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¿Española? Sí, y a mucha honra

Resulta vergonzoso comprobar cómo Europa dobla la rodilla ante su nueva majestad, Donald Trump

Trump, el miércoles en la cumbre de la OTAN en La Haya. REMKO DE WAAL (EFE)

Ocurría con nuestros reyes absolutos cuando no había democracia; ocurría con Hitler y hoy con Vladímir Putin y con todo aquel que gobierne desde la autocracia o la dictadura: el séquito aplaude, pelotea, le da la razón, le ensalza y nadie se atreve a chistar, por si llega la cámara de gas, el polonio o una deportación. Y ahora está ocurriendo con Donald Trump; no en vano el movimiento que ...

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Ocurría con nuestros reyes absolutos cuando no había democracia; ocurría con Hitler y hoy con Vladímir Putin y con todo aquel que gobierne desde la autocracia o la dictadura: el séquito aplaude, pelotea, le da la razón, le ensalza y nadie se atreve a chistar, por si llega la cámara de gas, el polonio o una deportación. Y ahora está ocurriendo con Donald Trump; no en vano el movimiento que alza la voz en EE UU contra su autoritarismo se llama No Kings.

Y ya es triste verle tratado por sus lacayos en EE UU como si fuera Fernando VII cuando volvió de su cómodo exilio e impuso la venganza y la violencia en una España arrasada por la guerra, cuando pasó de ser El Deseado al Rey Felón. Pero más triste y sonrojante aún es verle así tratado en Europa. Las reverencias de Mark Rutte y otros europeos como bufones de su corte han brillado en todo el sistema solar. El holandés llegó a llamarle “papi”.

Por fortuna, una periodista española (Anna Buj, de La Vanguardia) no se amilanó cuando el mismísimo presidente de Estados Unidos se envalentonó ante su pregunta y le espetó en su modo matón “¿Tú eres de España?”, cuando la incluyó en sus acusaciones y le encargó el recadito de comunicar a Pedro Sánchez que pague ahora o lo hará por partida doble.

A Sánchez se le vio solo, tenso, delgado y tocado. Ningún otro líder europeo se atrevió a decir que no pagará el 5% de su PIB en defensa, a pesar de que muchos no lo harán. Pero la actuación del presidente español ante la cumbre de la OTAN ha sido honesta y justa, de un líder capaz de decir las verdades al emperador del momento ante sus amenazas. Como es capaz de decírselas a Israel.

El mundo se zambulle en aguas abisales y podemos elegir entre la verdad, la impotencia, la indiferencia o la sumisión. El ataque de EE UU a Irán, como los delirios de Benjamín Netanyahu, no solo ha roto las reglas de juego, sino que legitima cualquier agresión como las que Putin propina a Ucrania cada día desde hace tres años. La ley del más fuerte se instala, y lo vergonzoso es comprobar cómo Europa dobla la rodilla ante su nueva majestad, Donald Trump.

Cuando la periodista le contestó que sí es española, el presidente le dijo, irónicamente: “¡Felicidades!”, antes de seguir. Pero, por una vez y sin que sirva de precedente, el rey Trump tenía razón. Me alegro de pertenecer a un país que, frente a la sumisión general, dice la verdad.

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