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Curiosas lecciones del PP en caso de violación

El partido se verá pronto eviscerado por una ultraderecha envalentonada que impone su señalamiento al diferente

Alberto Núñez Feijóo, el jueves en un acto en Granollers (Barcelona).David Zorrakino (Europa Press)

Una foto de España hoy: al subir a un tren, un AVE que viaja al Mediterráneo, ocurre algo peor que los retrasos y cancelaciones. Es temprano, y un grupo de jóvenes envalentonados irrumpe a gritos contra la izquierda. “Ya sabéis: tiempo de rojos, tiempo de piojos”, uno levanta la voz sobre los demás, que ríen los comentarios más ultras. Van con su p...

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Una foto de España hoy: al subir a un tren, un AVE que viaja al Mediterráneo, ocurre algo peor que los retrasos y cancelaciones. Es temprano, y un grupo de jóvenes envalentonados irrumpe a gritos contra la izquierda. “Ya sabéis: tiempo de rojos, tiempo de piojos”, uno levanta la voz sobre los demás, que ríen los comentarios más ultras. Van con su profesora, que reprende a un viajero que se atreve a replicar: “Déjennos dormir, que no se ven piojos por aquí”. Su comentario le parece impropio a la adulta, que defiende a su manada frente al sentido común. Los chicos se callan, y el tema no pasa a mayores, pero el aire de este tiempo voraz con el adversario queda flotando en el vagón.

La alfombra roja está echada para los intolerantes, los que consideran su pensamiento el único aceptable y los que avanzan con el único pegamento de brutalizar “a los rojos”, como también a inmigrantes, feministas o a ladrones multirreincidentes de móviles, unos mataos, aunque no a los comisionistas defraudadores si son de los suyos.

Que no nos engañen. Señalar es su objetivo y disparar (socialmente) lo siguiente.

Causa hasta ternura ver a la izquierda enzarzarse en argumentos a favor o en contra de la libertad de llevar el burka cuando Vox se ha inventado el debate no por el bien de las mujeres, sino para instrumentalizarlas; no por su integración sino por su señalamiento. Su objetivo es marcar al diferente y someternos al espectro de un dilema que no existe. No deberíamos entrar en su juego, pero el PP y Junts ya lo han hecho. Lo siguiente es una ofensiva contra el menú halal en los colegios, que, como todo el mundo sabe, merma nuestros derechos fundamentales como cristianos amantes del jamón.

Otra foto: el PP, que pronto será eviscerado por esa ultraderecha que se envalentona en vagones, aulas o el Congreso, se ha coronado al condenar a Marlaska por encubrir al jefe de la Policía, supuesto violador, chocando con dos realidades demasiado obvias hasta para Feijóo, que tuvo que echar el freno: no hay dato alguno que muestre que el ministro conociera la acusación, y su partido acaba no solo de encubrir, sino de arropar al alcalde de Móstoles en lugar de a la víctima que les pidió socorro por supuesto acoso sexual y laboral. Curiosas lecciones del PP en caso de violación y acoso sexual.

Y última foto: la Policía protegerá a la víctima de supuesta violación por parte del jefe de la Policía. ¿No nos corre el frío por la nuca?

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