Zelenski inicia su presidencia en solitario en un momento crucial de la guerra
La caída de Andrii Yermak, mano derecha del presidente, obliga a reestructurar la cúpula del poder en Kiev cuando Rusia busca apoyarse en Washington para rendir a Ucrania
En noviembre de 2015, hace ahora 10 años, un presidente de Ucrania llegaba por primera vez en bicicleta al palacio presidencial de Kiev. Su nombre era Vasil Holoborodko y fue el jefe de Estado más popular de la televisión ucrania. Holoborodko era una ficción y el actor que lo encarnaba era Volodímir Zelenski. El éxito de la serie Servidor del Pueblo ...
En noviembre de 2015, hace ahora 10 años, un presidente de Ucrania llegaba por primera vez en bicicleta al palacio presidencial de Kiev. Su nombre era Vasil Holoborodko y fue el jefe de Estado más popular de la televisión ucrania. Holoborodko era una ficción y el actor que lo encarnaba era Volodímir Zelenski. El éxito de la serie Servidor del Pueblo le sirvió de trampolín en 2019 para saltar de la pantalla al cargo en la vida real, con un apoyo electoral nunca visto en la historia de la Ucrania independiente. El mismo país que lucha desde 2022, con él al frente, para sobrevivir a la invasión rusa.
Holoborodko era un joven profesor de instituto, ingenuo y solo ante un mundo de oligarcas y rivales curtidos en el juego sucio. Una década después del estreno de aquella serie, Zelenski vuelve a ejercer la presidencia en solitario, pero frente a un peligro mucho mayor: Rusia. El “invierno extremadamente duro” que espera a los ucranios, según sus propias palabras, lo deberá encarar por primera vez sin su mano derecha y consejero inseparable, Andrii Yermak.
Yermak dimitió el viernes como jefe de la oficina del presidente al verse implicado en el mayor caso de corrupción en los casi cuatro años de guerra. Las agencias anticorrupción del país registraron su domicilio porque su nombre aparecía en las grabaciones de la llamada caso Midas, una red de mordidas y blanqueo de dinero público, centrada de momento en el Ministerio de Energía, que tenía como presunto cerebro a Timur Mindich, amigo y socio de Zelenski en Kvartal 95, la productora de Servidor del Pueblo.
“He sido deshonrado”
Yermak no está de momento imputado, pero New York Post publicó este sábado unos mensajes suyos dirigidos a una periodista del diario estadounidense en el que parece convencido de que su situación procesal irá a peor. “He sido deshonrado y mi dignidad no ha sido protegida pese a que he estado en Kiev desde el 24 de febrero de 2022 [día que se inició la invasión rusa]. No quiero generar problemas a Zelenski. Estoy dispuesto a ir al frente [de guerra]”, afirma. “Estoy disgustado por la porquería que están lanzando contra mí, pero todavía estoy más disgustado por la falta de apoyo de los que saben la verdad”, añade Yermak.
“Termina una era y empieza otra”. Así describió la nueva situación en sus redes sociales la polémica diputada Mariana Bezugla, exmiembro de Servidor del Pueblo, el partido de Zelenski (de mismo nombre que la serie que lo dio a conocer) y una de las voces más críticas con Yermak. La oposición dentro de la bancada parlamentaria de Zelenski contra el que fue hasta el viernes su mano derecha iba a más, y la situación era insostenible, según declaraciones de Oleksandr Merezhko, uno de sus diputados, en la televisión pública Suspilne.
Merezhko cree que la caída de Yermak forzará un reequilibrio del poder en Ucrania, actualmente concentrado casi por completo en la oficina del presidente. “Creo que la decisión tendrá consecuencias importantes. Yermak ha sido uno de los líderes de este poder vertical”, dice.
Zelenski anunció el viernes que este fin de semana lo centraría en elegir a la persona que ocupe la jefatura de la oficina presidencial, además de llevar a cabo una reestructuración de esta. Los dos nombres que suenan con más fuerza son el de la actual primera ministra, Yulia Sviridenko, y el del coronel Pavlo Palisa, que es el vicejefe de la oficina presidencial.
Lo que se da por hecho es que no se repetirá la presidencia bicéfala de facto que ejercían Zelenski y Yermak. Nunca antes el jefe de la oficina del jefe de Estado había tenido tanta influencia. La esperanza de la oposición y de su propio partido es que estos cambios den además más capacidad de maniobra al Gobierno y a la Rada.
“Jugarse la dignidad”
Zelenski ha perdido al alfil que le paraba los golpes, que hacía el trabajo sucio, pero también a su persona de mayor confianza para liderar las negociaciones con sus aliados internacionales. La primera decisión de esta nueva presidencia en solitario es encontrar a un nuevo coordinador en las negociaciones que Kiev mantiene con Washington para formular un nuevo plan de paz que incluya sus condiciones para finalizar la guerra.
En este diálogo con la Casa Blanca, según afirmó Zelenski en un discurso a la nación del 21 de noviembre, el país “se juega la dignidad”. El primer borrador de este plan de Donald Trump fue elaborado por el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, y por Kirill Dmitriev, un hombre de confianza del líder ruso, Vladímir Putin. El documento lo componían 28 puntos. Buena parte de estos representaban la capitulación de facto de Ucrania. Los más polémicos han saltado momentáneamente del texto inicial, como la renuncia ucrania a la soberanía de la región de Donbás y la obligación de que sus Fuerzas Armadas reduzcan de forma considerable el número de tropas.
La amenaza de que Estados Unidos secunde las exigencias rusas sigue viva. Witkoff y el yerno de Trump, Jared Kushner, tienen que viajar la semana que viene a Moscú. El diario británico The Telegraph fue objeto de atención el viernes por parte de los medios ucranios al asegurar, a partir de fuentes anónimas, que los representantes de Trump quieren transmitir a Putin que Estados Unidos reconocería los territorios ocupados por Rusia. Witkoff ha sido protagonista esta semana después que la agencia Bloomberg filtrara conversaciones de este con miembros de la corte de Putin en las que queda clara la sintonía entre ambas administraciones.
“Combinación fatal”
El escenario actual es para Zelenski “una combinación fatal”, según valoró el viernes el primer ministro polaco, Donald Tusk: “Viktor Orbán ha ido a ver a Putin [el primer ministro húngaro se citó el viernes en Moscú con el líder ruso]; Karol Nawrocki [presidente de Polonia y crítico con Ucrania] quiere verse con Orbán; hay caos en las negociaciones del plan de Witkoff y hay una crisis política en Kiev. Combinación fatal”.
El sacrificio de Yermak es la decisión más difícil de Zelenski en sus seis años en el cargo, sobre todo en un momento en el que, como subrayaba Tusk, Kiev se enfrenta a múltiples frentes, no solo de guerra sino diplomáticos. Pero la caída del número dos en el poder era necesaria para frenar el descontento popular.
Las ciudades ucranias viven este noviembre con cortes de luz en el suministro eléctrico que pueden superar las 12 horas diarias. A eso se le suman interrupciones en otros servicios básicos, como el agua caliente o el gas. Los bombardeos rusos contra la red energética están causando estragos con el objetivo de diezmar la moral de la población. Como dijo Zelenski en su discurso del 21 de noviembre, Ucrania se enfrenta a “un invierno extremadamente duro”. No solo por los problemas para contener a un enemigo en el frente de guerra con más recursos materiales y de tropas, también por la complicada situación social y económica en la retaguardia.
Para algunos, como Artem Shpachuk, peor fue el segundo invierno de la guerra, el de diciembre de 2022 a febrero de 2023, meses entre los que Rusia llevó a cabo su primera campaña de bombardeos contra el sistema eléctrico. Este joven de 20 años, estudiante en Kiev para formar parte de los servicios de seguridad de Ucrania, recuerda que por entonces la población no estaba preparada como ahora: “En casa tenemos hoy un generador auxiliar eléctrico, planeamos con mis padres las cosas a partir de los horarios programados de interrupciones de la luz”. “Te acostumbras, aprovechas para leer, estudiar, sigues con calma, resistimos mejor que aquel primer año”.
Irina Shulika tiene 37 años y es administrativa en una empresa del centro de la capital. Es originaria de la provincia de Lugansk, hoy ocupada por Rusia, de la que huyó al inicio de la guerra, en 2022. Vivió desplazada con su familia en Alemania en los dos primeros años del conflicto. Regresó en 2024 y no duda de que este invierno es el peor para ella. Lo mejor, apunta, es que pasa horas con sus dos niños entretenidos con juegos de mesa o cocinando juntos cuando hay luz.
“Estos días me planteo muchas veces si hicimos bien en regresar. No queríamos que nuestros niños perdieran su identidad ucrania, a su familia, pero la situación económica aquí es dramática”, dice Shulika. Su marido tiene trabajos esporádicos como limpiador en oficinas. “Recuerdo cuando estaba en Alemania y veía a mis amigos por teléfono, o a los ucranios por televisión, y me preguntaba por qué tenían esas caras tan tristes. Hoy tengo yo la misma cara”.
Anastasía Kucherieva, una bibliotecaria de Kiev, decía el viernes en EL PAÍS que sentía hoy “más odio” por sus gobernantes que por Putin. La razón, comentaba esta joven de 28 años, es que ella tiene claro que el enemigo es Rusia, pero que robar recursos del Estado, dedicados al sistema energético, cuando la población sufre tantas penurias, “es algo peor, es traición”.
Kucherieva se refería a la presunta red de saqueo de fondos de Energoatom, la empresa estatal de la energía atómica, por la que están siendo investigados políticos como Yermak. Personas como ella votaron por Zelenski porque lo consideraban aire fresco, el líder que en la televisión prescindía de lujos, iba al trabajo en bicicleta y combatía a los oligarcas. Tarea clave de su nueva presidencia en solitario será demostrar que sigue siendo el mismo.