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Keiko Fujimori consolida su pase a la segunda vuelta en Perú

La demora en el procesamiento de las actas expone las debilidades del sistema electoral

Keiko Fujimori en rueda de prensa, en Lima (Perú), el 9 de abril.Angela Ponce (REUTERS)

El conteo de los votos en Perú avanza con lentitud. Pasadas 24 horas desde el cierre de los colegios electorales, las actas contabilizadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) alcanzaban en la noche del lunes poco más del 60,7%. Los porcentajes de cada uno de los 35 candidatos apenas han variado desde el arranque. Keiko Fujimori, de la conservadora Fuerza Popular, se mantiene al frente con el 16,9% de los votos, seguida de cerca por otro ultraderechista, Rafael López Aliaga, con el 13,7%. Muy cerca en la pelea por el segundo puesto, y el pase a la segunda vuelta del 7 de junio, está Jorge Nieto, del Partido del Buen Gobierno, con el 12,4%. La diferencia es mínima y la pelea final entre los dos posibles rivales de Fujimori está abierta.

En 2016, la ONPE tardó diez días en procesar el 100% de las actas de la primera vuelta, donde a la postre el economista Pedro Pablo Kuczynski derrotó a Keiko Fujimori. En 2021, la ciudadanía esperó cinco días para tener la certeza de que el maestro sindical Pedro Castillo pasaría a segunda vuelta, también contra la hija de Alberto Fujimori. En 2026, nada parece haber cambiado: la demora envuelve a un proceso largo y complejo por la cantidad de candidatos y lo ajustado de los resultados.

En una contienda con 35 aspirantes, donde ni el primer lugar ha sido capaz de lograr un caudal contundente, el voto se ha fragmentado de tal manera que las definiciones se pelean voto a voto. Salvo Fujimori, el resto todavía no tiene el cupo asegurado. Pero, ¿a qué se debe el agónico recuento de votos de las elecciones peruanas?

En los comicios de 2026 no se implementó el voto digital pese a que Perú es un país con una geografía accidentada, con costa, sierra y selva. En diciembre pasado se determinó que el sistema no reunía las condiciones necesarias. De allí que el escrutinio de la ONPE fluya en las grandes ciudades, pero se demore en el interior del país.

El analista político Mauricio Saravia pone énfasis en este detalle para explicar que el segundo puesto de Rafael López Aliaga no es aún definitivo. De hecho, con cada actualización de la ONPE, la distancia entre el exalcalde de Lima y Nieto se achica. “Quienes creen que ya es una tendencia irreversible no consideran que en el caso de López Aliaga ya entraron sus bases más fuertes”. El analista llama a prestar atención a Roberto Sánchez, el candidato de la izquierda. Su nombre está cuarto, con el 8,7% de los votos, pero su fortaleza está en las zonas rurales más rezagadas en el escrutinio, las mismas que en 2021 dieron el triunfo a Castillo.

La transparencia del sistema electoral ha sido puesta en entredicho debido a deficiencias logísticas. El día de la votación no pudieron instalarse 211 mesas de quince locales por falta de materiales. Como más de 63.000 personas se quedaron sin votar en Lima, las autoridades electorales abrieron centros de votación solo para ellos el lunes 13. Se habló de “papelón”, mientras los sectores vinculados a López Aliaga recordaban que habían anticipado que se cocinaba un fraude.

Los votantes rezagados quedaron a merced de los resultados de los sondeos a boca de urna y el conteo rápido. De nada sirvió que el Jurado Nacional de Elecciones exhortara a no difundirlos hasta que todas las mesas estuviesen cerradas.

Los problemas han tenido consecuencias: el Jurado Nacional de Elecciones denunció penalmente al jefe de la ONPE, Piero Corvetto, por tres presuntos delitos: atentado contra el derecho de sufragio, demora de actos funcionales y obstaculización del normal desarrollo del acto electoral. La denuncia alcanza a otros tres funcionarios y al representante legal de la empresa Galaga, a cargo de entregar el material electoral que no llegó a tiempo.

Otro aspecto que ha influido en la demora del procesamiento de las actas es la complejidad de la cédula de votación. Nunca un planillón había tenido cinco cuerpos. Fueron cinco elecciones en simultáneo: presidente, senador nacional, senador regional, diputado y parlamentario andino. Hasta el viernes 10, dos días antes de las elecciones, solo el 55% de los miembros de mesa (460.000) se había capacitado para la tarea. La lentitud del escrutinio no hace más que elevar las tensiones y echar sombras sobre el resultado.

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