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Gaspard Estrada: “América Latina puede ser un aliado de Francia en la defensa del multilateralismo”

Emmanuel Macron podría darle un nuevo impulso a las relaciones bilaterales

Los presidentes Donald Trump, de espaldas, y Emmanuel Macron en la cumbre del G7 en Italia
Los presidentes Donald Trump, de espaldas, y Emmanuel Macron en la cumbre del G7 en Italia AP

El Observatorio Político de América Latina y el Caribe (OPALC), de Sciences Po, uno de los viveros de los políticos de Francia, cumple este lunes diez años. Toda una década analizando América Latina desde la perspectiva de Francia, un país que, aunque tiene su frontera más larga en Sudamérica, gracias a su territorio de Guyana, no ha logrado mantener un gran peso político en la región. El aniversario coincide con la victoria electoral de Emmanuel Macron. El nuevo presidente francés se ha pronunciado poco sobre América Latina. Pero según Gaspard Estrada, director del Observatorio, su llegada al Elíseo puede suponer una oportunidad para impulsar los lazos con una región que ha seguido con mucha atención la campaña presidencial francesa y que ve en Macron un freno a la ola populista y proteccionista que encabeza el estadounidense Donald Trump.

Pregunta: ¿Qué pueden ofrecerse Francia y América Latina?

Respuesta: América Latina es un aliado objetivo para que la política exterior de Francia, que se basa en la defensa del multilateralismo, sea escuchada en el contexto actual. El multilateralismo está viviendo grandes desafíos en el día de hoy, en primer lugar con la elección de Donald Trump en Estados Unidos y, por otro lado, con el protagonismo renovado de Rusia en las relaciones internacionales, no solo en el conflicto en Siria, sino también con intervenciones en elecciones de países democráticos. La posición central que juega Francia en este escenario internacional le implica buscar aliados para defender el modelo multilateral. Y América Latina puede ser un aliado único en el mundo. México y Brasil, los dos países principales de la región, tienen un interés concreto en defender este orden político multilateral. Una mexicana, la excanciller Patricia Espinosa, dirige el ente de la ONU que se encarga del cambio climático, el UNFCCC. También la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), con sede en París, es dirigida por un mexicano, Ángel Gurría. Brasil dispone de dos espacios de privilegio en la ONU, la FAO y la Organización Mundial del Comercio (OMC) (ambas dirigidas por brasileños, Graziano da Silva y Roberto Azevedo, respectivamente).

P. ¿En qué otros temas podrían unir fuerzas Francia y los países latinoamericanos?

R. Por ejemplo, en el cambio climático. Francia ha estado a la cabeza de la coalición y del acuerdo político que desembocó en el Acuerdo de París de 2015. Ese fue, se podría decir, el gran hito diplomático del Gobierno anterior y, claramente, el de Macron parte de esa iniciativa e intenta darle más fuerza. Los países latinoamericanos son un actor esencial en las negociaciones climáticas. Brasil ha sido central tanto en los éxitos como en los fracasos de las COPs (Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático). Y México es uno de los países que, en la época de Felipe Calderón, lanzó el Fondo Verde.

También está la economía. Si Francia y, de manera general, la Unión Europea logran firmar un acuerdo de libre comercio con el Mercosur y renegociar en términos ambiciosos el acuerdo que ya existe entre México y la UE, se puede destrabar el comercio con una región como América Latina, desesperada por obtener mayores recursos de inversión extranjera y que también quiere diversificar sus relaciones comerciales. Especialmente México a raíz de la iniciativa del Gobierno de Trump de renegociar el tratado de libre comercio y, por otro lado, los países del sur que vivieron una época dorada gracias a la demanda de materias primas de China, que ahora está cambiando su modelo económico y está creciendo menos.

P. ¿Tiene entonces Francia una nueva oportunidad con América Latina?

R. Estamos ante un momento histórico para cambiar la negligencia benigna que siempre ha existido desde Francia hacia América Latina y darle, por fin, la sustancia política y económica que hace falta para que exista realmente una relación más fuerte. El problema es que todo depende, según el funcionamiento de las instituciones políticas en Francia, de una iniciativa del presidente para hacer que la administración francesa se interese por América Latina y haga que esta sea una prioridad y eso, al día de hoy, no está nada claro. Macron fue el único candidato que hizo una declaración pública criticando la construcción del muro de Trump. Sin embargo, en su programa de gobierno, en sus propios actos como candidato, no hizo mención de América Latina y, hasta ahora, no hay ninguna información que nos permita decir que esta región será una prioridad. En el Gobierno de François Hollande (que visitó Cuba y Colombia) existía la figura de un enviado especial del presidente para América Latina, Jean-Pierre Bel. Ignoramos si ese cargo se va a mantener en el nuevo gobierno.

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