El giro del voto latino hacia los demócratas reabre la batalla política en Texas
La fuerte participación de votantes hispanos en las primarias del Partido Demócrata pone en duda las ganancias que los republicanos esperaban con sus nuevos mapas electorales


En cinco condados rurales de mayoría latina en el sur de Texas, más votantes participaron este martes en la primaria demócrata que los que apoyaron a Kamala Harris en las presidenciales de 2024. Fue un giro contundente tras varios ciclos marcados por la erosión del respaldo hispano al Partido Demócrata en el sur de este Estado, región que siempre ha sido de mayoría hispana y la cual había sido uno de sus bastiones históricos más constantes por más de un siglo. La participación y los resultados de las elecciones internas de esta semana, sin embargo, sugieren que el péndulo estaría regresando, con los hispanos profundamente disgustados por las políticas y formas de la Administración de Donald Trump.
El fenómeno tiene implicaciones que van más allá de estas primarias. Los republicanos redibujaron los mapas electorales de manera partidista el año pasado para sumar cinco escaños más en la Cámara, con la convicción de que sus avances entre votantes latinos habían llegado para quedarse. Precisamente, varios de los distritos que aspiraban a conquistar o blindar están en el sur del Estado y son de mayoría hispana. Pero la movilización del martes amenaza con desbaratar esos cálculos.
El caso del condado de Zapata, sobre la frontera y un poco al sur de la ciudad de Laredo, dentro del Valle del Río Grande, como se conoce a toda esta región, refleja perfectamente la situación. Allí, el 94% de la población es hispana y, en la última década, Trump pasó de obtener el 33% del voto en 2016 al 61% en 2024. El desplazamiento hacia la derecha había sido tan pronunciado que funcionó como advertencia nacional sobre la fragilidad del supuestamente intrínseco vínculo demócrata con los latinos. Sin embargo, este martes Zapata estuvo entre los cinco condados —junto a Kenedy, Jim Hogg, Reeves y Dimmit— donde la primaria demócrata superó en participación a todo el apoyo que recibió Harris en noviembre de 2024.
Ese impulso y renovada movilización política fue particularmente decisiva para la victoria de James Talarico en la primaria demócrata al Senado frente a Jasmine Crockett. Talarico ganó por unos 22 puntos en los condados de mayoría latina, frente a una diferencia de apenas tres puntos en el resto del Estado.
Las razones que motivaron a tantos hispanos del sur de Texas a salir a participar en las elecciones primarias de esta semana son múltiples y variadas, pero no son una completa sorpresa si se tienen en cuenta encuestas recientes, aseguran analistas y los mismos candidatos demócratas que se han presentado en la región.
Bobby Pulido, cantante de música tejana y candidato demócrata victorioso en su primaria en uno de los distritos del sur del Estado lo resume de la siguiente manera: “El Valle [del Río Grande] se hizo notar ayer, y eso dice mucho. Durante años, la gente asumió que los votantes latinos no acudirían a las primarias, pero el sur de Texas demostró que eso no era cierto. Nuestra comunidad es la encarnación del sueño americano: personas que trabajan duro y creen en las oportunidades. Cuando las familias sienten que ese sueño no se está haciendo realidad para ellas, alzan la voz. Eso es lo que vimos ayer, y podría ser una señal de lo que está por venir, no solo en el sur de Texas, sino en todo el país”.
Pulido, y varios otros candidatos demócratas, demostraron entender que el voto latino, como demostró el inesperado apoyo a Trump en 2024, siempre ha sido más volátil de lo que muchos asumían; y ahora, parece que la combinación de inflación persistente, aranceles y una política migratoria percibida como excesiva ha vuelto a empujar a este electorado hacia el Partido Demócrata.
Pero el rediseño de los distritos electorales de los republicanos se apoyó precisamente en la idea contraria: que el realineamiento latino era estructural y permanente. Por ejemplo, el Distrito 35, actualmente representado en Washington por un demócrata, fue redibujado para unir zonas de San Antonio y Austin con mayoría hispana, con la esperanza de que en 2026 pasara a manos republicanas. Sin embargo, la primaria demócrata en ese distrito atrajo a 7.500 votantes más que la republicana, a pesar de que Trump lo ganó por 10 puntos en 2024.
Si sobre el papel los nuevos mapas le otorgarían cinco escaños nuevos a los republicanos, ahora se habla de que, con suerte, suman uno o dos más. Para los demócratas, el mejor escenario sería retener dos de los distritos sobre la frontera; que la candidatura de Bobby Pulido sea un éxito y logre recuperar el distrito que el partido perdió por primera vez en 2022; y que luchen fuertemente por el nuevo Distrito 35. Si eso se materializa, la agresiva maniobra cartográfica republicana apenas se traduciría en una ganancia marginal.
Aun así, para los demócratas es pronto para cantar victoria. Líderes locales han admitido tras los conteos que el repunte responde más al rechazo al presidente que a un renovado entusiasmo orgánico por la marca demócrata. Y reconocen que el trabajo territorial en condados extensos y remotos sigue siendo insuficiente.
Además, el alcance final de la remontada dependerá también de los rivales republicanos. A nivel senatorial, por ejemplo, el senador John Cornyn ha demostrado en el pasado cierta capacidad para competir en zonas latinas y podría resultar un adversario más sólido que el fiscal general Ken Paxton si supera la segunda vuelta republicana en mayo. Y, en general, los candidatos republicanos tienen ocho meses para adaptar sus mensajes hacia lo que el electorado ha manifestado esta semana; aunque dentro de un partido dominado tan completamente por el trumpismo, esto no es una certeza tampoco.
Por lo pronto, los resultados han convertido lo que algunos consideraban una tendencia consolidada en una nueva incógnita. El voto latino, decisivo en Texas y en otros Estados con distritos competitivos y nuevos mapas, ha vuelto a mostrarse como un bloque oscilante.
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