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Del-Irán-tes (tres entremeses tragicómicos)

Habrá que preguntar a Díaz Ayuso cuándo piensa su admirada alianza Epstein liberar a los saudíes a bombazos

El secretario de Estado, Marco Rubio, el viernes en la Casa Blanca. Julia Demaree Nikhinson (AP)

La guerra es la paz (Estados Unidos)

Se abre el telón y aparece Marco Rubio. Tras un atril con unos cuantos micrófonos comparece, en calidad de secretario de Estado, para explicar el ataque americano a Irán. Dice que ha sido preventivo. Cuando le interpela...

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La guerra es la paz (Estados Unidos)

Se abre el telón y aparece Marco Rubio. Tras un atril con unos cuantos micrófonos comparece, en calidad de secretario de Estado, para explicar el ataque americano a Irán. Dice que ha sido preventivo. Cuando le interpelan para apostillar que eso no es posible porque el Pentágono no tenía indicios de que Irán fuera a atacar primero, Marco Rubio confiesa: es cierto que no había constancia de un posible ataque iraní, pero sí era muy probable que Israel atacase a Irán por su cuenta e Irán, en represalia, dañase bases americanas. El concepto de preventivo de la Administración de Trump es el de dos tiarrones que le pegan a un chico por la calle y uno de ellos le explica “mira, chaval, es que como no te zurrásemos los dos a la vez, te iba a pegar primero mi colega y luego yo”.

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Esto va un un alemán —Friedrich Merz— a reunirse con un americano —Donald Trump— en el despacho más hortera de la Casa Blanca, que ya es decir. A su espalda, molduras con ribetes de oro. Frente a ellos, las cámaras, a las que Trump les cuenta que “España se ha portado de manera terrible” por no ceder las bases de Rota y Morón para actividades que tengan que ver con la agresión a Irán, y que procederá a “cortar todo el comercio con España” tras la decisión del Ejecutivo de Pedro Sánchez de no colaborar lo suficiente en su guerra.

Al canciller alemán no le parece mal, y por supuesto no le recuerda que la OTAN debiera ser una alianza voluntaria y libre, no un régimen de vasallaje a Estados Unidos en el cual quien no hace lo que manda el jefe es castigado. Tampoco le recuerda que las bases son una cesión de la soberanía española sujeta a acuerdos y condiciones —o eso dicen—. Lo que sí hace el canciller alemán es apostillar que, además de todo lo anterior, los españoles somos unos rácanos: no queremos contribuir todo lo que deberíamos a la OTAN. El mismo Merz que, junto al resto de líderes europeos que no mueven un dedo por España, exigen que le plantemos cara a Trump para defender desde su Groenlandia hasta su Ucrania.

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Sobre el escenario, Isabel Díaz Ayuso, a cuyo partido le deben doler las manos de aplaudir a la alianza Epstein. Está en la Asamblea de Madrid, replicando a Manuela Bergerot y a Mar Espinar, partidarias del “No a la guerra”, y lee un chascarrillo: “Les animo a ir solas y borrachas por Teherán. O, por ejemplo, con minifalda a Kabul. Ánimo. Vayan allá y llévense a sus amigos gais, a ver cuándo les van a colgar de las grúas”. Como si nadie se acordase de que precisamente Kabul fue liberada en 2001 por obra y gracia, entre otros, de su compañero José María Aznar. Como si su foto en Arabia Saudí con motivo de la Superliga nunca hubiera existido. Habrá que preguntarle si se llevó a algún amigo gay, si paseó en minifalda o cuándo piensa su admirada alianza Epstein liberar a los saudíes a bombazos. ¿Acaso ellos no merecen una democracia implantada por el Occidente luminoso, un sistema en el que hombres y mujeres, homosexuales y heterosexuales, therians y humanos, tengan los mismos derechos? ¿Por qué a unos se les castiga con bombas y a otros se les premia con competiciones futbolísticas?

Se cierra el telón. ¿Cómo se llama la película? Nos siguen meando y nos siguen diciendo que llueve.

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