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El Gobierno de Kast busca dar un golpe de efecto ante la migración irregular con el despegue de un primer vuelo de expulsados

El Ejecutivo ha enfrentado un muro de dificultades para cumplir sus promesas de campaña. En el primer mes no hubo deportados y la excavación de una zanja junto a las fronteras con Perú y Bolivia lleva un avance de 10 kilómetros

Migrantes fueron trasladados a sus países en un vuelo de la Fuerza Aérea de Chile, el 5 de julio de 2024.GOBIERNO DE CHILE

Cumplido el primer mes al frente del Gobierno de Chile, la Administración de José Antonio Kast busca dar este jueves 16 un golpe de efecto en el capítulo migratorio con la partida del primer vuelo con irregulares expulsados de su gestión, logro que se suma a la excavación de zanjas de tres por tres metros en el norte del país. La lucha contra la inmigración irregular, una de las tres prioridades de la Administración de derechas (junto a la seguridad y la economía), ha enfrentado dificultades y mostraba escasos resultados, el más destacado hasta ahora, las excavaciones que llevan a cabo militares y operarios de la dirección de Vialidad, donde el avance está en torno al 30%, de un total de 30 kilómetros estimados en distintos puntos de los 1.030 kilómetros de frontera con Perú y Bolivia.

La partida del primer vuelo con unos 40 sin papeles, principalmente con destino a Ecuador y Colombia, como confirmaron fuentes del ministerio del Interior, llega dos semanas después de que, en una entrevista radial, Kast reconociera que su Gobierno no había echado a ningún migrante irregular. Eso a pesar de que el ahora presidente chileno hizo campaña con la promesa de impedir el ingreso de más extranjeros sin papeles y con la amenaza, en forma de cuenta regresiva, de que apenas llegara al poder, buscaría a los irregulares, los sancionaría y expulsaría del país. “Expulsados por el Gobierno, ninguno, hasta ahora. Pero dentro de los próximos meses, ustedes van a ver un sistema continuo de expulsión de migrantes. Estamos analizando el cómo hacerlo vía aérea, cómo plantearlo vía terrestre y vamos a ir paso a paso abordando el tema”, dijo entonces.

La semana pasada, durante un encuentro con vecinos de la localidad de Coltauco, en la región de O’Higgins, 120 kilómetros al sur de Santiago, volvió a invitar a los migrantes “ilegales” que dejen el país por propia iniciativa, y aseguró que presentará cifras de expulsados que sorprenderán. Eso sí, en 2027. “Vamos a ir poniendo reglas claras. Esto no es de un día para otro, pero les aseguro que, en la cuenta pública, no la de este año [del 1 de junio], la del próximo año [2027], vamos a terminar sorprendiéndolos con los números que van a ver”, dijo el mandatario.

Frank Sauerbaum, director del Servicio Nacional de Migraciones, dependiente del ministerio del Interior, reconoció en entrevista con el medio Emol las dificultades que enfrentan para sacar del país a extranjeros en situación irregular. “Tenemos 44 mil personas listas para ser expulsadas”, afirmó Sauerbaum. De esa cifra, 65% son venezolanos. Pero explicó que no cuentan con recursos suficientes para hacer efectivos esos decretos de expulsión ya firmados, y que, al estar congeladas las relaciones consulares con Venezuela, se hace imposible coordinar algún tipo de gestión con Caracas.

En el plano legislativo, el martes la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de ley —presentado hace un año por la derecha tradicional, no por el partido de Kast— que restringe el acceso a los beneficios sociales de los migrantes irregulares. Con 95 votos a favor, 48 en contra y siete abstenciones se dio luz verde que en los servicios de salud y en el ingreso al sistema escolar tengan prioridad los chilenos por sobre los sin papeles. Además, se establece que para recibir aportes económicos directos, subsidios habitacionales o de arriendo de parte del Estado, los solicitantes tendrán que tener residencia definitiva. La iniciativa —que ahora debe ver el Senado— contó con votos a favor de la centroizquierda.

José Antonio Kast

Kast se autoimpuso el plazo de seis meses para poner un cerrojo en la frontera e impedir el ingreso irregular de personas, que en los últimos años disparó inmigración en Chile: según las cifras oficiales, el número de extranjeros que vive en Chile supera los 1,9 millones de personas, casi el 10% de la población del país, y 336.000 se encuentran en situación irregular. La gran mayoría son venezolanos.

“Queremos usar las retroexcavadoras para construir un Chile soberano (…) que ha sido vulnerado por la inmigración ilegal, por el narcotráfico, por el crimen organizado”, dijo Kast cerca de la frontera peruana el 16 de marzo —apenas cinco días después de instalarse en el palacio de La Moneda— con el puntapié inicial de la construcción de la zanja que, con vallas, drones y mayor presencia policial y militar, busca poner en marcha lo que ha llamado el “Plan Escudo Fronterizo”. El fin de semana, el ministro de Obras Públicas, Martín Arrau, destacaba en el Canal 13 de televisión que “en estos 30 días hemos hecho más en este tipo de cosas [las zanjas] que lo que se ha hecho en los últimos 10 años, en términos de avance, de metros cúbicos removidos, de kilómetros lineales avanzados”.

El plan original para el cierre de los límites fronterizos —elaborado por el general en retiro y actual senador republicano Cristián Vial— contemplaba zanjas, cercas, muros de hasta cinco metros de altura, sistemas de visión, como cámaras térmicas e infrarrojas, sensores, radares y drones con cámaras de reconocimiento facial. Sin embargo, Arrau descartó que por ahora se vayan a levantar muros y priorizó los esfuerzos en las zanjas, que ya llevan unos 10 kilómetros cavados. “Es una solución costo-eficiente salvaje. Es muy barato por metro, comparado con hacer un muro, por ejemplo, [como el] que hay en otros países”, dijo en radio Infinita. El ministro destacó que, tal como ha salido en redes sociales, en “algunos sectores más acotados” el viento vuelve a echar tierra a la zanja por lo que es necesario volver a trabajar en ellas.

Incluso aclaró que el objetivo de las barreras que se excavan no es la migración irregular: “La zanja (…) no está tan orientada al flujo migratorio, [aunque] puede ayudar a eso. Está más bien orientada a impedir el tráfico, el contrabando”. Pero explicó que, aunque la zanja es el punto más visible del “Plan Escudo Fronterizo”, es parte de un sistema: “El ejército duplicó la cantidad de personal que está operando en esa zona, [ha aumentado] la cantidad de puestos de observación, de tecnología, de visión nocturna, equipo que les está llegando”.

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