Carolina Durante: cómo sobrevivir a una gira explosiva que te coloca en la cima

Tras meses de exposición por el éxito de su tercer disco y el ‘tour’ que culmina este viernes en Madrid, la banda reniega de las redes más que nunca. El vocalista esconde incluso su teléfono en una caja fuerte

Carolina Durante, en una calle madrileña una tarde de febrero. De izquierda a derecha, Martín Vallhonrat, Mario del Valle, Diego Ibáñez y Juan Pedrayes.Álvaro García

Diego Ibáñez (Madrid, 28 años), voz de Carolina Durante, banda que en los últimos meses ha destacado en expansión y exposición entre los grupos musicales españoles, se ha comprado una caja fuerte. “Tiene un temporizador: meto el móvil durante seis horas, la cierro, y solo puedo mirar dos veces al día”, explica. Y repite, entre el subraya, entre la proclamación y la incredulidad: “Tengo una caja fuerte para el móvil”.

—¿Y pasa seis horas sin mirarlo...

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Diego Ibáñez (Madrid, 28 años), voz de Carolina Durante, banda que en los últimos meses ha destacado en expansión y exposición entre los grupos musicales españoles, se ha comprado una caja fuerte. “Tiene un temporizador: meto el móvil durante seis horas, la cierro, y solo puedo mirar dos veces al día”, explica. Y repite, entre el subraya, entre la proclamación y la incredulidad: “Tengo una caja fuerte para el móvil”.

—¿Y pasa seis horas sin mirarlo?

—¡Es la meta! La gente eso lo ve como un logro.

—¿Huye de él o es desinterés?

Cuando Benzema dijo: “Internet no existe”, creo que ese es el objetivo. A día de hoy, para mucha gente, importa más internet que la vida real. Creo que le está ganando el pulso. Y eso es un problema.

Al otro lado de la mesa, el bajo del grupo, Martín Vallhonrat (Madrid, 32 años), abunda: “Mi vida no es tan diferente a como era antes. Si ignoro lo mediático, las redes, mi vida, en ocho años, no ha cambiado tanto. Las giras y tal, sí, pero el resto… no tiene gran influencia en mi vida. A la que te quitas el móvil durante largos periodos de tiempo, el mundo cambia, tío”.

Carolina Durante, en febrero en Madrid.Álvaro García

La línea entre el mundo real y el digital se ha convertido en una seria preocupación para los cuatro integrantes de esta banda de punk pop castizo. Y a simple vista tiene hasta sentido que un grupo tan tendente a lo retro, con un pie en 2025 y otro en los Nikis, mire con recelo el hábito más cuestionable de sus menores. También es cierto que en los últimos meses —desde que, el pasado 25 de octubre, Carolina Durante presentó su tercer álbum, Elige tu propia aventura, y se embarcó en una gira por España que culmina este viernes en Madrid con un Movistar Arena a rebosar—, han estado más en boca (y manos) de redes y medios que nunca.

Les han afeado cosas que han dicho, como cuando, a finales de enero, Ibáñez hizo un par de bromas sobre Getafe en un podcast y X dio por hecho que tan en broma no iba. Se han afeado también cosas que no tienen nada que ver con ellos, como los pogos en sus conciertos. Se ha afeado que ocultaran la participación de Rosalía, cuñada de Ibáñez, en una de las canciones. Se les ha etiquetado de mil maneras: música para cayetanos, música alegre para personas tristes, música para nihilistas.

—Con mi vida yo me siento optimista —dice Ibáñez.

—¿Y con el mundo?

—Ni de puta coña.

Carolina Durante ha entrado, en fin, en el mundo de los famosos, cuando uno pierde el control de su propia imagen y el suelo desaparece bajo los pies. Tocando llevan su tiempo, pero hasta ahora eran un grupo de ver en directo (en 2019, cuando firmaron por Universal, llevaban dos años actuando y acumulaban ocho canciones: un opus de 22 minutos). Elige tu propia aventura es el primer disco que permite conectar con la banda desde casa.

Carolina Durante, en Madrid.Álvaro García

Ibáñez: Ya solo por cómo está cantado. Es más suave, menos hooligan, menos a saco.

Mario del Valle, guitarra: Digamos que el otro está más dirigido a la fiesta, más acelerado. Está más hecho para que te prepares para el concierto.

Vallhonrat: Está más cuidada la producción. Ha habido una intención de hacer un disco que sirva como artefacto individual, ¿sabes? Que no sea como “Ah, mira este disco, qué ganas tengo de escucharlo en directo”.

El mundo de los famosos no es un lugar amable, incluso para una banda de fieles tan fieles. Los presentes en la mesa (Ibáñez y Vallhonrat, los más locuaces; Del Valle y el batería Juan Pedrayes, que escucha con solemnidad pero no participa) han hecho lo mismo que tanta gente abrumada por las redes y los titulares: dejar de hacerles caso. “A mí me lo envía mi madre”, dice Ibáñez. Al grupo de WhatsApp que comparten se mandan solo las afrontas reseñables. Ibáñez gestiona las redes del grupo: sus desconexiones son contadas. Tras meses de entrevistas, se revuelven incluso con las etiquetas más obvias.

¿Son, como dicen tantos críticos, un grupo indie? Ibáñez: “Nunca lo hemos sido”. Vallhonrat: “Ni somos indie como género musical ni somos indie en la manera que hemos trabajado. Nuestro primer disco está sacado con una major”. Vale. ¿Son un grupo de izquierdas? Ibáñez resopla: “Esto de ser de izquierdas, hay un punto que es como... para ser de izquierdas tienes que pensar esto, esto, esto, esto, y esto. El pack de la izquierda. Y si no cumples con una de esas premisas, estás fuera”. ¿A él le ha pasado? Pausa. “No, pero a mucha gente le sucede. De repente suelta algo y ya… ‘Facha, facha, facha”. Del Valle: “Ese dogma tan hermético va en contra de que haya un discurso y una conversación real tanto con los tuyos como con la gente con la que no estás de acuerdo. Ya no existe ese diálogo”. Vallhonrat, portavoz de la obsesión del grupo: “El algoritmo…”.

—Sus letras son bastante de izquierdas. Hablan de homofobia, racismo, clasismo con sensibilidad.

—Hay cosas que no me parecen que sean de izquierdas, me parecen obvias —dice Ibáñez.

Y aquí estamos. En esta mesa, nada de lo que sale de un móvil se acepta como realidad. ¿Qué hay fuera del móvil? Vallhonrat: “He pasado épocas muy locas de estar enganchado. Si me quito Instagram, me paso horas jugando al puto ajedrez. Es un tema de puro escapismo. Siempre encuentras una excusa, si no es YouTube es otra cosa”. Y añade: “Es escapismo de no gestionar el aburrimiento”.

—¿Ahora ya no se aburre?

—Me aburro mogollón, claro, pero intento aburrirme. El aburrimiento es uno de los grandes disparadores de la creatividad y conexión con la peña. Te obliga a vivir tu tiempo de alguna manera. Leyendo, pintando…

Ibáñez: …afrontando tus movidas.

Del Valle: Yo busco aburrimiento de calidad. No es lo mismo estar viendo mierda en YouTube que ponerte un disco y dejarte llevar por su sabor. Cuando estás con mil mierdas no tienes tiempo de pararte.

Vallhonrat: Lo que los artistas llaman el vacío fértil. Ese momento en el que dices que te dices “qué estoy haciendo”. Cuando estás haciendo un disco a veces pasa que quedas para ensayar y no sale nada, pero eso es en sí mismo.

Ibáñéz: Ir a pescar, decía David Lynch. Estar viéndolas venir, ir a ensayar a ver qué puede salir, tocar notas.

Vallhonrat: Hay días que es un desastre y sales diciendo “dios, vaya mierda”, o ensayas tres horas y dos horas y media son una mierda y la última media hora parece algo que parece que está bien. Pero para eso necesitas tiempo. Aburrirte.

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