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Las mujeres jóvenes no se alejan de la ultraderecha, solo se acercan a ritmo más lento que los hombres

Un análisis destaca que crece entre ellas la sensación de que el sistema ya no garantiza estabilidad y asocian al feminismo con el ‘establishment’

Manifestación convocada por la Falange Española de las JONS en la calle Génova, en Madrid, en 2024.Víctor Sanjuan

Las mujeres jóvenes no se alejan de la ultraderecha, sino que se acercan a paso más lento que los hombres. Esta es la conclusión del último informe del investigador especializado en desigualdad, extrema derecha y juventud Javier Carbonell, para el European Policy Centre, un laboratorio de ideas con sede en Bruselas. “Los partidos de extrema derecha en toda Europa están erosionando lo que alguna vez fue ...

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Las mujeres jóvenes no se alejan de la ultraderecha, sino que se acercan a paso más lento que los hombres. Esta es la conclusión del último informe del investigador especializado en desigualdad, extrema derecha y juventud Javier Carbonell, para el European Policy Centre, un laboratorio de ideas con sede en Bruselas. “Los partidos de extrema derecha en toda Europa están erosionando lo que alguna vez fue una división de género pronunciada en sus electorados”, asegura, y pone la lupa sobre la “minoría significativa” de mujeres que se desvía hacia estos partidos “rechazando el feminismo y adoptando las normas tradicionales de género”.

El analista español ha revisado datos del CIS, de Eurostat y del Estudio de Elecciones Europeas (EES), junto con diversos papers. Distingue tres motivos para este desplazamiento: el giro social-conservador que abarca a todas las edades, la insatisfacción en el mercado laboral y la capacidad de la extrema derecha para politizar esa insatisfacción.

Carbonell toma de ejemplo las últimas elecciones alemanas. En 2025, un 26% de los hombres menores de 25 años votaron por el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) y un 35% de las mujeres jóvenes votaron por la izquierda. Sin embargo, destaca que, mientras que en 2021 solo el 5% de las jóvenes votó por la AfD, esa cifra se triplicó para 2025, con un 14% de mujeres jóvenes optando por el partido de Alice Weidel.

En los votos también se refleja el sentimiento anti-establishment. En el caso de España, después de ocho años de gobierno progresista, ambos grupos se están desplazando hacia la derecha, los hombres con mucha mayor intensidad. El barómetro de 40dB. para EL PAÍS y la Cadena SER de marzo muestra que el 25,8% de las mujeres de la Generación Z tiene la intención de votar a Vox y el 2,1% a Se acabó la fiesta. Sin embargo, solo un año atrás, en marzo de 2025, el 15,1% habría votado al partido de Santiago Abascal mientras que se mantenía el 2,1% que elegiría al de Alvise Pérez. Como contraparte, Carbonell, también profesor en la Universidad Sciences Po de París, muestra que en el Reino Unido quien atrae a los jóvenes es el Partido Verde y lo explica por los 13 años de un gobierno conservador.

Aunque las mujeres superan a los hombres en más del 13% en las tasas de graduación universitaria, según datos de Eurostat, y la brecha salarial de género se ha acortado en la juventud (esta se ensancha en el momento en el que ellas tienen hijos), Carbonell destaca que estas pertenecen a una generación que, en su conjunto, siente que está peor. Un pacto social roto, porque después de estudiar, el mercado laboral ofrece menos garantías, menos poder adquisitivo y estabilidad. La insatisfacción se traduce en una desconfianza extrema en el sistema político, “que ya no parece capaz de generar cambios significativos en las políticas públicas ni mejores condiciones de vida”, desarrolla. El investigador señala que “el mercado laboral precario, el aumento del costo de la crianza de los hijos y la crisis de la vivienda hacen que los roles femeninos tradicionales fuera del mercado laboral parezcan menos arriesgados y más atractivos”.

Apunta al surgimiento de mensajes de los que la caricatura más evidente son las tradwives, el tipo de influencers que publica su rutina como madres y esposas devotas, que preparan comida casera y mantienen estándares de belleza exigentes. Para Carbonell, es un imaginario atractivo, lo que no significa que haya un fenómeno de mujeres dejando el trabajo para dedicarse a su hogar, pero sí que consumen esos vídeos y se acercan a los partidos que promueven esos valores.

Aunque las redes sociales no son las que prenden la mecha, son gasolina. El investigador explica que hay muchísimo contenido feminista, pero la manosfera (la comunidad digital en la que se promueven discursos misóginos y antifeministas) es la que tiene éxito. Una parte tiene que ver con que los algoritmos favorecen el conflicto y no son neutrales, y otra, con que atrae “lo antisistema”.

En este terreno, la extrema derecha “ha movilizado esta frustración, idealizando un pasado ficticio que funciona como una crítica aguda de un presente inasequible”, según el analista. “Ninguna mujer habría querido volver al pasado cuando no podían votar o abrir una cuenta de banco sin la autorización de su marido”, añade. Para el investigador, “la falsedad no hace que los proyectos nostálgicos idealizados sean menos atractivos. La nostalgia es poderosa no porque describa con precisión el pasado, sino porque enfatiza lo que está mal en el presente”.

Feminidad y supermujeres

Este cambio de rumbo también es visible en las actitudes hacia el movimiento feminista. Carbonell explica: “Hay una crítica con el sistema económico, por ende una crítica con el sistema político que sostiene el sistema económico y, para muchísima gente, especialmente en España, el feminismo es parte del sistema político actual, una de sus grandes banderas”. El analista considera que la igualdad es aceptada entre los jóvenes y que “no es cierto que los jóvenes sean más machistas que los mayores. Lo que es cierto es que son más antifeministas”. Considera que el movimiento está en un ciclo de desmovilización, como atravesó uno de movilización con la marcha masiva de 2018 y el #MeToo.

Carbonell desgrana algunos pilares de la estrategia de la extrema derecha, entre los que está promover figuras femeninas, como la primera ministra italiana Giorgia Meloni o Weidel, “líderes simbólicas para defenderse de las acusaciones de sexismo”, con mejor aceptación social. También culpar a las poblaciones migrantes de la violencia contra las mujeres, como si la desigualdad se tratase de un tema de extranjeros. Además, destaca la fórmula exitosa de combinar el ideario de la femineidad tradicional, junto con la libertad y la igualdad en un arquetipo de “supermujeres: simultáneamente femeninas, profesionales y aparentemente capaces de compaginar las tareas domésticas con una carrera profesional”.

Entre las recomendaciones del investigador está abordar “el estancamiento económico más amplio que está radicalizando a su generación; mejorar la seguridad laboral, los salarios y la acumulación de riqueza a largo plazo”. La campaña de Zohran Mamdani, flamante alcalde de Nueva York, se repite como el ejemplo de éxito por atraer a la mayor parte de los jóvenes considerando sus preocupaciones, independientemente de su ideología y nivel socioeconómico. El investigador también propone crear espacios para la socialización y el activismo, a una juventud desmovilizada y atomizada: “La juventud es muy volátil y puede volver si hay una campaña centrada en el coste de la vida que les atraiga”.

No recomienda que los partidos mayoritarios moderen sus compromisos feministas. Para él sería “no solo un error moral, sino también estratégico” porque dejarían de movilizar a sus simpatizantes y no atraerían a nuevos. Propone que la agenda feminista “articule alternativas sociales y económicas tangibles” mientras incorpora a los hombres.

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