Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Los sindicatos reciben a Mauricio Macri con huelgas y manifestaciones

A su regreso de la gira española, el presidente de Argentina enfrenta un paro docente en el inicio de clases y una marcha de la CGT a la Plaza de Mayo

Mauricio Macri
Manifestación de la CGT al Congreso en noviembre de 2016. Reuters

 Mauricio Macri tiene motivos para extrañar los días que pasó en España. Mientras el presidente recibía los elogios de su par español, Mariano Rajoy, y disfrutaba del optimismo de los empresarios, en Buenos Aires maduraba una gran protesta sindical, la mayor que deberá enfrentar desde que llegó al poder hace 15 meses. Los maestros de todo el país irán al paro el 6 y 7 de marzo, cuando debe iniciar el ciclo lectivo, al que se sumará en el segundo día una manifestación de los sindicatos peronistas que integran la Confederación General del Trabajo (CGT). Los gremios han decidido poner fin a la tregua que mantuvieron con el gobierno de Macri desde su asunción en diciembre de 2016 ante las demoras en la reactivación económica y la pérdida del poder de compra de los salarios, desgastados por una inflación del 40 %. Este será además un año electoral, con legislativas de medio término en octubre.

Macri siempre tuvo en cuenta el poder de los sindicatos en Argentina, sobre todo cuando es usado contra un gobierno que no es peronista. Por eso una de sus primeras acciones fue reunirse con ellos, pedirles paciencia y prometerles que los beneficios del crecimiento pronto estarían disponibles para todos. El año pasado, la CGT mantuvo una relación tirante con la Casa Rosada, pero la sangre nunca llegó al río. Las amenazas de huelga nunca se concretaron y las paritarias salariales, donde se discuten los aumentos del año, acompañaron a la inflación. El gobierno dispuso además el pago de 2.000 millones de dólares que el Estado adeudaba al sistema sanitario sindical, fortaleció algunos programas sociales y obtuvo un compromiso empresario para llegar a marzo sin despidos. Pero la CGT consideró que esos compromisos no fueron cumplidos. Héctor Daer, diputado nacional y miembro del triunvirato que conduce la CGT, resumió con claridad la situación: “Nunca hubo luna de miel [con el Gobierno] porque nunca nos casamos. No somos parte de este proyecto ni coincidimos, pero somos respetuosos de la democracia y de lo que votó la mayoría de los ciudadanos. No somos nosotros quienes matamos la esperanza. El compromiso que se había asumido no lo están cumpliendo", dijo.

Daer (izquierda), Acuña y Schmid, integrantes del triunvirato de la CGT.
Daer (izquierda), Acuña y Schmid, integrantes del triunvirato de la CGT. Telam

La CGT, entonces, declaró la guerra. Para la segunda semana de marzo está prevista una huelga nacional, pero antes habrá una manifestación de todos los gremios a la Plaza de Mayo, donde medirán fuerzas con la Casa Rosada. La convocatoria del 7 de marzo no incluye cese de actividades, pero los gremios industriales ya anticiparon que analizan parar desde el mediodía para favorecer la participación. La protesta, con todo, no está exenta de algunas lecturas políticas inevitables. Este año hay elecciones y el peronismo busca su lugar en el mundo, luego de la dispersión partidaria que produjo la derrota del kirchnerismo contra Macri. Por eso no ha sorprendido el pedido de Cristina Fernández de Kirchner para que sus seguidores apoyen la marcha. Ese mismo día, la expresidenta tiene una cita en los tribunales de Buenos Aires para declarar en una causa por presunta corrupción en la empresa familiar Los Sauces y, como en ocasiones anteriores, está previsto una manifestación en su apoyo. Kirchner llamó entonces por Twitter a no ir a los juzgados sino a “marchar todos y todas, pero junto a los trabajadores”. “La gente está muy mal. No llega a fin de mes", escribió. En la CGT el llamado no cayó bien. "Nosotros no queremos partidizar bajo ningún punto de visto la marcha. No va a haber ningún aprovechamiento político. No hay que desvirtuar el planteo que tiene la movilización para llevarlo a ningún molino de tinte partidario", dijo Daer.

La protesta del 7 de marzo tendrá en la víspera un paro de maestros. Los gremios de todo el país decidieron no iniciar las clases para repudiar la decisión oficial de suspender las paritarias nacionales, el espacio donde se discute el aumento anual que luego será el piso de las negociaciones que cada provincia hace con sus propios docentes. Un primer intento por acordar los salarios de 2017 en Buenos Aires terminó en fracaso. El gobierno provincial ofreció 18 %, acorde a la meta oficial de inflación para este año pero muy lejos del 35 % que piden los maestros, atentos a que esa fue la inflación del año pasado y pretenden recuperar, al menos, lo perdido en 2016.

La paritaria nacional con los sindicatos de la educación es un clásico del mes de febrero, cuando deben acordarse los sueldos del año lectivo que se inicia. Pero la decisión del Gobierno de no convocarla ha elevado la tensión al máximo, tanto que la discusión llegó incluso a Madrid, cuando Macri se refirió a ella durante la rueda de prensa que mantuvo junto con Rajoy. "El Banco Central se ha comprometido con metas de inflación entre el 12 % y el 17 % para este año. Y yo les digo a todos: tengamos en cuenta esas metas", dijo el presidente. Lo cierto es que el año político se inicia en marzo, tras el paréntesis que suponen en Argentina las vacaciones de enero y febrero. Y los sindicatos ya han dejado claro que piensan dar pelea.

Más información