“No a la guerra”: Sánchez rescata 23 años después el histórico lema de la izquierda contra Bush y Aznar
En pleno conflicto con Trump, el presidente busca un paralelismo con lo que fue un momento de efervescencia contra el PP y el belicismo de EE UU
Fue hace 23 años, en febrero de 2003, cuando aún no se había agudizado ese fenómeno que se ha dado en llamar “polarización” y que casi ha enviado a los libros de historia los grandes consensos. El CIS preguntó a casi 2.500 ciudadanos por la intervención militar en Irak que preparaba la Administración de ...
Fue hace 23 años, en febrero de 2003, cuando aún no se había agudizado ese fenómeno que se ha dado en llamar “polarización” y que casi ha enviado a los libros de historia los grandes consensos. El CIS preguntó a casi 2.500 ciudadanos por la intervención militar en Irak que preparaba la Administración de George W. Bush y a la que daba respaldo el Gobierno de José María Aznar (PP). Y el resultado fue uno de esos acuerdos transversales hoy tan en desuso. Más de nueve de cada diez rechazaban la guerra. Además, aquellos datos no se quedaron solo en el papel. También salieron a la calle, con manifestaciones masivas. Avalancha sin precedentes contra la guerra, tituló este periódico el domingo 16 de febrero sobre las protestas, que movilizaron a más de tres millones de personas tras el lema No a la guerra. Justo el que repitió este miércoles Pedro Sánchez.
En su comparecencia sin preguntas para explicar su decisión de impedir a EE UU el uso de las bases de Rota (Cádiz) y Morón (Sevilla) para el ataque a Irán, que ha llevado a Donald Trump a amenazar a España con la ruptura comercial, Sánchez afirmó: “La posición del Gobierno se resume en cuatro palabras: ‘No a la guerra". El presidente trae así al presente un histórico reclamo de alto valor simbólico, sobre todo en la izquierda, a la que hace 23 años —como ahora— casi todo el mundo daba por perdedora en las elecciones pero que se unió tras una causa y acabó logrando una victoria inesperada al año siguiente.
Se trata de un eslogan que alude a varios elementos incómodos para el PP, como el respaldo de España a una invasión de EE UU justificada con una falsedad —las armas de destrucción masiva—, el inicio de una guerra que dejó a Irak en el caos y la demostración de la izquierda de su capacidad de reacción y remontada. Indirectamente, remite a la resistencia posterior del Gobierno de José María Aznar y del PP de Mariano Rajoy a reconocer la autoría islamista de los atentados del 11-M para evitar que dichos ataques fueran vinculados con Irak.
“Los paralelismos son tan claros que se hacen solos. El presidente solo tiene que decir las cuatro palabras para que casi todo el mundo recuerde tanto el sentimiento de unidad que provocó aquel movimiento como lo que supuso la guerra de Irak: una invasión sin el aval de la ONU, una década con Europa sufriendo el terrorismo, una subida de los precios de la energía...”, añade una fuente de La Moncloa.
“El ‘no a la guerra’ reúne características para movilizar a la izquierda y al menos incomodar a la derecha. Entre ellas, que se apoya en un antiamericanismo transversal que hace que sea impopular aparecer como sumiso a EE UU. Además, se beneficia de que Donald Trump sea una figura mal valorada. Pero que nadie espere efectos inmediatos. Es una idea que tardará en abrirse paso y que no frenará algunas tendencias de voto que favorecen a la derecha y la ultraderecha”, señala una fuente al tanto de los esfuerzos de Sánchez por conectar 2003 con 2026.
“Rebeldía” contra el PP
Carmen Lumbierres, profesora de Ciencias Políticas en la UNED, ve “claras” las intenciones de Sánchez al rescatar el “no a la guerra”. ¿Cuáles? “Trasladar las emociones del electorado, sobre todo del progresista, a un momento de rebeldía contra las mentiras del PP y contra una guerra injustificada, estableciendo un paralelismo”, responde. No obstante, cree que ha pasado demasiado tiempo para que tenga eficacia. “Ni la composición del país es la misma, ni las preocupaciones se parecen. Lo que empuja el voto hacia la derecha, sobre todo en los jóvenes, lo que hace arder las redes sociales, no es el rechazo a la sumisión a EE UU ni a una invasión ilegal, sino la defensa identitaria de Occidente frente al Islam, presentado como una amenaza. Copiar tal cual un lema de un momento en que toda la conversación política era otra es como rescatar a los intelectuales de la ceja [favorables a José Luis Rodríguez Zapatero] en una campaña”, desarrolla.
En 2003, Gaspar Llamazares era coordinador federal de IU. Y fue uno de los rostros y las voces del “no a la guerra”. ¿Son comparables las situaciones? A su juicio, sí. “Entonces como ahora vimos una intervención contra un país al margen del derecho internacional. En ambos casos [Irak en 2003 e Irán ahora], se trata de regímenes repudiables, pero que fueron atacados con argumentos que iban cambiando y con justificaciones que no se sostienen, solo para reordenar Oriente en torno a los intereses de EE UU e Israel. Si 2003 marcó un antes y un después, ahora la intervención en Irán, continuación de la de Gaza, pretende marcar otro”.
OTAN, Bush, Trump
El antiguo líder de IU señala que la principal diferencia es que hoy existe un “desorden mundial” provocado por la “ultraderecha global” que no existía entonces. Un puntal de esa “ultraderecha global” lo encarna Trump, una figura de baja valoración en España. Un76,5% de los encuestados por el CIS para su barómetro de febrero expresan opiniones negativas sobre él. Casi un 80% lo ve un peligro para la paz mundial. Las percepciones sobre Trump contaminan las que se tienen sobre su país. Entre abril de 2024, con Joe Biden en el poder, y junio de 2025, ya con Trump, casi se cuadruplicó el porcentaje de quienes ven a EE UU una amenaza para España, pasando del 5% al 19%, según los barómetros del Real Instituto Elcano.
Abdón Mateos, catedrático de Historia Contemporánea de la UNED, cree que la impopularidad de Trump es uno de los factores que pueden aportar efectividad al “no a la guerra”. Pero no pone ahí el énfasis. A su juicio, la apelación es más profunda. “En España siempre ha habido un subcultura pacifista, contraria a las intervenciones bélicas”, señala el autor de Historia del PSOE en transición (1970-1988) e Historia de la época socialista (1982-1986), uno de los principales conocedores de la trayectoria del partido del puño y la rosa en concreto y de la izquierda española en general. Desde esa condición, afirma que ese sustrato “pacifista” ha emergido con claridad en dos ocasiones: la primera, las manifestaciones en 1986 contra el ingreso en la OTAN; la segunda, las protestas contra la guerra de Irak en 2003. En ninguna de estas dos fechas, la posición del PSOE era comparable a la actual, con los socialistas en el Ejecutivo oponiéndose a la intervención en Irán. En 1986, Felipe González apoyaba la permanencia en la OTAN desde la presidencia. En 2003, Zapatero estaba en la oposición y se echó a la calle contra la invasión de Irak. No obstante, Mateos cree que, incluso entonado desde el poder, el “no a la guerra” tiene “un tirón fortísimo”.
Su colega Juan Sisinio Pérez Garzón, catedrático emérito de Historia de la Universidad de Castilla-La Mancha, considera que las manifestaciones de 2003 fueron expresión de un rasgo de hondo arraigo en la cultura política española: el rechazo al imperialismo estadounidense. “Yo no hablaría tanto de pacifismo como de antiimperalismo. Porque, si te fijas, no ha habido una reacción fuerte al cambio de posición sobre el Sáhara, que debería movilizar a una sociedad verdaderamente pacifista. Y tampoco hablaría de un rechazo a cualquier imperialismo, porque el ruso apenas saca a gente a la calle. El que causa rechazo es el de EE UU, que es el país que vemos como gran potencia. Y la oposición es mayor si España aparece como sumisa. Si el ‘no a la guerra’ de 2003 concitó tanta unanimidad es porque apeló a un rechazo difuso al imperialismo estadounidense con orígenes en la guerra de Cuba, que hace que EE UU tenga mala fama incluso en sectores de la derecha. Eso es lo que quiere recuperar Sánchez cuando dice ahora ‘no a la guerra’”, señala Pérez Garzón.