La Administración de Trump encadena contradicciones sobre los planes de la guerra contra Irán
El presidente de EE UU habló primero de un ataque para cambiar el régimen, luego de impedir que Teherán tenga armas nucleares. Además, ha ido cambiando los plazos de la ofensiva
Cuantos más días pasan, más confuso se vuelve el objetivo o la duración prevista de la ofensiva contra Irán, en un conflicto que se amplía por Oriente Próximo y que, pese a las declaraciones entusiastas de Washington, ...
Cuantos más días pasan, más confuso se vuelve el objetivo o la duración prevista de la ofensiva contra Irán, en un conflicto que se amplía por Oriente Próximo y que, pese a las declaraciones entusiastas de Washington, parece enredarse. El presidente estadounidense, Donald Trump, por un lado sugiere que su objetivo es el cambio de régimen, pero por el otro asegura que la meta es impedir que Irán tenga armas nucleares. Y ofrece plazos cada vez más extensos para la nueva guerra. Si el domingo habló de cuatro o cinco semanas, ahora advierte que ese plazo puede ampliarse y asegura que Estados Unidos tiene la “capacidad de continuar mucho más tiempo”. El Pentágono, por su parte, habla de una guerra que requerirá “tiempo” y anuncia el envío de refuerzos.
Que la operación va a ser larga, más de lo que apuntaba un Trump eufórico el sábado, parece ser una de las conclusiones a las que está llegando la Casa Blanca, pese al triunfalismo de su líder, que insiste en que la campaña avanza más rápido de lo esperado y que los progresos se acumulan de hora en hora. El presidente llegó a hablar el pasado sábado de “dos o tres días” para dar la Operación Furia Épica por concluida. El domingo dijo que el cálculo siempre había sido de “cuatro o cinco semanas”. En una ceremonia de condecoración de veteranos en la Casa Blanca este lunes, el republicano ha vuelto a prorrogar el plazo. Y antes de una sesión informativa a puerta cerrada con legisladores, el secretario de Estado, Marco Rubio, ha reiterado el argumento de su Administración de que el motivo de atacar fue “preventivo”. Pero esta vez ha alegado que Israel iba a golpear primero a Irán y Teherán, en ese caso, hubiera bombardeado posiciones estadounidenses como represalia.
“Desde el principio habíamos previsto cuatro a cinco semanas, pero tenemos la capacidad de ir mucho más tiempo que eso”, ha declarado Trump durante la ceremonia en la Casa Blanca, y ante la presencia de su jefe de Estado Mayor, el general Dan Caine, y su secretario de Defensa, Pete Hegseth. “Lo haremos”.
El republicano ha enumerado también los objetivos que busca en esta ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán: “Estamos destruyendo las capacidades de misiles de Irán, y lo estamos haciendo a un buen ritmo”. Además, los ataques “están aniquilando su ejército” y buscan asegurarse de que Irán “nunca pueda obtener un arma nuclear”. Que Teherán no pueda continuar su patrocinio de grupos radicales islamistas en Oriente Próximo también es otra de las metas.
Desde el comienzo de la operación, el sábado, las explicaciones de Trump han llegado por vías poco ortodoxas. A diferencia de otras intervenciones militares anteriores, no ha ofrecido una rueda de prensa televisada. En su lugar, ha difundido dos vídeos para anunciar el lanzamiento de los ataques y su continuación, ha enviado algunos mensajes por redes sociales y ha hecho numerosos comentarios a distintos medios en declaraciones telefónicas. El resultado ha sido una peculiar mezcla de versiones diferentes, en las que el propio inquilino de la Casa Blanca se ha contradicho a sí mismo o a las notificaciones que llegaban desde el Pentágono.
Este fin de semana, altos cargos estadounidenses que hablaron bajo la condición del anonimato habían justificado la ofensiva como un ataque “preventivo” porque, según afirmaron, Irán planeaba bombardear objetivos estadounidenses de modo inminente. El domingo, representantes de la Administración de Trump informaron en sesiones a puerta cerrada a personal del Congreso de que los servicios de inteligencia de Estados Unidos no consideraban que Irán estuviera preparando ataques preventivos contra este país, según ha publicado la agencia AP, que cita a tres fuentes conocedoras de esas sesiones informativas.
En una comparecencia en el Capitolio para informar a los principales legisladores de ambos partidos a puerta cerrada sobre el conflicto, Rubio ofrecía una nueva variación sobre el leitmotiv del ataque preventivo: Estados Unidos pensaba que Israel se disponía a bombardear la República Islámica y, en ese caso, Teherán golpearía a su vez a las fuerzas norteamericanas en Oriente Próximo.
“La amenaza inminente era que sabíamos que si Irán fuese atacado —y creíamos que iba a ser atacado—, entonces ellos vendrían de inmediato a por nosotros, y no nos íbamos a quedar sentados esperando a ser golpeados antes de responder”, ha asegurado el jefe de la diplomacia estadounidense, en comentarios a la prensa en el Capitolio antes de reunirse con los legisladores.
El fin de semana, el presidente estadounidense y su entorno ofrecían objetivos divergentes. En su discurso inicial, Trump instó a los iraníes a sublevarse y hacerse con el control de su gobierno. Un día después, la Casa Blanca emitió un comunicado en el que aseguraba que no, que la meta de los ataques era desarticular los programas nuclear y de misiles balísticos iraníes. En diversas comparecencias en los programas de las cadenas de televisión estadounidenses, el senador Lindsey Graham, un firme partidario de Trump que con frecuencia hace las funciones de portavoz informal, se expresó de manera similar.
El propio presidente insinuó, también, su disposición a mantener en el poder a los nuevos dirigentes del régimen de los ayatolás, tras la muerte el sábado en los bombardeos del líder supremo iraní, Ali Jameneí. Esta sería una solución muy similar a la fórmula empleada en Venezuela, donde se ha cambiado todo para que nada cambie y, tras la captura del antiguo presidente Nicolás Maduro, los antiguos dirigentes chavistas siguen en el poder.
Según declaró en una entrevista telefónica a la revista The Atlantic, el republicano está preparado para entablar conversaciones con estos nuevos líderes. “Quieren negociar”, aseguró, sin querer señalar cuándo o cómo podrían tener lugar esos hipotéticos contactos, que parecían apuntar a una recuperación de las fracasadas conversaciones de Ginebra para limitar el programa nuclear iraní.
Más tarde, el inquilino de la Casa Blanca apuntó que los mismos misiles que mataron a Jameneí eliminaron a 48 altos cargos del régimen, incluidos algunos nombres que él había barajado para hacerse cargo del país. Horas más tarde, en un segundo vídeo, volvió a instar a los iraníes a “recuperar su país” y arrebatar el control al régimen, y llamó a las fuerzas armadas a deponer las armas bajo la promesa de inmunidad. Estados Unidos “estará ahí para ayudar”, prometió. Este lunes, sin embargo, no ha hecho alusión alguna a esos llamamientos.
Y en una rueda de prensa también este lunes, la primera del Gobierno estadounidense desde el comienzo de los bombardeos, el Pentágono volvió a insistir en que los objetivos no incluyen el fin del sistema teocrático. “Esta no es una guerra de cambio de régimen, aunque, como resultado de la operación, el régimen ha cambiado”, sostuvo Hegseth.
“Tienen una meta, pero no es cambio de régimen. Es implosión del régimen”, opina Trita Parsi, vicepresidente del think tank Quincy Institute for Responsible Statecraft. “La esperanza es degradar las capacidades iraníes, o las capacidades represivas del Estado, tanto como sea posible, con la esperanza de que milagrosamente el pueblo iraní se levante y tome el poder. Y que lo que quede de apoyo al sistema iraní se disuelva de alguna manera”.
Por el momento, el Pentágono se prepara para la prolongación del conflicto. En la rueda de prensa, Caine anunció que “incluso hoy mismo” Estados Unidos sigue enviando refuerzos a Oriente Próximo. La Administración advirtió a un público con una tolerancia muy escasa a las bajas en combate que habrá más muertos y heridos entre sus soldados. Este lunes, el Departamento de Defensa anunció el fallecimiento de tres de los militares heridos el domingo por un misil iraní en una base militar estadounidense en Kuwait, lo que eleva el número de muertos estadounidenses a seis. Otros 18 soldados se encuentran heridos graves, el triple que la cifra que el Comando Central facilitó el domingo. “Las cosas son así”, afirmó Trump en su alocución ese día. “Pero haremos lo posible para que no ocurra”.
No está claro si, en la operación, Washington se plantea desplegar tropas en suelo iraní, algo que los expertos consideran imprescindible si el objetivo resulta ser hacerse con el control del país o imponer un cambio de régimen. El Pentágono ha asegurado que en estos momentos no cuenta con soldados sobre el terreno, pero no ha querido esclarecer si se lo plantea en el futuro.
Trump, por su parte, no lo ha descartado. “No me da escalofríos desplegar soldados sobre el terreno. Cada presidente dice que no va a haberlos. Yo, no”, aseguró en otra entrevista telefónica este lunes, al New York Post. Y en declaraciones a la cadena CNN, advirtió de que el conflicto aún podría hacerse mayor: según aseguró, aún no ha lanzado “la gran oleada” de ataques. “Tenemos el mejor ejército del mundo y lo estamos utilizando. Ni siquiera hemos empezado a golpearlos con fuerza. La gran oleada ni siquiera ha ocurrido aún. Llegará pronto”, predijo.