Ir al contenido
_
_
_
_
Violencia en el fútbol
Opinión

El fútbol chileno y la ley del Titanic

La llegada de José Antonio Kast a La Moneda debería significar un cambio, toda vez que en su campaña enfatizó su programa de seguridad, directamente ligado a grupos organizados como son las barras bravas

Fanáticos del Universidad de Chile en Avellaneda, en agosto de 2025.Gustavo Garello (AP)

El fútbol chileno siempre sorprende. Para enfrentar la creciente e ingobernable violencia de las barras bravas los esfuerzos policiales, políticos y administrativos no han dado resultado. Con Colo Colo y la Universidad de Chile —los dos clubes de mayor arrastre— sancionados a nivel internacional por inconducta, en el plano interno las cosas no son mejores.

Los organismos del Estado para enfrentar el fenómeno con el recientemente creado ministerio de Seguridad, que heredó del ministerio del Interior una oficina llamada Estadio Seguro, creada en el primer Gobierno de Sebastián Piñera y que debía coordinar los esfuerzos policiales con los clubes y la Liga para la programación de los partidos. Su fracaso fue estruendoso en los hechos, y fue eliminado. En su reemplazo se creó la Fuerza de Tarea sobre Seguridad en el Fútbol, que a pocas semanas del cambio de mando en La Moneda. Aún no tiene director designado.

La llegada de José Antonio Kast a La Moneda debería significar un cambio en esa materia, toda vez que en su campaña enfatizó su programa de seguridad, directamente ligado a grupos organizados como son las barras bravas. Para el diseño de las nuevas políticas son fundamentales los delegados presidenciales, que tienen a su cargo el orden público en las regiones y que no lograron ofrecer durante el mandato de Gabriel Boric un criterio uniforme. La mayor parte de ellos sencillamente limitó aforos, prohibió la presencia de hinchas visitantes o, simplemente, mandató jugar sin público. No se conoce aún el criterio de las nuevas autoridades a ese respecto.

El inicio del campeonato volvió a enfrentar a los violentos barristas con el sistema. Debido al alza en el precio de las entradas y los abonos, un grupo de hinchas de la Universidad de Chile amenazó con interrumpir su partido debut en el torneo —ante Audax Italiano— y extendió la advertencia a todo el resto de la primera fecha. En número reducido y repudiados por el resto de la asistencia, lanzaron bengalas, rompieron rejas, agredieron a los guardias y finalmente incendiaron las butacas en dos sectores del Estadio Nacional de Santiago.

La sanción del tribunal deportivo de la Liga chilena sopesó los antecedentes. Los hinchas de la U no pueden ver a su equipo en ningún partido de los certámenes internacionales, no pueden asistir cuando son visitantes en Chile, pero igual se valoró el dispositivo de prevención dispuesto por el club y el repudio del resto de la hinchada.

El sector de la barra —en la galería sur del recinto— estará clausurado por un partido, y a los dos restantes sólo podrán ingresar las mujeres, los niños menores de 12 años y los varones de más de 65. Una medida que replica y aumenta la aplicada en la Supercopa, donde pudieron ingresar sólo mayores de 55, ya fueran hombres o mujeres.

La singularidad de la medida intenta hacer justicia con aquellos hinchas de buen comportamiento en los estadios, pero reabrió polémicas. ¿Qué impide, por ejemplo, que los autores de los desmanes que no han sido reconocidos ingresan a otros sectores del estadio y revivan el vandalismo? Independientemente de lo que hayan resuelto los tribunales futbolísticos, se espera el cambio de mando. Chile pasa de la extrema izquierda en el Gobierno a la extrema derecha. ¿Cambiará el panorama para el fútbol?

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_