Emilio Delgado, el ‘Rufián’ de Móstoles que quiere unir a las izquierdas
El diputado de Más Madrid, que ha visto crecer su popularidad por sus apariciones en televisión y en redes, participará junto al portavoz de ERC en un acto destinado a repensar la izquierda que ha levantado polémica
Corre el año 2000. Emilio Delgado, por entonces un luchador de taekwondo de 24 años, campeón nacional júnior en varias ocasiones y con la vista puesta en los Juegos Olímpicos de Sídney de ese verano, ve que su mundo entero se desmorona: su puesto en el equipo olímpico de España, que él creía seguro, es adjudicado al final a otro compañero de la selección. Delgado se queda fuera. Con tanta rabia como amargura, decide renunciar en ese momento y olvidarse para siempre de ese deporte al que ha consagrado los últimos años de su vida. Su padre, un oficial de albañilería, de Móstoles, sindicalista de...
Corre el año 2000. Emilio Delgado, por entonces un luchador de taekwondo de 24 años, campeón nacional júnior en varias ocasiones y con la vista puesta en los Juegos Olímpicos de Sídney de ese verano, ve que su mundo entero se desmorona: su puesto en el equipo olímpico de España, que él creía seguro, es adjudicado al final a otro compañero de la selección. Delgado se queda fuera. Con tanta rabia como amargura, decide renunciar en ese momento y olvidarse para siempre de ese deporte al que ha consagrado los últimos años de su vida. Su padre, un oficial de albañilería, de Móstoles, sindicalista de CC OO, le aconseja que se lo piense un poco. “Estás en un buen momento. Habrá otras Olimpiadas”. Pero Emilio le replica que no, que todo está decidido y que no hay marcha atrás: “Yo me bajo. Uno tiene su dignidad”. El padre le responde: “Muy bien: pues ponte a trabajar”. El joven lo hace. Como no tenía más estudios que el bachillerato y no sabía otra cosa que combatir en un tatami de taekwondo, acabó de animador en una feria, vestido de conejo. El día en que su padre lo vio en el salón de casa probándose el disfraz le soltó: “Ya veo que has recuperado la dignidad”.
La historia retrata todavía al Emilio Delgado de hoy, un hombre de 49 años, diputado de Mas Madrid en la Asamblea madrileña: impulsivo, dado a tirar para adelante y meterse en líos. El último es el de reunirse con el portavoz parlamentario de ERC, Gabriel Rufián, el próximo 18 de febrero en un acto cuyo objetivo es el de reflexionar sobre el futuro de la izquierda, que ha generado cierto revuelo político y del que se han desmarcado sus dos respectivas formaciones. El acto encierra algo de desafío compartido. Los dos políticos comparten varias cosas más: los dos son a la vez versos sueltos y figuras relevantes en sus partidos, Rufián más conocido y Delgado más emergente. Los dos son parlamentarios lenguaraces, brillantes y atrevidos que no utilizan nunca papeles para hablar desde la tribuna. Los dos son amigos de las redes sociales y de acudir a debates y a tertulias en televisión, aunque tengan que discutir con el mismo diablo. Los dos proceden del mismo sitio: Rufián creció en Santa Coloma de Gramenet, en la periferia trabajadora de Barcelona, y Delgado, en el sur obrero de Madrid, primero en Vallecas y luego en Móstoles.
Ese origen —padre, albañil; madre, ama de casa; colegio público— marca el carácter, la trayectoria y la ideología del diputado madrileño. Confiesa que saber de dónde viene ha contribuido a no necesitar que nadie tenga que otorgarle el carné del buen izquierdista. Por eso aboga por no pedirlo por su parte y reclama una izquierda amplia, no excluyente, masiva, heterogénea y popular. Aunque eso acarree contradicciones. “No sé cuándo la izquierda decidió abandonar los espacios populares. Pero lo hizo. Y se ha dado la vuelta a la tortilla, porque antes la derecha estaba vinculada a las élites, a la ópera, y los campos de fútbol y los bares eran territorio de la izquierda, pero ha pasado que la derecha ha entrado en ellos porque nosotros ya no estábamos. Estoy harto de escuchar en sitios de izquierda que, por ejemplo, los gimnasios son fábricas de masculinidad tóxica. Y no es verdad”. Ramón Espinar, politólogo y analista político, antiguo diputado autonómico y exdirigente de Podemos, que conoce a Delgado desde hace más de dos décadas, asegura: “A diferencia de muchos de nosotros, que éramos más académicos, él era más directo. Y en torno a eso ha construido muy bien su personaje”.
Tras abandonar el taekwondo —y la ocupación de animador y el disfraz de conejo— estudió dos grados superiores de FP: uno vinculado al deporte y otro al trabajo social. Durante 10 años ayudó a adolescentes conflictivos en barrios marginales. Con las mismas ideas de siempre. Un día propuso a una concejal del PP de Madrid montar unas clases de boxeo. La concejal le replicó que era mejor cursos de teatro porque el boxeo era violento. Y Delgado respondió a su vez que se trataba de organizar algo que les gustara a los chicos, no a ella, que solo así acudirían los chicos y sería posible empezar a educarlos. Volcado desde siempre en el activismo político de izquierdas, en el 15-M se sumó a Podemos, en la corriente de Íñigo Errejón. En mayo de 2015 fue elegido por primera vez diputado de la Asamblea de Madrid.
El sociólogo y diputado por Más Madrid Jorge Moruno explica: “Los liderazgos surgen de los contextos. Y en el contexto en el que estamos, necesitamos renovar el hambre y el ímpetu. Emilio es educado. Pero no solo va a la defensiva, sino que pasa a la ofensiva: con educación, pero con un lenguaje que le entienden desde los chicos de su barrio hasta las señoras de 60 años”. En un Parlamento regional como el madrileño, en el que la presidenta Isabel Díaz Ayuso (PP) juega con frecuencia a provocar a la izquierda utilizando el desdén, el estilo agresivo de Delgado no desentona nada.
Él cuenta que cuando llegó a la Asamblea le sorprendió sobre todo una cosa: “Todos, o casi todos, los de derechas y los de izquierdas, se conocían, habían ido a los mismos colegios y conocían también a los mismos periodistas. Todos se tenían a todos en sus agendas”. En un partido repleto de profesores de Sociología treintañeros que trataban de interpretar lo que quería la gente, Emilio Delgado era casi una anomalía. En cierto modo lo sigue siendo. Resulta sintomático que el libro que está leyendo en este momento y que, según cuenta, le está encantando, es el ensayo de Noelia Ramírez Nadie me esperaba aquí: apuntes sobre el desclasamiento. Clara Ramas, exdiputada de Más Madrid y profesora de Filosofía en la Universidad Complutense, destaca en Delgado su capacidad “para llegar a determinados sectores castigados de población y hablarles en su idioma”. Ramas añade que el diputado madrileño sabe servirse hábilmente de los programas de televisión de tertulias y de debates a los que suele acudir siempre que le invitan. El cantante Ramoncín, amigo de Delgado desde hace un par de años, añade: “Ha sabido detectar un problema: el de la izquierda que no te considera suficientemente de izquierda”.
El pasado mes de octubre, Delgado expresó en una entrevista a este periódico su más que probable intención de presentarse a las primarias de Más Madrid para disputar a la líder del partido y ministra de Sanidad, Mónica García, la opción de enfrentarse a Díaz Ayuso en las elecciones de la Comunidad de Madrid en 2027. La reciente iniciativa con Rufián ha sido vista también como otro paso adelante para encabezar en un futuro las listas del partido. Fuentes de la dirección de Más Madrid aseguran que todo militante “es libre de presentarse a donde quiera”. “En cualquier caso”, añaden, “Emilio debería aclarar lo que quiere, porque ha dado señales contradictorias. Y luego el partido tiene la responsabilidad de alinear sus intereses con los de Más Madrid y ponerle donde más útil vaya a ser al proyecto político”. Esto, sin duda, continuará.