Antonella Marty, politóloga: “Si eres nazi la sociedad libre te va a cancelar, porque busca ser democrática”

La escritora argentina analiza el devenir de las ideologías políticas y el gran desorden y confusión que se da entre ellas en tiempos cada vez más polarizados

Antonella Marty, escritora y politóloga argentina, retratada en la madrileña Fundación Rafael del Pino, el 4 de junio de 2024.Jaime Villanueva

Antonella Marty (Buenos Aires, 32 años), escritora y politóloga (también diplomada en Física), acaba de publicar el ensayo Ideologías (Deusto). Es un repaso de la evolución de las corrientes de pensamiento político donde describe una época en la que volvemos a ideologizarnos; aunque ese proceso de reideologización suceda en un “completo desorden” y provoque polarización. Es también autora de El manual liberal (2021) y Todo lo que necesitas saber sobre… (2022), ambos publicados en Deusto. ...

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Antonella Marty (Buenos Aires, 32 años), escritora y politóloga (también diplomada en Física), acaba de publicar el ensayo Ideologías (Deusto). Es un repaso de la evolución de las corrientes de pensamiento político donde describe una época en la que volvemos a ideologizarnos; aunque ese proceso de reideologización suceda en un “completo desorden” y provoque polarización. Es también autora de El manual liberal (2021) y Todo lo que necesitas saber sobre… (2022), ambos publicados en Deusto. Visitó Madrid y presentó su libro en la Fundación Rafael del Pino.

Pregunta. Usted es, o era, liberal.

Respuesta. Llegó un momento en el que decidí que no podía seguir defendiendo una palabra insalvable, muy relacionada ahora con los movimientos de la nueva derecha. Javier Milei dice que es liberal, que es libertario, usa símbolos con los que yo ya no quiero que me vinculen. Habla de liberalismo, pero es un liberalismo sin libertad. Un sinsentido.

P. ¿Cómo se define, pues?

R. No sé qué palabra usar. En términos económicos tampoco aprecio ese dogmatismo de mercado que ahora veo. O esos anarcocapitalistas que dicen que el Estado tiene que desaparecer, que no tiene que haber subsidios. Yo creo que el Estado es importante y debe tener presencia. He estado muchos años dentro de lo que se llama movimiento liberal y he visto que es prácticamente una secta.

P. ¿Cómo que una secta?

R. Una secta en el que un grupo de viejos amigos deciden si entras o no, y si eres mujer, imaginate, peor. Si hablas de feminismo, sos la loca; si hablas de libertad migratoria, olvidate, porque se está contaminando la pureza de la que hablan; si hablas de legalización de las drogas, tampoco; si hablas de derechos y libertades LGTB, te dicen que sos una marxista cultural. En algún momento tenía que parar. Eso no era lo mío. Hay un fundamentalismo de todo, menos de la libertad.

P. ¿Cómo funciona esta “secta”?

R. Es una red de fundaciones cuyos principales donantes son de la derecha trumpista estadounidense. De ahí se deriva lo que hay en Vox, en la Fundación Disenso, la Carta de Madrid. Muchas fundaciones liberales están hoy en esa especie de nacionalismo cristiano que intenta unir a la religión al poder otra vez. Te critican la Agenda 2030, para ellos todo es un complot, lo woke a destruir el mundo.

P. ¿Qué pasa con lo woke?

R. No hay nada más woke que la idea de liberalismo tal y como yo la concibo. El despertar del pensamiento, que cuestiona las cosas. No hay nada malo en cuestionar, pero a ese movimiento liberal la duda no le gusta.


Antonella Marty, escritora y politóloga argentina, en la Fundación Rafael del Pino en Madrid, retratada el 4 de junio de 2024.Jaime Villanueva

P. ¿De dónde sale esta derecha?

R. De la idea de un pasado al que quieren volver. La nostalgia por lo que ellos entienden por Occidente, que no comparto, porque se refieren a los tiempos previos a la Ilustración. A mí me interesa el Occidente que busca sociedades más libres y abiertas, que cuestiona unas relaciones de poder que ellos niegan. También les une la construcción de enemigos en común, la teoría conspirativa.

P. El liberalismo clásico ha estado a veces en un territorio borroso entre la izquierda y la derecha.

R. Para mí el liberalismo jugó tradicionalmente fuera de ese eje izquierda-derecha. Cuando apareció, no cuestionaba a la izquierda, sino a la derecha, a las ideas teocráticas, para separar la religión del Estado y el poder. Ahora quieren unir de nuevo los valores religiosos al poder. Y sabemos lo peligroso que es eso.

P. ¿Cómo encaja con el feminismo?

R. Hay quien dice que el feminismo liberal es lo importante, que solo importa el de la primera ola… pero para mí todas las olas son importantes, todas tienen algo que decir. Se le acusa de victimizar a la mujer, pero es que la mujer está siendo víctima todavía de un modelo heteropatriarcal que marca a estas nuevas derechas y que las hace, por ejemplo, ir contra el aborto. El gobierno de Milei dice que los hijos de los padres divorciados rinden peor en las escuelas, que el aborto es la agenda socialista que causa muerte, genocidio, qué se yo. Es la imposición de una moral.

Cuando apareció, eliberalismo no cuestionaba a la izquierda, sino a la derecha, para separar la religión del Estado y el poder

P. A finales del siglo XX se habló del fin de las ideologías y hasta del fin de la historia. ¿El mundo está hoy más ideologizado?

R. Sí. Antes se dividía en capitalismo y comunismo, uno podía identificar esas ideologías con facilidad. Pero hoy han aumentado las etiquetas y vivimos en una biblioteca completamente desordenada. No sabemos dónde están los libros, ni de qué trata cada uno: todo está mezclado. Hoy el liberalismo se identifica en ocasiones con el supremacismo o el nacionalismo blanco, con la derecha alternativa. Eso dice mucho del desorden ideológico.

P. El miedo al comunismo también resurge.

R. Todo parece ser comunismo para ciertos sectores. Absolutamente todo. ¿Pero dónde hay comunismo? Nicolás Maduro habla de “patria o muerte” que es lo mismo que dicen Milei o Victor Orban. Milei repite que el socialismo está tomando el mundo, todo el rato, como una frase de Twitter. Muchos jóvenes caen en eso y no se animan a cuestionarse a sí mismos. Yo, cuando hablo de Michel Foucault, que me parece un autor fundamental para entender el poder y el deseo, me consideran una marxista total, una representante de Marx y Engels. No creo que ni siquiera que se entienda la obra de Ludwig Von Mises o Ayn Rand.

P. ¿Qué une esas nuevas derechas desordenadas?

R. La idea de que vivimos en el caos, en las garras del comunismo, de la decadencia cultural de Occidente. Llaman decadencia, por ejemplo, a las teorías de género, que ni siquiera han leído. El rechazo al feminismo algo de los que les une. El feminismo es decisivo en este proceso: busca cuestionar esas ideas sobre cómo tiene que ser una mujer, cómo tiene que comportarse.

P. Ese enemigo común también sirve como pegamento ideológico.

R. Sí, quieren ser el macho alfa dominante del heteropatriarcado que viene a restaurar un momento nostálgico, un pasado cuando las cosas estaban bien. Pero… ¿para quién estaban bien? Por eso está bien que las mujeres hablen, que se hable de los abusos, el #metoo…

La nueva derecha se une contra el feminismo y por la idea de que la sociedad occidental está en decadencia, de que todo es comunismo

P. ¿Ser de derechas se ve como nueva rebeldía?

R. Es cuestión de ciclos. Los hubo de liberación de la mente y cuestionamiento del sistema, como en los años 60 y 70. Pero luego vuelve lo que critica todo eso, lo que quiere volver a un pasado, a los años 50, donde no se cuestiona, donde se acalla al disidente. La juventud tiene un rol importantísimo.

P. ¿De qué modo?

R. En Argentina muchos repiten lo que dice Milei por esa idea de la rebeldía. Está de moda lo reaccionario, incluso el uso de la violencia y el rechazo de la empatía. Decir que los pobres lo son porque se lo merecen. Muchos se asocian a la religión. Milei dice que él es el león, el elegido por Dios para salvar el mundo. Jugar con estos símbolos es peligroso, porque no sabes qué pueden despertar.

P. ¿Dónde queda la derecha tradicional, el centro derecha de toda la vida?

R. Esos espacios políticos se están derechizando. En Argentina, por ejemplo, le dan plenos poderes a Milei, ese hombre que da conciertos mientras el país está en una situación catastrófica o que viaja a España a un acto partidario y ni siquiera se reúne con el gobierno oficial. Todos sus viajes han sido actos partidarios o giras religiosas. Es como si viviera en una realidad paralela. Ellos creen que hay un derecho a ofender, pero para mí no existe: el bullying no es libertad de expresión. Y luego se quejan de las consecuencias, como la cancelación: si sos racista u homófobo te van a cancelar. Si eres nazi la sociedad libre te va a cancelar, porque busca ser democrática. Pero se ponen en el papel de víctimas.

P. ¿Qué pinta la izquierda en este panorama?

R. Los regímenes que se dicen de izquierda como Cuba, Venezuela o Corea del Norte, más que de izquierda típica se han convertido en nacionalismos de izquierda, y creo que el nacionalismo, de cualquier signo, es el gran peligro de nuestra época.

P. ¿Y dentro de la izquierda “típica”?

R. En Argentina, al menos, las corrientes más de izquierdas, socialistas, comunistas, son las que están hablando ahora mismo de las cosas más coherentes: hablan de Estado de Derecho, de república, de no dar poderes a un tipo desquiciado como Milei. Es donde se entiende la defensa de la democracia. Yo creo que a la socialdemocracia hay que verla más hoy en día como una rama de la democracia que como una versión del socialismo. Desde movimiento liberal se la critica mucho, pero tiene aspectos totalmente salvables. Los países a los que mejor les va son los nórdicos, que tienen un modelo que entiende algo de ambas cosas: de la libertad y de lo social. Así se logran sociedades que avanzan, en las que la gente puede vivir bien.

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