El homenaje de Isabel Díaz Ayuso a Hernán Cortés sacude la política de Ciudad de México
La presidenta de Madrid protagoniza un acto a favor del conquistador con la alcaldesa de la Cuauhtémoc, del PAN. En el partido oficialista la tildan de “fascista” y la Arquidiócesis se desmarca del evento, previsto inicialmente en la catedral


Isabel Díaz Ayuso ha aterrizado en México como un meteorito, implacable y sin miedo a la contestación. La presidenta de la Comunidad de Madrid ha hecho de la provocación su arma política más eficaz y ha llegado al país norteamericano dispuesta a usarla. Llevaba meses caldeando el ambiente, con la equiparación del Ejecutivo de Claudia Sheinbaum con la dictadura cubana, y con comentarios sobre el periodo de la Conquista que encienden los ánimos en ambos países, cuyos Gobiernos batallan por limar asperezas. El momento del despliegue, sin embargo, ha llegado este lunes por la tarde, en un acto de homenaje al colonizador Hernán Cortés en la Ciudad de México. A él han asistido la alcaldesa de la delegación Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, del conservador PAN, y otras personalidades de la cultura, como el escritor Juan Miguel Zunzunegui o el exintegrante de Mecano Nacho Cano, quien ha abierto el evento con una actuación de su musical Malinche interpretada por un coro juvenil. El atrezo de la propia obra, en cartelera en el mismo espacio del evento, ha hecho el resto.
“El mestizaje es el mensaje de la esperanza y de la alegría. Ante los discursos del odio, que dividen, los que vemos la vida en torno a estas alianzas tenemos que buscar las maneras de poder hablar en libertad”, ha lanzado Díaz Ayuso desde el Frontón México, un recinto especialmente simbólico para los panistas, pues es donde fundaron su partido hace un siglo y donde relanzaron su imagen hace apenas unos meses. “Ojalá algún día, más pronto que tarde, haya muchos más eventos como este que se celebren en todos los rincones de España, de México, y que nunca deban ser cambiados de sitio. Que nunca la libertad pida perdón por ser libertad”, ha agregado, en referencia a la suspensión de la ceremonia religiosa que estaba prevista en la catedral de la capital y que iba a servir de calentamiento al encuentro en el teatro.
El efecto expansivo de la provocación de Ayuso había ido tomando forma incluso antes de que el evento tuviera lugar. Pasado el mediodía, el revuelo era tal que, con apenas una hora de antelación, la Arquidiócesis anunció su cancelación y se desmarcó del homenaje al conquistador. “La Eucaristía no es un acto simbólico para exaltar personas o hechos históricos”, expresaron los responsables eclesiásticos en un comunicado en el que también informaban de que el artista Nacho Cano no había reunido los permisos necesarios para su grabación. “En ningún momento se planteó una celebración que diera pie a posicionamientos políticos o ideológicos”, agregaban en el escrito. Poco antes de que el evento se cancelara, varias decenas de representantes de los pueblos originarios ya se habían congregado a las puertas del templo para leer un comunicado contra el reconocimiento a Hernán Cortés, a quien han acusado de ser el representante de “los crímenes de lesa humanidad” que se cometieron contra las comunidades indígenas.

La cancelación del rito, que se ha leído como un acto de prudencia frente a las reacciones que estaba generando el evento, ha marcado el tono de varias de las intervenciones desde el inicio, empezando por el propio Cano, que ha abordado directamente la cuestión nada más inaugurar el foro derechista: “El mestizaje es producto de la evangelización. Como viene de ahí, se nos hacía muy interesante celebrarlo en la catedral del Zócalo de México, una iglesia que mandó construir Cortés”, ha manifestado. “Sin Cristo no habría cristianismo. Sin Cortés, no habría México, eso es así”, ha agregado.
Poco después ha salido la alcaldesa de la céntrica demarcación capitalina, en clara sintonía con la madrileña ―trajes negros y brillantes incluidos―, a reivindicaar la figura de la Malinche. “Ella no dejó que su origen decidiera su destino”, ha dicho. “Durante muchos años, en México decirle a una mujer Malinche fue un insulto: la traidora, la culpable, la que entregó”, ha criticado: “Seguir hablando del pasado no nos va a resolver el presente. Hace tiempo dejé de buscar villanos en la historia. Prefiero las raíces, porque las raíces no dividen, sostienen”.
Ha cerrado las intervenciones un extenso Zunzunegui, en quien Ayuso se ha apoyado en otras ocasiones para sostener la tesis de que España no debe pedir perdón por la Conquista, como exigió el expresidente y mentor de Sheinbaum, Andrés Manuel López Obrador. “Me encanta cuando dicen genocidio, ¿entonces para qué hicimos hospitales? Ah, es que la Iglesia vino a someternos. ¿Entonces por qué hicimos universidades?”, ha reivindicado: “Somos hijos del encuentro más grandioso de la humanidad”.





Tras siete años de diplomacia cultural entre los Gobiernos de ambos países para dejar atrás los desencuentros por la Conquista, Ayuso ha vuelto a la carga con el tema que causó el insólito congelamiento de las relaciones políticas. Pese a los intentos de meter el dedo en la herida, para la presidenta mexicana, que ha mencionado el acto de pasada y con ironía en su conferencia matutina, el rechazo de la derecha española a hacer concesiones solo agrega valor a los gestos de la Monarquía y del Ejecutivo de Pedro Sánchez.
Con todo, la llegada de Ayuso no ha encontrado mucho eco en la derecha mexicana. Más allá del recibimiento y la participación en el evento de Rojo de la Vega, que se congratula de que la llamen “la Ayuso mexicana” y en marzo fue condecorada en Madrid por su “defensa de los derechos de las mujeres”, en el PAN guardan silencio. El grupo parlamentario de Morena en la capital, en cambio, se ha lanzado contra la madrileña, a la que ha tildado de “fascista” y de ser “la heredera de la Falange española”. Crispado por el encuentro, uno de los referentes intelectuales del morenismo, Pedro Miguel, ha presentado una solicitud formal ante el Instituto de Bellas Artes (INBAL) para que se exhumen los restos de Hernán Cortés, actualmente en México, “y se entreguen a Díaz Ayuso o a cualquier instancia o persona del Estado español que manifieste interés en recibirlos”.

No han importado mucho las resistencias ni las críticas, el meteorito Ayuso ha avanzado impasible con su agenda, que comenzó por la mañana en la Cámara de Comercio de España, ante un público más amable. El presidente, Antonio Basagoiti, ha bromeado sobre la comunidad cada vez más grande de mexicanos que han aterrizado con sus inversiones en los barrios adinerados de Madrid, como el de Salamanca. “Es más fácil encontrarte ahí a un amigo mexicano que en Polanco [el equivalente en Ciudad de México]”, ha reído. Ayuso ha bromeado de vuelta y se ha visto obligada a matizar: “No solo en el barrio Salamanca, en todos”.
La inclusión de la extensa y excepcional gira de la presidenta madrileña, de 10 días, en su agenda institucional, también ha levantado polvareda en España. La oposición le ha recriminado que abandonara sus responsabilidades en la Comunidad durante tanto tiempo, sin poder someterse a las preguntas del Parlamento local y haciendo uso del dinero de los impuestos de los madrileños. El acto de este lunes por la tarde, de marcado contenido político, es el único que hasta ahora no ha aparecido oficialmente en su planificación, aunque no está claro a cargo de quién corren los gastos.
México, de por sí importante por su peso geográfico y económico, se está configurando como un escenario clave para las alianzas políticas internacionales. Sheinbaum está elevando su perfil exterior y hace unas semanas acudió a un foro para buscar una alianza progresista alternativa al intervencionismo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con el que la tensión ha llegado a su punto álgido. Tras el deshielo con España, Pedro Sánchez se ha convertido en uno de sus aliados naturales, junto con el colombiano Gustavo Pedro y el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.
México es un país demasiado jugoso para renunciar a hincarle el diente y la derecha que gravita en torno al trumpismo está haciendo lo propio. El golpeteo para romper el dique mexicano contra la ultraderecha es constante, y la visita de Ayuso, embajadora del líder ultra en España, solo lo confirma. Esta vez, la presidenta madrileña ha evitado hacer ninguna mención explícita a Sheinbaum o a los “narcoestados” en los que gobierna su partido, un apelativo que ha tomado prestado de la oposición interna a la mandataria. La polémica, en cualquier caso, no ha sido menor, y solo han pasado 24 horas desde su llegada. Restan nueve días, una eternidad: tiempo suficiente para cambiar de opinión.







































