportó la muerte del cubano Denny Adan González, con el que ya son 18 las personas muertas en lo que va de año, un nuevo récord de la actual Administración.







































