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Un funeral de Estado para Recesvinto y Wamba

Diversas iniciativas políticas y ciudadanas reclaman un “enterramiento digno” para los dos reyes godos enterrados en la catedral de Toledo

Desde 1845, los restos mortales de los reyes godos Recesvinto y Wamba reposan en la catedral de Toledo. Una enorme comitiva funeraria los trasladó allí “con gran pompa y solemnidad”, según las crónicas de la época. El estudio El cortejo se despide en la catedral: los restos de los reyes Recesvinto y Wamba en el siglo XIX, publicado en la...

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Desde 1845, los restos mortales de los reyes godos Recesvinto y Wamba reposan en la catedral de Toledo. Una enorme comitiva funeraria los trasladó allí “con gran pompa y solemnidad”, según las crónicas de la época. El estudio El cortejo se despide en la catedral: los restos de los reyes Recesvinto y Wamba en el siglo XIX, publicado en la revista Aequitas, da cuenta del debate reabierto ahora por entidades ciudadanas, partidos políticos y ayuntamientos sobre la ubicación de estos vestigios y la posible celebración de un “enterramiento digno”. En 2017, la urna funeraria, tras diversos tumbos por la catedral, fue colocada en la capilla Mozárabe tras una lápida, pero esta solo es visitable a las nueve de la mañana cuando se celebra una misa. El resto de la jornada el oratorio queda cerrado.

Desde 2024, Joaquín Sánchez Garrido, exalcalde de Toledo, y el historiador Jorge Miranda promueven una campaña para que los restos reciban un “funeral de Estado”. Consideran que esta reparación podría enmarcarse en los principios de la Ley de Memoria Democrática “por una cuestión de justicia histórica y respeto institucional hacia dos reyes que contribuyeron significativamente a la configuración del Estado godo en la península Ibérica”, se lee en el informe.

Por ello, han pedido la complicidad de varias instituciones en el último año. Las respuestas han sido muy dispares: silencio por parte del Ministerio de Cultura; apoyo de los Ayuntamientos de Guadamur, donde los godos escondieron su tesoro en el 711, y de Toledo, donde se situaba su capital o urbs regia; “falta de competencia” alegaron la Casa Real y el Cabildo catedralicio. Por otra parte, el Ayuntamiento de Pampliega (Burgos) ha aprovechado el debate para reclamar que los restos de Wamba vuelvan al pueblo, de donde fueron extraídos en el siglo XIII.

Alejandro de la Fuente Escribano, investigador y profesor del Área de Historia Medieval de la Universidad Rey Juan Carlos, ha analizado cómo comenzó este embrollo “desde una perspectiva multidisciplinar a partir del análisis de fuentes primarias, fondos de diferentes archivos nacionales y locales, prensa histórica, así como testimonios de escritores, historiadores y viajeros”. En su estudio, explica que el liberalismo español del siglo XIX entroncó con el viejo reino godo porque Wamba y Recesvinto “encarnaban los valores fundacionales de la nación española, como la moral católica y la unidad territorial”. Las figuras de ambos monarcas restañaban las “tensiones identitarias espoleadas por las heridas aún abiertas de la ocupación francesa, los efectos de la desamortización, el enfrentamiento entre carlistas e isabelinos e, incluso, por las diferencias ya acusadas entre liberales de corte más moderado o progresista”.

Recesvinto murió en una finca de recreo de un lugar llamado Gerticós, actualmente el municipio vallisoletano de Wamba. Y Wamba, por su parte, falleció en un convento burgalés de Pampliega. Alfonso X (1221-1284), que se consideraba descendiente de los godos, ordenó trasladar ambos cuerpos a Toledo. Se depositaron en la iglesia de Santa Leocadia, junto al alcázar.

En la Guerra de la Independencia, las tumbas fueron profanadas por las tropas napoleónicas. En 1815, los monjes capuchinos recogieron “cuidadosamente los escasos restos diseminados por la capilla” de Santa Leocadia y tapiaron el acceso al subterráneo donde estaban los cuerpos. En 1845, la Comisión de Monumentos de Toledo decidió llevar a cabo una “exhumación solemne” a la que asistieron altos mandos militares, diputados provinciales, miembros del clero toledano y destacados integrantes de la Comisión de Monumentos. Encontraron dos sepulcros y en cada uno de ellos una caja con los restos recogidos por los monjes 30 años antes.

Un maestro artesano construyó días después una urna de madera de cuarenta centímetros con dos compartimentos interiores de zinc. Se hicieron, además, dos llaves, una para el Cabildo y otra para la reina Isabel II. Luego, se acordó un gran cortejo que recorriese la ciudad y que trasladase los vestigios a la catedral. Los restos, hasta el día de la comitiva fúnebre, quedarían a resguardo en la iglesia de San Ildefonso, arzobispo visigodo toledano.

El 23 de febrero de 1845, en el exterior de la iglesia, aguardaban tropas de caballería e infantería, junto con efectivos de la Guardia Civil listos para acompañar a la comitiva. La tropa hizo los honores de ordenanza y la guardia de honor se dispuso para tomar la custodia de los reales cadáveres. En el cortejo participaron las autoridades civiles y militares de Toledo ―se cursaron 352 invitaciones―, diputados, miembros de cofradías, religiosos con insignias y cirios y hasta niños de la inclusa. “Finalizada la solemne ceremonia de traslación, la urna con los restos reales es depositada en la capilla de Reyes Viejos hasta que el Gobierno de Isabel II determine su destino definitivo”, según los periódicos de la época. Una comisión sería la encargada de diseñar los sepulcros. Y pasaron cincuenta años...

Un miembro de la Real Academia de la Historia denunció en 1896 que los restos estaban “en una alacena del salón principal de la sacristía”.

Y pasaron otros 25 años más... La comisión pidió en 1920 al rey Alfonso XIII que interviniera para “dar descanso decoroso de esos venerables restos”. La arqueta desde entonces ha dado tumbos por la catedral pasando de la sacristía al Ochavo —una capilla de reliquias— y en el año 2017 a la capilla Mozárabe. El Cabildo acordó, además, que cada 30 de agosto se celebrase una misa funeral en su memoria. Por su parte, la toledana Cofradía de la Caridad, fundada en 1085, considera que estos reyes ya recibieron así su merecido entierro en 1845.

Pero el Ayuntamiento de Toledo (PP, Vox y PSOE y la oposición de IU-Podemos) y los promotores de la iniciativa ―Joaquín Sánchez Garrido y Jorge Miranda― creen que esa reparación de hace dos siglos no es suficiente, porque no fue un funeral de Estado. Defienden que el acto se podría enmarcar en los principios de la Ley de Memoria Democrática, ya que no se trata de una reivindicación turística o anecdótica, sino de una cuestión de “justicia histórica” hacia dos reyes que “en tiempos de incertidumbre, forjaron un reino que se convirtió en cuna de leyes y tradiciones que perduran hasta nuestros días”.

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