La polaca Abakanowicz expone sueños y metáforas

Magdalena Abakanowicz (Falenty, Polonia, 1930) es, seguramente, la artista que mejor representa el arte contemporáneo polaco. Sus obras, esculturas en general, forman parte de las colecciones permanentes de museos como el MOMA neoyorquino o el Ludwig de Colonia. Leyendas, mitos y mundo nómada son los temas centrales de su obra. Sus últimos trabajos, realizados por encargo del Reina Sofía (www.Reinasofia.es), se pueden ver desde hoy en el Palacio de Cristal del Retiro madrileño. La exposición se mostrará después en el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM).

Una gran carpa blanca da ...

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Magdalena Abakanowicz (Falenty, Polonia, 1930) es, seguramente, la artista que mejor representa el arte contemporáneo polaco. Sus obras, esculturas en general, forman parte de las colecciones permanentes de museos como el MOMA neoyorquino o el Ludwig de Colonia. Leyendas, mitos y mundo nómada son los temas centrales de su obra. Sus últimos trabajos, realizados por encargo del Reina Sofía (www.Reinasofia.es), se pueden ver desde hoy en el Palacio de Cristal del Retiro madrileño. La exposición se mostrará después en el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM).

Una gran carpa blanca da cobijo dentro del palacio a la serie de grandes figuras de acero inoxidable que se agrupan bajo el título común de La corte del rey Arturo: Parsifal, Galahad, Merlín o Lancelot llenan de movimiento el Palacio de Cristal.

También bajo la carpa, Abakanowicz incluye una de las instalaciones más representativas del trabajo de esta artista: los Bambini. Son 90 esculturas de cemento y resina que representan el cuerpo de una niña sin cabeza. "Se me ocurrió", cuenta la artista, "cuando una niña me visitó en el estudio y me pidió posar como modelo. Reproduje su cuerpo en forma de tronco de árbol, pero prescindí de la cabeza". Con este conjunto, la artista explica que quiere hablar de la condición humana, de la tensión entre lo individual y lo social, de la diferencia entre identidad y anonimato.

La tensión entre el hombre y la naturaleza, entre el arte y las máquinas, se escenifica a la perfección en el recinto de la exposición. La carpa fue el recurso perfecto para crear una metáfora del mundo de los sueños y de las visiones que se mueven en la frágil frontera que hay entre fantasía y realidad.

Una de las piezas expuestas.
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