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Trump y su deseo de crear un electorado europeo de extrema derecha

Para el presidente de EE UU lo fundamental es la ideología y no la economía, y quiere exportar su rechazo a la inmigración, al ecologismo y a todo lo que califica de ‘woke’

Quienes pensaron, como pudo creer la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que todo se trataba de economía, de proporcionar al nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, los fondos que él consideraba justo que fueran devueltos a su país, bien mediante pago de aranceles, inversiones, gastos en defensa, etcétera, se equivocaron. Trump pretende que...

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Quienes pensaron, como pudo creer la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que todo se trataba de economía, de proporcionar al nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, los fondos que él consideraba justo que fueran devueltos a su país, bien mediante pago de aranceles, inversiones, gastos en defensa, etcétera, se equivocaron. Trump pretende que Europa aumente su gasto en EE UU. Sin duda, para poder reducir los impuestos en su país, pero lo fundamental para él no es la economía, sino la ideología, pura y dura. Trump tiene un proyecto político basado en la antiinmigración, lo antiwoke y lo antiverde. “No está interesado en exportar democracia. Es una división izquierda-derecha, en lugar de la división tradicional entre democracia y autoritarismo, lo que define las políticas de Trump”, escribe Ivan Krastev, del Instituto de Ciencias Humanas de Viena, y la señora Von der Leyen no parece entenderlo.

Se podría pensar que lo que más desagrada a Donald Trump, y a su equipo de pensadores, procedentes en su mayoría de la Fundación Heritage, es la Unión Europea, el entramado creado a raíz de la II Guerra Mundial, con una serie de acuerdos internos entre países diferentes entre sí, pero cercanos en su experiencia de los años cuarenta del siglo pasado. Trump cree que tiene ahora la mejor ocasión para desmontar, al menos, parte de ese entramado, de manera que se cree un electorado europeo de extrema derecha, una estructura que parta de países como Hungría y se consolide con partidos de raíz autoritaria. Para ello, considera que las políticas de antiinmigración y antiverde (políticas que no den prioridad a medidas contra el cambio climático o similares) pueden ser la columna vertebral de ese nuevo electorado autoritario.

Y de momento, parece tener un cierto éxito: hay bastantes países miembros de la UE que dudan entre estrechar y profundizar las actuales estructuras, con fuertes inversiones internas que le proporcionen nuevo poder interno, como propone el expresidente del Banco Central Europeo Mario Draghi o el ex primer ministro italiano Enrico Letta, y otros que están dispuestos a conectar con las propuestas de Trump, sobre todo en inmigración y en reducción de las políticas climáticas. El presidente húngaro, Viktor Orbán, parece ser el principal motor de ese movimiento de los europeos hacia la derecha autoritaria, pero es poco probable que Orbán sea suficiente para preservar el dominio estadounidense. En cambio, es probable que el ascenso de la derecha iliberal genere una crisis económica y política cada vez más profunda que provocará lo que el politólogo de Oxford Dimitar Bechev define como “la lucha por Europa”, una situación en la que grandes potencias como China y Rusia, y potencias intermedias como Turquía y los países del Golfo, competirán cada vez más por su influencia en ella, asegura Krastev.

Es probable que el primer encuentro serio, el primer momento en que la mayoría de los países europeos tenga que definirse de verdad sea en lo relativo a la regulación de las nuevas tecnologías, inteligencia artificial incluida. Ahí se verá muy probablemente hasta dónde es capaz de resistir la Unión y hasta dónde Europa es capaz de defender sus principios más básicos, mercado único, reglas democráticas comunes. No se trata de que la Unión rehúse impulsar la inteligencia artificial, en su mayor parte procedente de grandes empresas estadounidenses, sino de algo más importante: ¿se van a buscar normas regulatorias para su uso y desarrollo en Europa? Porque la UE hace frente a su imperativo de integración más urgente: sentar las bases institucionales y tecnológicas de la soberanía digital.

Por ahora, la Unión Europea ha conseguido poner en marcha una parte importante de esa regulación digital. Bruselas está a la vanguardia mundial en materia de regulación digital progresista. El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) estableció normas mundiales para la protección de datos, empoderando a los ciudadanos y remodelando las prácticas empresariales. La Ley de Mercados Digitales (DMA) y la Ley de Inteligencia Artificial reafirman el compromiso de Europa con la transparencia, la equidad y el interés público. Pero seguimos dependiendo de proveedores chinos o estadounidenses para acceder a esa tecnología.

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