Estados Unidos confía en su liderazgo energético para mitigar el impacto de la guerra en Irán
Dominar el mercado del gas da a Trump una ventaja estratégica aún mayor que la del petróleo
Detrás de las inopinadas contiendas iniciadas por Donald Trump subyace un sustrato de estrategia que al inicio de su mandato sintetizó con “Drill, baby, drill” —en referencia a la polémica técnica del fracking para obtener energía— y que después se revistió bajo ...
Detrás de las inopinadas contiendas iniciadas por Donald Trump subyace un sustrato de estrategia que al inicio de su mandato sintetizó con “Drill, baby, drill” —en referencia a la polémica técnica del fracking para obtener energía— y que después se revistió bajo la estrategia de “dominio energético”. Con sus acuerdos con Arabia Saudí, Trump ha logrado situar el precio del petróleo en una zona cómoda, donde es rentable para los productores de EE UU, pero a la vez asequible para los ciudadanos. Pero su verdadero punto fuerte está en el mercado del gas, donde Estados Unidos mantiene una posición dominante. [Este texto es un extracto del boletín semanal ‘Inteligencia Económica’ de Cinco Días. Para recibir la newsletter, puedes apuntarte aquí]
En el pasado, otros líderes se han abstenido de entrar en conflictos en la zona del Golfo por la tremenda factura en forma de subida de los combustibles que han terminado pagando los ciudadanos estadounidenses. Aunque Estados Unidos produce petróleo, su precio de referencia es internacional, y una subida global del coste del crudo llega a las gasolineras estadounidenses. Pero Trump, que en materia petrolera parece estar mejor asesorado que en otras áreas, ha visto que la holgura del mercado del petróleo le permitía intervenir sin pagar un coste tan alto. Si la guerra no se prolonga más allá de un mes, la capacidad de Arabia Saudí de bombear petróleo por oleoductos es alta y la mera posibilidad que ha ofrecido Trump de escoltar barcos petroleros mantiene el precio del barril por debajo de los 80 dólares.
Dos días antes del inicio de los bombardeos sobre Irán, la Casa Blanca publicó un artículo proclamando la posición de domino sobre la energía que había conseguido Trump en su primer año de mandato. El principal logro, la exportación masiva de gas natural licuado (GNL), conecta en línea recta con el conflicto en Oriente Próximo. La Casa Blanca dice que “en 2025, se exportaron más de 100 millones de toneladas métricas de gas natural licuado en un solo año, lo que lo convierte en el primer país en alcanzar este hito”. Su previsión es que aumente y el país cumplirá con la nueva demanda gracias a la flexibilización para agujerear el territorio.
Este control global sobre el GNL, siendo el primer productor y en el caso de España suministrando el 30% del consumo, le da a EE UU una nueva palanca de poder sobre la que instrumentalizar su guerra económica. La empresa de GNL de Qatar parará su actividad al menos durante cuatro semanas, lo que supone drenar al mercado del 20% de su producción. Con Rusia bajo sanciones, no hay tantos proveedores de gas a los que comprar para sustituir el suministro catarí. Así que la primera opción será EE UU. En este caso, el índice de referencia del precio del gas en el país, el US Henry Hub, está aislado de los vaivenes externos, con lo que el contagio doméstico es muy limitado.
Dominar el mercado del gas da a Estados Unidos una ventaja estratégica aún mayor que la del petróleo. El gas se ha considerado una “energía de transición” por la UE, que se apoya en este recurso para generar electricidad, con una alta dependencia en países como Alemania. “Desde el inicio de la guerra de Ucrania, el papel de Estados Unidos está en aumento. Y el conflicto lo sitúa como árbitro de la energía mundial”, dice Javier Moret, consultor independiente de mercados energéticos con 25 años de experiencia en el mercado del GNL.
Vender energía más cara ayudará a Washington a menguar el déficit comercial con otros países, después del desastre de los aranceles. No cambiará la vida de los ciudadanos pero será una gran victoria MAGA de cara a las elecciones de medio mandato. También servirá de contrapeso al alto precio de la guerra, que volatilizará los supuestos ahorros DOGE del gasto federal.
El profesor de economía de la Universidad Complutense Antonio Fonfría recuerda que la guerra de los 12 días de 2025, también tras los ataques a Irán, tuvo un coste para Israel de 750 millones de dólares diarios. Tomando como base este conflicto reciente, Fonfría calcula que el actual rondará los 1.000 millones de dólares diarios. La mayor parte del presupuesto se lo llevan los portaaviones que, incluyendo operaciones aéreas, gastan entre 6,5 y ocho millones de dólares al día, según los cálculos de la Consultora Estratégica SP STRATUM. La consultora cree que, según la intensidad que tome la operación Furia Épica, el gasto estará en una horquilla de entre 280 y 832 millones de dólares al día. Fuentes militares dan otras cifras que completan la cuenta: cuatro millones por misil; 240.000 euros por hora de uso un F-35 o 100 millones por cada F-15 derribado.
El 13,5% del petróleo que compraba China hasta ahora era iraní, lo que sumado al 4% que importaba de Venezuela deja al gigante asiático sin una quinta parte del suministro. Una lección por parte de EE UU de que puede buscar alternativas para presionar al Dragón Rojo, ya que por ahora la guerra económica la va ganando Pekín. De hecho, si China necesitara gas de forma inmediata, el que va a encontrar en el mercado será a buen seguro de origen estadounidense. Una parte podrá obtenerla de Rusia y, al igual que otros países asiáticos, tiene el recurso de quemar más carbón.
Como señala Javier Moret, en el mapa geopolítico actual, Rusia es de los pocos países con capacidad de aumentar su producción de gas, ya que tiene varios gasoductos que la conectan directamente con China. Con su debilitada economía, la subida del precio del gas y el incremento de demanda desde Asia serán un bálsamo para las finanzas de Moscú. Además, le conviene que EE UU y Europa vacíen sus arsenales para reforzar su posición en el frente ucraniano.
Por el contrario, uno de los países que peor lo tiene es Japón, explica Moret, porque no tiene conexiones con ductos; no tiene carbón; y tiene problemas con su capacidad nuclear. Al final, el mayor daño es para el mejor aliado de Washington. Corea del Sur también lo tiene muy difícil.
Dentro de la alta dependencia de Europa al gas, la disrupción llega en la primavera, el momento de mayor rendimiento de las capacidades renovables. Con pantanos rebosantes y con los meses de más viento y horas de sol, las renovables pueden dar todo lo que el sistema aguante.
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