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La transformación feminista

El cambio que propone el presidente López Obrador es fundamentalmente económico, pero sigue siendo patriarcal

Paola Zavala Saeb
Una de las proyecciones hacia Palacio Nacional, el pasado 14 de marzo.
Una de las proyecciones hacia Palacio Nacional, el pasado 14 de marzo.RRSS

El comunicado en el que el Comité de Elecciones de Morena dio a conocer la ratificación de la candidatura de Félix Salgado Macedonio dice: “Atendiendo a los principios democráticos de nuestro movimiento, dejamos la decisión en manos del pueblo de Guerrero”.

¿Y si el pueblo es macho? ¿Y si no lo es, pero no oyeron a quienes pensaban distinto? ¿Y si ni siquiera tenemos claro a quién o quiénes se refiere el presidente de México y los representantes de Morena cuando hablan de “el pueblo”? Cuando se refieren a “el pueblo”, ¿se refieren solo a la militancia de Morena? Más cerrado aún, ¿se refieren solo a la militancia de Morena que votó por la candidatura de Félix Salgado Macedonio? ¿Piensan que “el pueblo” se limita solo a quienes militan en Morena? ¿Dónde quedamos todas y todos los demás? ¿Qué somos quienes también conformamos la población mexicana y no estamos de acuerdo con algunas decisiones del “movimiento” y con otras sí? ¿Pueblo a veces y a veces no?

La candidatura de Félix Salgado Macedonio se ha convertido en un hito en el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador porque en el mismo comunicado en el que refrendan la candidatura de Salgado Macedonio paradójicamente afirman: “La Cuarta Transformación será feminista o no será”. El verbo conjugado en futuro es una distinción importante porque actualmente no es feminista.

El primero de diciembre de 2018, en su toma de protesta, el presidente Andrés Manuel López Obrador informó que ese día iniciaba con su Gobierno la transformación radical de México, que se fundamenta básicamente en dos ejes: acabar con la corrupción y cambiar el modelo neoliberal. Con esa idea de transformación, convocó al voto y ganó. Con esa idea gobierna y en esa idea no hay perspectiva de género.

Conforme a ese planteamiento de transformación el presidente anunció los 100 compromisos de su Gobierno: la reforma energética, las refinerías, el aumento a los salarios mínimos, el Tren maya, los programas sociales, el aeropuerto, la venta del avión presidencial, bajar los sueldos a funcionarios, no comprar computadoras en el primer año de Gobierno, etc. Ninguna de las acciones anunciadas fue dirigida a disminuir la violencia de género. Ni siquiera estamos nombradas las mujeres en esos compromisos.

El presidente, que en su toma de protesta dijo que acabaría con la corrupción y la impunidad y que no protegería a sus amigos, no puede ver que, justamente, el caso de Salgado Macedonio pone en jaque sus principios rectores por varias razones:

Primero, porque el exfiscal del Estado, Javier Olea, ha declarado que el actual gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo, protegió a Salgado Macedonio pidiendo que no se continuara con la investigación en su contra y eso es corrupción. Segundo, porque el ahora candidato no ha sido juzgado, ni lo será si llega ser gobernador porque tendrá fuero y eso es impunidad.

Hay que asumir algo: la transformación que propone el presidente López Obrador es fundamentalmente económica, pero sigue siendo patriarcal.

Existe en este Gobierno un gabinete paritario que ha permitido que tengamos mujeres trabajando intensamente desde el más alto nivel por una agenda de género, pero hay otros casos en los que no sucede lo mismo. Así como hay legisladoras de Morena que han logrado importantes avances en esta materia y hay otras funcionarias que han obstaculizado el derecho a decidir de las mujeres. Igualmente, hubo miles de militantes que se expresaron en contra de la candidatura de Salgado y otros miles a favor. Esto es posible porque ni el Gobierno, ni Morena tienen una definición feminista.

Muchas y muchos en México queríamos que la transformación desde el Gobierno también fuera feminista, pero el presidente no. Ni las constantes movilizaciones de las mujeres desde que inició su encargo lo han hecho cambiar de opinión. Su partido actúa en consecuencia y pone de pretexto la falta de castigo penal para perpetuar el machismo político.

Es claro que la lucha feminista se hace dentro y fuera del Gobierno y los partidos políticos. La lucha se hace desde el espacio que cada mujer decida y con las redes que elija. Lo que ni los partidos ni el Gobierno han notado es que los feminismos rebasamos por la derecha y por la izquierda: Mientras la impunidad, la corrupción y el neoliberalismo siguen, las que nos transformamos fuimos nosotras.

@paolasaeb

Paola Zavala Saeb es abogada y directora de la organización OCUPA.

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