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Alex Ferreira: “Le canto a la paciencia como un mantra de lo que quiero”

El cantante dominicano lanza este jueves ‘El arte de esperar’; un disco sobre la calma, el silencio y, obvio, el amor. “Mientras queden humanos no caduca”, dice

Alex Ferreira en la presentación de su nuevo disco en Ciudad de México, este miércoles.Aggi Garduño
Noor Mahtani
Bogotá -

Antes de saber que le estaba dando forma a El arte de esperar, Alex Ferreira (Santo Domingo, 42 años) escribió 30 canciones. Una treintena de sencillos en los que jugó, mezcló ritmos e innovó como nunca antes. Admira, dice, a la gente que encaja en un solo género y es en ese idioma en el que compone. “Pero soy musicalmente un degenerado”, explica entre risas a EL PAÍS. De todas estas canciones, sólo verán la luz este jueves una decena. “Me acostumbré a escuchar música de la primera a la última canción y en este disco había 10 conectadas. Al menos en mi trip mental. Para mí son una sola cosa”, narra.

El cantante dominicano elige con mimo y gracia las palabras desde su casa en Ciudad de México. Habla de la música, la masculinidad, el amor y el ritmo del mundo dos días antes de lanzar su cuarto disco y con su pequeña hija sobre las piernas. “Se sabe las canciones. Lo ha escuchado más veces de las que debería”, bromea. La llegada de Uma, explica, añadió nuevas facetas al género en el que nunca dejó de militar: el amor. “Mientras haya humanos, no va a caducar”, zanja.

Nominado a dos Latin Grammy, Ferreira mezcla la guitarra con saxofones y ritmos electrónicos que lo transportan a uno al monte o al Oxxo de cualquier capital latinoamericana. Este paseo de 37 minutos es, dice, más que un alarde de la paciencia y la calma que profesa, un recordatorio de lo que busca. “Le canto a la paciencia como un mantra de lo que quiero”, cuenta.

Pregunta. Usted creció escuchando MTV… ¿Qué sonaba en su casa cuando era pequeño?

Respuesta. Sonaba lo que ponía mi madre o mi abuela. Mi abuela ponía muchos boleros, muchísimos boleros. Los Panchos y también mucho feeling cubano, música tropical y caribeña… MTV fue una ventana que yo encontré para escuchar música europea y electrónica. Ahí mi interés se expandió y empecé a ver otros mundos que no eran sólo de la música afroantillana o caribeña.

P. ¿Siempre lo tuvo claro?

R. No sé si claridad… Siempre hubo una curiosidad de salir de República Dominicana y entender que había gente que lo veía como un oficio, pero siempre fui muy tímido; lo de cantar no se me dio naturalmente…

P. De hecho, no le gustaba tanto su voz…

R. Todavía a día de hoy me sigue costando mi voz. Uno se cansa de escucharse a sí mismo… No he hecho aún las paces con mi voz, pero tampoco me autoflagelo. Es más un tema de inseguridad que al final del día aprendes a llevar. Mi voz suena así y hago lo mejor que puedo con ella.

P. Ha cantado con Jorge Drexler, Silvana Estrada o Natalia Lafourcade, artistas que andan en procesos de volver a la raíz de sus territorios. ¿Busca usted también reconectarse con los ritmos de República Dominicana?

R. No. No me encuentro ahora mismo en ese viaje. Siento que es hermoso y lo hice en el proyecto de El frente Caribe. En el TEDtalk de Jorge Drexler sobre las décimas, cuenta que cuanto más te acercas a algo, más se pierde la identidad. Y al final, cualquier folclor latinoamericano va a acabar en África. Es bonito de vez en cuando hacer el ejercicio de conectar con las raíces y espero volver a hacerlo, porque lo que se cuece en el Caribe es muy potente, pero ahora mismo estoy interesado en la fusión de las cosas. En combinar aberraciones… (Risas).

P. Cuénteme más…

R. Pues que de repente hay una guitarra acústica que dialoga con ritmos más electrónicos y entran saxofones inspirados en el afrobeat de Fela Kuti y luego la voz mía que es melódica o dulce… Esta cosa de no tener un compromiso con un género. Todavía para mí la música es un juego. Hay gente que se levanta en la mañana y toca blues y saca discos de blues y ya, la tiene clara. No tienen que estar como yo pegándose contra la pared pensando qué le viene bien a esta canción en particular. Uso mucho una frase de Kevin Johansen que dice que ‘yo soy musicalmente un degenerado’. No tengo un género.

P. Usted fue dos veces nominado a los Latin Grammy. ¿El reconocimiento castra la creación?

R. Para nada. Yo me lo tomé siempre como un halago, y más haciendo música independiente. Soy muy agradecido, y me encanta, pero no es mi prioridad. De hecho, la segunda vez que me nominaron no fui porque estaba naciendo mi hija. Yo no hago música pensando en eso.

P. Hablemos de El arte de esperar. Usted dice que es un disco sobre la paciencia, pero también es un canto a la comunicación. Usted tiene un blog, le mandó correos a su hija desde que supo que venía en camino y escribió 30 canciones, de las que sólo quedaron 10. ¿Qué es lo que tanto necesita contar?

R. Realmente no tengo mucho que contar. (Risas). Pienso muchas cosas, tengo reflexiones a menudo y creo que está bien compartirlas y leer a otros. Hoy existe una fatiga de comunicar a través de las redes sociales y hay veces que trato de bajarle bastante; creo que El arte de esperar tiene que ver con eso. Estuve casi un año y medio donde no giré, no toqué, no publiqué casi nada… Y me vino muy bien. La necesidad de decir lo que pensamos todo el rato puede viciar nuestro norte. No tengo tanto que decir, y menos yo, que soy experto en contradecirme. No me veo capaz de sacar discos como churros.

P. ¿Qué tanto permite la industria de la música ‘esperar’?

R. Cero. Sobre todo a mis compañeros que están en multinacionales o que tienen mucha gente que depende de ellos para sobrevivir. Parar en la música viene bien para la salud mental y para la gente que te sigue.

P. ¿A dónde fueron las otras 20 canciones que no salieron en este disco?

R. No, realmente todo lo que escribo merece salir. Hice un filtro para que entraran en el concepto de álbum. Yo me acostumbré a escuchar música de la primera a la última canción y en este disco había 10 que eran las que estaban conectadas. Al menos en mi trip [viaje] mental. Me la pasé muy bien diseñando estos 37 minutos, que para mí son una sola cosa. El común denominador es el tiempo, esta obsesión que tengo yo con 42 años. Por eso son 10 canciones y porque 30 serían infumables. (Risas). Te lo aseguro.

P. ¿Por qué no caduca seguir cantándole al amor?

R. Porque es lo que más ángulos tiene. Y conforme uno se hace mayor, descubre nuevas maneras de amar. Mientras queden humanos, vamos a seguir cantándole al amor. El amor de padre para mí es nuevo y muy profundo.

P. ¿De qué forma cambió la mirada con la llegada de su hija, Uma?

R. Pienso todo el rato en cómo darle herramientas a esta persona para que pueda andar en un nuevo mundo que yo mismo no entiendo. Antes, estaba muy para mí, mi yo y mi ego. Ahora, te empiezan a preocupar otras cosas. El arte de esperar también era en ese ámbito. Pero tampoco quiero sonar muy sabio. A veces uno escribe cosas para recordárselas a uno mismo, yo le canto a la paciencia como un mantra de lo que quiero.

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