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El auge del Partido Republicano: el sistema electoral, la moderación de la derecha clásica y las crisis económicas, de seguridad y de migración

La fuerza de la derecha conservadora de Kast fue la más votada desde el retorno a la democracia, en 1990, con 3.468.258 de votos (35%), con lo que ha dado vuelta el tablero político chileno

Republican Party Chile
El líder del Partido Republicano, José Antonio Kast, en su discurso tras el resultado de la elección del domingo 7 de marzo.Esteban Felix (AP)

El Partido Republicano, la extrema derecha chilena, en las elecciones del domingo en Chile se convirtió en la primera fuerza política del país, gobernado hace 15 meses por una nueva generación de izquierdas, liderada por el presidente Gabriel Boric. La fuerza nacida oficialmente en 2019, en apenas cuatro años consiguió que su líder, José Antonio Kast, obtuviera la primera mayoría en la primera vuelta presidencial de 2021, aunque luego perdió frente a Boric en el balotaje. En las elecciones para elegir a los 50 miembros del Consejo Constitucional de ayer, sin embargo, consiguió que 3.468.258 electores respaldaran a sus candidatos, en un histórico triunfo. Obtuvo el 35,5% de los votos y logró un total de 23 escaños en el órgano que redactará una nueva propuesta de Constitución chilena, que será plebiscitada en diciembre. Es un escenario que, bien utilizado, podría pavimentar su camino con miras a las elecciones municipales y de gobernadores de 2024 y en las presidenciales y parlamentarias de 2025.

No existe un factor único explicar cómo un partido joven, fuertemente conservador en materias como el matrimonio de personas del mismo sexo y el aborto, que ha estado abiertamente en contra de redactar una nueva Carta Magna, logró dar vuelta el tablero político chileno que, tras el estallido social de 2019, se había cargado fuertemente a la izquierda. Con casi la mitad del Consejo Constitucional a favor, sumados a los 11 escaños de la derecha histórica, pueden proponer, aprobar y modificar normas constitucionales, porque sobrepasan holgadamente los tres quintos de quórum, para lo que necesitaban 30 puestos. Con 34 escaños, los dos tercios del órgano, las dos derechas –que tienen amplias diferencias, entre las que está la disposición a reemplazar la Carta Fundamental actual–, podrían rechazar las propuestas de mejora que un equipo de expertos haga a la propuesta del Consejo Constitucional, la última instancia de incidencia en el órgano. Empujados por el Partido Republicano, en otras palabras, las derechas han arrasado.

Con 20.980 militantes, de los que 70% son hombres, los simpatizantes del Partido Republicano tienen principalmente entre 45 y 54 años y son mayoritariamente creyentes, ya sea católicos, evangélicos o protestantes. Lo evidencia un estudio académico realizado por la Universidad Diego Portales y liderado por el doctor en Ciencia Política de la Universidad Humboldt de Berlín, Cristóbal Rovira. La investigación Apoyo y rechazo a la ultraderecha en Chile indaga también en la visión de la red de apoyo del partido sobre el feminismo, y evidencia una postura conservadora respecto al papel de las mujeres. Es una de sus conclusiones: “La evidencia empírica revela que quienes apoyan a la ultraderecha en Chile adoptan posturas antifeministas y conservadoras respecto al rol de las mujeres, mientras que quienes rechazan a la ultraderecha comparten en un sentido amplio demandas a favor de una mayor equidad de género”.

De acuerdo a este estudio presentado en 2022, su auge ha sido empujado por la sustitución del sistema electoral binominal por un sistema electoral proporcional y por la moderación programática de los partidos de derecha convencional. “Las investigaciones existentes califican a Kast y el Partido Republicano como un proyecto que se posiciona a la derecha de la derecha convencional y que tiene no solo similitud, sino que también contactos, con la ultraderecha a nivel global”, asegura la investigación. Tras el resultado del domingo, por ejemplo, el presidente de la formación de ultraderecha española Vox, Santiago Abascal, saludó el triunfo de los chilenos. Kast, hace unos meses, aseguró: “Yo represento al Partido Republicano, que es una derecha semejante a Vox, por eso nos llevamos tan bien”.

Al tratarse de una fuerza nueva en la política chilena, no existe consenso sobre la forma de nombrarla. Rovira la llama directamente ultraderecha, un concepto que justifica en su estudio. El propio Partido Republicano no se considera una derecha extrema, como lo repetía Kast en la campaña presidencial de 2021: “Dicen que soy extremo. ¿Extremo en qué? En amar la Patria. En amar la Nación y los símbolos patrios. En defender a los amigos. En proteger al emprendedor. ¿En qué soy extremo?”.

En una conversación sostenida por EL PAÍS a través de la plataforma de Twitter pocas horas después de las elecciones para analizar los resultados, los analistas Alfredo Joignant y Claudio Alvarado analizaron este aspecto. “No conozco a ningún partido de la nueva derecha radical que acepte que se le nombre como extrema derecha y aún menos como un partido de ultraderecha”, aseguró Joignant, que prefiere el concepto de derecha radical, porque el Partido Republicano “tiene la capacidad para tomar posición sobre una serie de asuntos de manera categórica, sin eufemismos y sin cultivar las formas, lo que penetra poco a poco en un electorado frustrado, enojado y afectado”. En 2017, en su primera campaña a La Moneda, Kast reivindicó a Pinochet. “Si estuviera vivo votaría por mí”, indicó en ese entonces.

Para Alvarado, en cambio, “se trata de una derecha conservadora” y todavía está por verse si se comportan de modo radical en forma permanente o predominan sus vertientes más institucionales, “que son las que parecen encarnar tanto el presidente del partido, Arturo Squella, como Luis Silva, que fue el consejero con mayor número de respaldos el domingo”.

Javier Sajuria, profesor Asociado en la School of Politics and International Relations, Queen Mary University of London, ha analizado en estos días las causas de la irrupción y asegura que sería un análisis simplista y un error pensar que los votantes del Partido Republicano son un grupo desinformado. En un hilo publicado en Twitter, el académico explicó que diversos estudios han demostrado, que “quienes votan por opciones populistas no están ni menos informados ni menos interesados en política que quienes buscan alternativas no populistas”. “Es más, suelen tener un aprecio alto por la democracia, pero también una creciente desazón por cómo ésta funciona”.

A su juicio, esta tendencia ya se venía advirtiendo en Chile con el surgimiento de identidades negativas. Y que el contexto nacional, marcado por la crisis de seguridad y la inmigración ilegal, entregó la receta ideal para su fortalecimiento.

Se trataría de una tormenta perfecta, según el propio Joignant en EL PAÍS, donde la seguridad pública, una crisis económica con efectos inflacionarios, una crisis migratoria en el norte de Chile y un escenario de violencia en el sur del país con actores radicalizados del pueblo originario mapuche, confluyeron para dar la más alta votación al partido cuyas banderas de lucha son justamente estas materias. A su juicio, esas ideas lograron “capitalizar en el descontento ante un Gobierno titubeante para enfrentar estas cuatro crisis simultáneas”.

Una de las principales incógnitas tras las elecciones del domingo apunta al papel que jugarán los republicanos en el Consejo Constitucional, donde tienen casi la mitad de los escaños. El investigador del Centro de Estudios Públicos (CEP) Aldo Mascareño, aseguró en EL PAÍS que el resultado obliga a Kast a jugarse por un proceso constitucional exitoso. “Un nuevo proyecto constitucional rechazado en el plebiscito de diciembre de este año, lo golpearía directamente”, señaló el sociólogo. En ese escenario, dice el académico de la Universidad Adolfo Ibáñez, la formación tiene dos opciones: o se cierra a las transformaciones estructurales que están en las 12 bases constitucionales del Acuerdo por Chile de fines de 2022, que no apoyaron como partido, o adopta una actitud más dialogante.

Para el ex ministro portavoz del Gobierno de Sebastián Piñera, Jaime Bellolio, el poder que tendrán los republicanos en el nuevo Consejo Constitucional también vendrá acompañado de una gran responsabilidad con lo que ocurra en esta segunda etapa del proceso. El militante de la UDI, un partido tradicional de la derecha, observa dos alternativas. Entre los consejeros republicanos “hay un grupo de personas que insiste en la idea de que si se rechaza esta segunda oportunidad se acaba el problema constitucional, lo que creo que es un profundo error”. “Y hay otro grupo más pragmático que dice ‘no me gusta, pero ya que estamos acá, cerremos en ciclo”, asegura el exdiputado. Para él, tanto en el discurso del mismo Kast como en el de Silva la noche del domingo, ha prevalecido la segunda opción.

Bellolio, sin embargo, se pregunta si los republicanos serán capaces de mantener ese discurso pragmático en el Consejo Constitucional una vez que asuman en sus funciones y tengan su propia autonomía: “Eso no ha ocurrido en el Congreso, donde no han podido ordenarse”.



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