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José Antonio Kast
Tribuna

Ministro de fe

Al Excel presentado esta semana por Jorge Quiroz le hará falta gestión política y habilidades negociadoras frente a un Congreso de conformación compleja y unos gremios que parecen estar predispuestos a complicar las cosas

Jorge Quiroz, coordinador económico de José Antonio Kast, en el Encuentro del ICARE Prioridades para Chile, en Santiago, Chile, el 8 de enero de 2026.

“El mejor de los nuestros”. Con esas palabras el presidente electo José Antonio Kast cedió el podio este miércoles a su flamante futuro ministro de Hacienda Jorge Quiroz en un encuentro realizado por Clapes UC y que reunió a una conspicua audiencia política, empresarial y académica.

La frase, que ya había sido utilizada por Gabriel Boric en 2023 en referencia al exministro Giorgio Jackson, esta vez se la pronunció en una ceremonia de bienvenida que situó al futuro jefe económico al centro de las miradas. Sin entrar en cómo pudo ser recibida la afirmación por el resto de “los nuestros”, lo cierto es que Jorge Quiroz subió a escena haciendo gala de confianza y elocuente dominio de la situación

Habían transcurrido apenas 12 horas de la confirmación del nuevo gabinete y el futuro titular de Hacienda no escatimó recursos en una performance que no pasó inadvertida. Hizo un desglose pormenorizado del trabajo que él y su equipo han realizado por años (en algunos temas, dijo, desde la época del estallido social); presentó un mapeo grueso de las 40 medidas clave para los primeros días de administración, las que afirmó están clasificadas en una columna con las letras L, G y D (Ley, Gestión y Decreto) y teñidas de color en las líneas horizontales del Excel según su avance (verde, las que están listas; marrón, las que aún están en manos de los abogados y rojo, las atrasadas); detalló parte de las medidas tributarias que se enviarán al Congreso en abril; avanzó sobre la gradualidad y las fases del ajuste fiscal con miras a alcanzar nuevamente un balance estructural al cierre del Gobierno; adelantó que se trabaja en un agresivo plan de liberalización del uso del suelo; anunció a su futuro director de Presupuestos y, por si fuera poco, cerró señalando que esperaba sacar adelante esta agenda con mayorías parlamentarias, entre otras cosas.

Quiroz dejó una buena impresión en la audiencia. Y la dejó tanto respecto del trabajo realizado en los últimos meses, como con relación al equipo que está armando y las ambiciones trazadas. Él y el mandatario reiteraron que el país vive una emergencia económica estructural (que se suma a las emergencias social y de seguridad), señalando que su inicio está claramente datado en 2014, cuando un hito (la reforma tributaria de Alberto Arenas) y un proceso de acumulación burocrática de permisos, terminaron dando un tiro de gracia a un fenómeno de erosión cultural, donde la libertad y el emprendimiento estaban perdiendo espacios en los afectos sociales.

Para Quiroz, la clave de los resultados de largo plazo de su gestión se alcanzará si logra reinstalar las nociones de emprendimiento y la libertad en el lugar que se merecen en el subconsciente colectivo, lo que a la postre permitirá desatar fuerzas que le cambiarán la cara al país y que, probablemente, habilitarán su confesado anhelo de ver al Imacec progresando a dos dígitos.

La tarea, hay que decirlo, es colosal y no será fácil, como lo reconoció el propio presidente electo en su intervención previa. Ayudarán, por cierto, la coyuntura de precios de los commodities y, en particular, el estelar momento del cobre. También estarán en el haber la mejora en los estados de ánimo que empiezan a mostrar varios estudios de expectativas en el país. Y una implementación ejecutiva de la Ley de Permisos Sectoriales deberían sumar y no restar.

Sin embargo, la suerte no está echada y al Excel presentado esta semana por Jorge Quiroz le hará falta gestión política y habilidades negociadoras frente a un Congreso de conformación compleja y unos gremios y organizaciones sociales que, hasta donde se ve, parecen estar predispuestas a complicar las cosas más que a favorecerlas.

Si los astros se alinean y las nuevas autoridades logran, como sería deseable que lo hagan, convocar mayorías en el proceso de reformateo de la maquinaria económica que tiene al país creciendo a un pobre 1,9% en los últimos cuatro años, la meta de duplicar el PIB en cuatro años podría entreabrir la puerta a un cambio cultural como al que dice aspirar el nuevo ministro, de la mano de cambios tangibles en la calidad de vida de las personas. Un proceso de ese tipo, donde por ejemplo la tasa de pobreza se reduzca más rápido que lo ha hecho y a partir de dinámicas distintas del asistencialismo, estaría en sintonía con lo que muchos chilenos quieren hoy, como lo reflejó la última Encuesta Bicentenario de la Universidad Católica, la cual constató que un 42% de las personas en el país estima que alcanzar el bienestar es más una responsabilidad personal que una responsabilidad del Estado (28%).

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