Ir al contenido

Bad Bunny golea a Trump

El cantante puertorriqueño despierta pasiones con su reivindicación latinoamericana en la Super Bowl

Bad Bunny, con la bandera de Puerto Rico en un momento de su actuación en el intermedio de la Super Bowl.Kevin Sabitus (Getty)

Los viajes en coche pueden convertirse en una tortura si se apodera del mando de Spotify una sola persona. Más aún si ese ser humano tiene cuatro años. Por eso, cuando un domingo por la noche un Seat Arona sale de Girona rumbo a Barcelona solo rige una norma: canciones por turnos. Así se pasa de El Pot Petit a Public Enemy, surfeando por Rosalía hasta acabar en Bad Bunny. “¿Esto os gusta?”, se pregunta el conductor. Por suerte, ya es de noche y no ve bien la cara de desaprobación de sus acompañantes.

Y es que lo primero que muchos han hecho este lunes, con las legañas todavía pegadas, ha sido buscar el vídeo de la performance del puertorriqueño en el descanso de la Super Bowl; 13 minutos que empezaron con una declaración de intenciones: “Qué rico es ser latino”. Después de verlo, el día comienza con mecha. Es casi imposible quitarse NuevaYol de la cabeza, hasta el punto de que quienes salen a correr cuando aún es de noche, empujados por una fuerza interior irresistible, cambian el matinal radiofónico de las elecciones en Aragón por los ritmos de “por la mañana café, por la tarde ron…”. Las bambas echan fuego. “¿Quién va al concierto de Bad Bunny?”, preguntan algunos en los grupos de WhatsApp, que ya no hablan de otra cosa. “Me esfuerzo en no bailar”, confiesan.

El espectáculo juega a todo, incluso a la nostalgia. Como cuando suenan los primeros tonos de Dale don dale, acompañados durante un nanosegundo por los acordes de Gasolina. El perreo resulta incontenible. Reguetón vintage que los de más de 40 años fingen ahora no haber escuchado ni bailado nunca. Ellos solo fueron fans del britpop que lucharon en la guerra de Oasis contra Blur. Pero, aunque quieran, no pueden escapar de Ricky Martin. “Espectacular”, exclaman, sobre el puertorriqueño que hace casi 30 años (¡!) levantaba al mundo con su “tú y yo, ale ale ale” y ahora sorprende en la Super Bowl con su denuncia, casi a capela, de “lo que le pasó a Hawái”.

Pero para comprobar cuál fue el momento más exitoso de la noche, basta con abrir X o repasar las historias de Instagram. Es cuando Benito Antonio Martínez Ocasio (sí, Bad Bunny) exclama: God bless America! Y sigue: “Sea Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Brasil, Colombia, Venezuela, Guyana, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, México, Cuba, República Dominicana, Jamaica, Haití, las Antillas, United States, Canadá, o my mother land, mi patria, Puerto Rico”. Un repaso de Sur a Norte, que vendrá bien para las clases de geografía.

Así que no cabe duda. Bad Bunny lo petó fuertísimo. Eso sí, a Donald Trump no le convenció. “Absolutamente terrible”, escribe el presidente de Estados Unidos en su red Truth Social. “Uno de los peores, ¡DE TODOS!”, sigue sobre lo que considera un espectáculo que supuso un “insulto a la Grandeza de América”. Acompañado además de un “baile repugnante” y de un cantante al que no se le entiende “ni una palabra”.

Trump no salva ni siquiera el esfuerzo detrás de semejante actuación musical: “No hay nada inspirador en este desastre de espectáculo del descanso”. Y augura, con elevado tino, que encima habrá quien lo elogie: “Tendrá grandes críticas de los Medios de Noticias Falsas, porque no tienen ni idea de lo que está pasando en el MUNDO REAL”. Una opinión compartida por algunos, como el periodista ultra Javier Negre, quien ha colgado un vídeo para rebajar un poco tanta alegría caribeña generalizada: “A los norteamericanos no les gustó tampoco Bad Bunny. Ni lo bailaron ni lo entendieron, a pesar de que Telemundo dijo que el estadio enloqueció”. En mis redes sociales —¿será culpa del algoritmo?—, el marcador de esta guerra cultural acabó con un resultado indiscutible: Bad Bunny ganó por goleada.

Archivado En