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La inflación mensual en Argentina se acelera por quinto mes consecutivo

El Gobierno de Milei anuncia para enero un IPC del 3% en enero, envuelto en una polémica por la medición

Los reiterados ciclos de inflación acelerada, con el pico más reciente de 210% anual en 2023, permearon la vida de millones de argentinos, que siguen la dinámica de los precios con especial atención. Este drama bajó su intensidad durante los primeros dos años del gobierno de Javier Milei que, a fuerza de un fuerte ajuste, logró desacelerar el índice y convertirlo en uno de sus principales estandartes. Esto cambió en los últimos días, cuando el Gobierno dio marcha atrás con un anuncio y decidió no publicar el nuevo Índice de Precios al Consumidor (IPC) en el que había estado trabajando el instituto estadístico oficial, lo que motivó la renuncia de su director, Marco Lavagna. Así, todos los ojos volvieron a estar puestos sobre el dato de inflación, que este martes se publicó con la vieja metodología y dio 2,9%.

El registro —que está empujado sobre todo por la suba de alimentos y las tarifas de comunicaciones y servicios públicos— es más alto que el del mes anterior y evidencia un sendero ascendente en los precios. Desde que asumió Milei, en diciembre de 2023, la inflación alcanzó el menor registro en mayo pasado (1,5%) y desde entonces retomó un camino suave pero constante de aceleración. Ya en el primer mes del año resultan evidentes las dificultades que tendrá para cerrar 2026 con una inflación del 10,1%, como está previsto en la ley de Presupuesto. El mercado, menos optimista, cree que será por lo menos del doble.

El cambio en el índice había sido anunciado en octubre pasado y correspondía a una actualización de rutina, con un ajuste de la canasta en la que se basa. Concretamente, en lugar de tomar como referencia la encuesta de consumos hecha en los años 2003-2004 pasaría a considerar otra más reciente, de 2017-2018. Este ajuste le otorgaba, entre otras cosas, un mayor peso en el índice a los servicios, al reforzar la ponderación de los gastos en tarifas de gas, agua y electricidad; en transporte y en comunicaciones.

La decisión de no avanzar con el cambio fue intempestiva y provocó la renuncia de quien estuvo al frente del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) desde 2019, dándole continuidad al equipo técnico pese al cambio de conducción política. La sospecha se tendió rápidamente sobre la decisión: el Gobierno suspendía el cambio para evitar datos que serían más altos que los arrojados por el IPC actual.

La explicación del ministro de Economía fue que era conveniente esperar “hasta que el proceso de desinflación esté consolidado” para hacerlo. En declaraciones radiales explicó que cuando se trazaron los tiempos de implementación, la inflación descendía a un ritmo que podía hacer prever que el proceso iba a estar consolidado para 2026, algo malogrado producto de “ataques políticos” que generaron incertidumbre. Caputo buscó restar importancia a la decisión oficial y aseguró que con la nueva medición el dato daba “prácticamente igual” o incluso “más abajo” con el actual.

Para Leopoldo Tornarolli, economista de la Universidad Nacional de La Plata y especialista en este tipo de mediciones, el nuevo índice podía dar resultados distintos en algunos meses puntuales y acumular alguna diferencia a lo largo del año, dado que se esperan recomposiciones en las tarifas de servicios públicos y en el transporte, pero “no una diferencia sistemática ni mucho más de 2 o 3 puntos en el año”.

El incumplimiento volvió a poner un manto de sospecha sobre la credibilidad del instituto estadístico, que tiene una larga historia de manipulaciones. Entre 2007 y 2015, la ausencia de datos creíbles de inflación y de pobreza provocó un apagón estadístico que obligó a buscar alternativas en mediciones extraoficiales, lo que terminó con una condena judicial par el entonces encargado del instituto. “Aunque la labor del INDEC desde 2016 fue correcta, todo lo ocurrido en el pasado más la grieta política hacen que las estadísticas públicas sean un campo de batalla más en las discusiones políticas y públicas”, suma Tornarolli.

Caputo negó que la medida haya afectado la credibilidad, al asegurar que los bonos que ajustan tomando como referencia la inflación subieron de precio la semana pasada, a contramano de una semana negra en los mercados mundiales. “Esto confirma que a los tomadores de decisión les pareció bien haber continuado con el índice actual”, escribió en sus redes horas antes de la publicación del nuevo dato.

Pese a su aparente desestimación del tema, Caputo debió responder a las preguntas del propio Fondo Monetario Internacional. Una misión de representantes que llegó la semana pasada al país para avanzar con la segunda revisión del acuerdo firmado en abril de 2025, también le pidió explicaciones sobre el cambio de estrategia.

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