El robot que soñaba con Brunelleschi
La ley de la perspectiva cónica que formuló el artista italiano sirve para descubrir fraudes de la inteligencia artificial
No estaría mal haber sido Filippo Brunelleschi. Hijo de un notario florentino del siglo XIV, entrenado como escultor y arquitecto de la cúpula de la catedral de Santa María del Fiore, el tipo vivió rodeado de belleza, parte de ella de producción propia, y eso debe resultar agradable, ¿no te parece? Pero lo que yo más le envidio es haber hallado una fórmula mágica ...
No estaría mal haber sido Filippo Brunelleschi. Hijo de un notario florentino del siglo XIV, entrenado como escultor y arquitecto de la cúpula de la catedral de Santa María del Fiore, el tipo vivió rodeado de belleza, parte de ella de producción propia, y eso debe resultar agradable, ¿no te parece? Pero lo que yo más le envidio es haber hallado una fórmula mágica —la ley de la perspectiva cónica— capaz de convertir la superficie de un papel en un objeto tridimensional con un realismo asombroso e hipnótico. Todos los estudiantes de dibujo conocen esa fórmula. Nos dice que las líneas paralelas que se alejan de nosotros (en la realidad) convergen en un punto de fuga (en el papel).
Me ha hecho gracia saber que Hany Farid, al que algunos consideran “el padrino de la ciencia forense digital”, utiliza por sistema la simple fórmula renacentista de Brunelleschi para cazar al vuelo a los farsantes que generan imágenes por inteligencia artificial (IA) para manipular a la gente. Por ejemplo, en una imagen se ve a un grupo de soldados armados hasta los dientes que caminan por un pasillo. Las caras de los soldados y sus uniformes, las luces del techo y las sombras del suelo son de un realismo impecable; las botas y los cascos y los estampados y las mochilas son indistinguibles de los auténticos, todo es tan real como la vida misma. Todo excepto la fórmula de Brunelleschi: basta prolongar las rayas de los baldosines para comprobar que no convergen en un punto de fuga. La imagen es por tanto tan falsa como un euro de madera. Ha sido generada por IA.
Imagina ahora a alguien que se mira en un espejo. Si tiras líneas entre cada parte de la persona y la misma parte en su imagen del espejo, todas esas líneas deben converger en un punto, de nuevo en aplicación de la perspectiva cónica de Brunelleschi. Por muy bien que haga todo lo demás, la IA no sabe eso, y por tanto es fácil pillarla. Y lo mejor es que la realidad está llena de espejos: las ventanas de los edificios, la superficie de los coches, los suelos mojados tras la primera lluvia de marzo. Cualquiera de ellos puede delatar al farsante cuando tiramos líneas entre las cosas y sus reflejos. Si no convergen en un punto, violan la ley de Brunelleschi y están generadas por IA. Hay otros trucos que Farid y su empresa GetReal Security utilizan para resolver casos dudosos, pero el de la perspectiva cónica resulta particularmente simple y elegante.
Dos cuestiones. Primera: una vez que los farsantes conozcan las estrategias de Farid, ¿podrán adaptar sus modelos de IA para saltárselas? Pues hombre, seguro que sí. Lo que pasa es que tendrían que preparar los parches uno a uno, de manera aplicada y fatigosa, y las empresas de IA no tienen un verdadero incentivo para hacerlo. La realidad es minuciosa, intrincada y desbordante, y simularla en todo su lujo de detalle requiere un montón de esfuerzo y de inversión. Y total para qué, ¿para que Donald Trump se disfrace de Jesucristo? Venga hombre, que contrate a un pintor de cámara y deje de torturar a su robot.
Y segunda: ¿por qué la IA actual no es capaz de deducir por sí misma la fórmula de Brunelleschi? Ya sabemos que la IA parte de datos muy crudos, como qué palabra o qué píxel suele aparecer al lado de cuál otro, pero al fin y al cabo ese es el mismo material del que partió el arquitecto florentino, y el tipo infirió un principio general a partir de él. ¿Debemos concluir que los robots son más tontos que los humanos? No. Solo podemos concluir que son más tontos que Brunelleschi.