La guerra apaga el debate nuclear
Bruselas alerta contra cierres prematuros de centrales y los gobiernos revisan sus estrategias de desnuclearización en la búsqueda de autonomía energética
La guerra en Irán ha vuelto a recordar a Europa su elevada vulnerabilidad geoeconómica como importador neto de combustibles fósiles, lo que significa que episodios de elevados precios de la energía como el actual se trasladan con rapidez a la inflación y el crecimiento se ve debilitado. En este contexto, Bruselas ha decidido abrazar definitivamente la energía nuclear como un elemento estratégico. La decisión se enmarca en el camino de la Unión Europea hacia la independencia estratégica y llega en un momento en el que el mundo está especialmente ávido de energía por el elevado consumo de gigavatios de los centros de datos y la inteligencia artificial.
El cambio de posición europea viene desde que el gas se convirtió en un arma de guerra tras la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 y quedó en evidencia la elevada dependencia de Rusia. Hasta entonces y durante décadas, Europa había abordado la energía nuclear más como un problema a resolver que como un recurso a preservar. El accidente de Fukushima en Japón en 2011 aceleró los planes de desconexión nuclear y el continente creyó que podía avanzar en la descarbonización con una apuesta por las energías renovables y el cambio de suministradores de gas. Sucesivas crisis geopolíticas han demostrado que la estrategia ha resultado insuficiente y notablemente costosa.
El canciller alemán Friedrich Merz declaró ya a mediados de enero que el apagón nuclear decretado por su correligionaria Angela Merkel en 2011 resultó un grave error estratégico. Las mismas palabras empleadas ahora por la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ministra por cierto de aquel Gobierno. El giro nuclear de Bruselas choca de plano con las posiciones defendidas por Teresa Ribera, vicepresidenta de primera de la Comisión para una Transición Limpia, Justa y Competitiva, que debería romper su silencio.
El camino hacia la independencia estratégica de la UE exige acelerar las inversiones en tecnologías limpias y en fuentes de generación autóctona. Los retos de la energía nuclear siguen siendo los mismos de siempre: costes de construcción desorbitados, plazos desalentadores, riesgos de seguridad y el almacenamiento de residuos radioactivos eternos. Las energías renovables son una fuente mucho más barata, con riesgos mínimos y fácil de instalar. Las renovables son indispensables, pero también intermitentes. La llamada de Bruselas a evitar cierres prematuros de nucleares replica decisiones de muchos países. Es también un llamamiento a la reflexión para el Gobierno español. La apuesta de las renovables como energía del futuro no es incompatible con aprovechar las centrales actuales.