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Fico Gutiérrez, tras ser derrotado, da su apoyo a Rodolfo Hernández

El candidato de la derecha se hunde en la primera vuelta, un mazazo al uribismo tras 20 años en el poder

Fico  Gutiérrez habla acompañado por su esposa Margarita Gómez luego de darse a conocer los resultados de las elecciones.
Fico Gutiérrez habla acompañado por su esposa Margarita Gómez luego de darse a conocer los resultados de las elecciones.Mariano vimos
Sally Palomino

Federico Gutiérrez perdió y con él se hunde el proyecto político que ha gobernado a Colombia en la historia reciente. La maquinaría de los partidos tradicionales que lo apoyaban no fue suficiente y ha sufrido la peor de todas las derrotas. Rodolfo Hernández, un ingeniero de 77 años, exalcalde de Bucaramanga, populista y malhablado, le arrebató el segundo lugar. Fico, como todos lo conocen, anunció su apoyo a Hernández tras la derrota, un fracaso para él, que por primera vez se medía en unas elecciones presidenciales, y para el establecimiento que se aferró a su candidatura como la única opción para frenarle el paso al izquierdista Gustavo Petro.

Fico citó a sus seguidores y a la prensa en el mismo lugar donde hace cuatro años Iván Duque recibió los resultados. Esta vez, a diferencia de 2018, había poca gente. Algunos miembros de su familia, amigos que llegaron este domingo desde Medellín y uno que otro seguidor. Cuando ganó Duque, el cuarto piso de El Cubo de Colsubsidio, en Bogotá, estaba repleto de banderas de distintos partidos políticos. Este domingo, a Federico Gutiérrez lo dejaron solo. Los pocos que lo esperaban tuvieron que colarse en el salón donde estaban los periodistas porque decidió no subir. En la primera planta apareció sobre las 19 horas, junto a su esposa y su fórmula vicepresidencial, Rodrigo Lara Sánchez, también acompañado de su pareja.Vestido de camisa blanca, desabrochada como siempre, y con una camándula colgándole del cuello, Fico Gutiérrez leyó un discurso de tres páginas.

“El país ya habló y a nuestro país que habló queremos responderle. Quiero hablarle a Colombia con el corazón. A los más de cinco millones que votaron por nosotros, ¡Gracias!”. Sin micrófono, tras agradecer el apoyo, aseguró que es consciente de que la posición que tome su candidatura en esta nueva etapa de la campaña es determinante. “No somos indiferentes al futuro del país y queremos lo mejor para Colombia. Unas veces se gana, otras veces se pierde, pero la democracia se cuida y se respeta”. Tras hablar del “peligro” al que se expone el país con el panorama que se dibujó hoy, anunció su apoyo a Hernández. “Gustavo Petro, por todo lo que ha dicho, no le conviene a Colombia, sería un peligro para la democracia, para las libertades, para la economía, para las familias y para nuestros hijos, y por eso Rodrigo y yo votaremos por Rodolfo y Marelen el próximo 19 de junio”. Gutiérrez aclaró, sin embargo, que ni ha hablado con el exalcalde de Bucaramanga ni ocupará un lugar en un eventual gobierno suyo.

Gutiérrez, el exalcalde de Medellín que logró ubicarse como el segundo en la intención de voto tras las elecciones interpartidistas de marzo pasado, tocó techo pronto y se estancó. Los datos lo dejaban detrás de Petro, pero muy cerca de él aparecía Hernández, que terminó por darle un codazo y sacarlo del camino hacia la Casa de Nariño. Fico Gutiérrez hizo todo lo que pudo para intentar demostrar que no era el candidato de continuismo, que “no era el de Uribe”. El expresidente también puso de su parte para no perjudicarlo. Consciente de su imagen desgastada, a cuenta de sus líos con la justicia y de un discurso de seguridad y “mano dura contra el terrorismo” en un país que ya superó la guerra, por primera vez en dos décadas se marginó de la escena política. Pero no les alcanzó.

Simpatizantes de Fico Gutiérrez limpian la casa de campaña en Medellín.
Simpatizantes de Fico Gutiérrez limpian la casa de campaña en Medellín.Santiago Mesa

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La campaña de Fico, de 47 años, empezó bien, pero se le fue complicando en el camino. El exalcalde de Medellín, que terminó su gobierno con una popularidad del 85%, confiaba en que su carisma y un discurso moderado le permitiría acercarse al centro y a los jóvenes, pero nada le funcionó. En la última semana, su competencia ya no era Petro sino Hernández, que sin ubicarse en ninguna orilla se llevó los votos de los indecisos, pero sobre todo de los que dicen estar hartos del “petrismo y el uribismo”. El alcance del fenómeno político de Hernández se midió este domingo y sorpresivamente superó a las maquinarias, que prometían moverse a favor de Gutiérrez en estas elecciones.

Fico tuvo la mala suerte de postularse con los apoyos de los partidos tradicionales y quienes han sostenido el poder, justo cuando, como nunca antes, la sociedad colombiana ha demostrado un profundo rechazo a las viejas formas de hacer política. Las protestas que desde 2019 sacuden al Gobierno de Iván Duque han sido una muestra de ese deseo de cambio y el exalcalde de Medellín ha pagado los platos rotos de una impopular gestión del mandatario actual. “Yo soy yo”, decía hasta el último momento.

Ante cualquier señalamiento de sus opositores, Gutiérrez tenía cómo defenderse. Su nombre aparece sin un solo lío con la justicia, se muestra conciliador, se ha comprometido a avanzar con el proceso de paz con las FARC, ha cuestionado al Gobierno de Duque, se ha puesto tenis y manillas, intentó aprovechar que era una cara nueva fuera de su región, Antioquia, pero no le alcanzó. El hastío de los colombianos ha sido mayor y su derrota es una muestra de ello.

La victoria de Petro este domingo es un descalabro para los hombres que han ostentado el poder en Colombia históricamente. Los expresidentes Uribe, Gaviria, Pastrana han salido, al menos de momento, por la puerta de atrás de la política nacional. Gutiérrez jugó a mostrarse ajeno al establecimiento con su discurso, pero también con hechos simbólicos, como el nombramiento de Rodrigo Lara Sánchez como su fórmula vicepresidencial. Un exalcalde de una pequeña ciudad, que perteneció a la fila de los verdes, hijo de un ministro de Justicia asesinado por órdenes de Pablo Escobar en los años ochenta. Tampoco le alcanzó. “Vamos a representar a las regiones, nuestros jefes políticos es la gente”, decía Gutiérrez, cuando presentó a Lara Sánchez, como una apuesta para desligarse de cualquier tinte politiquero.

Federico Gutiérrez fracasó, a pesar de tener a su favor todo lo que en el pasado le habría asegurado la presidencia. Sufrió el peso de años de gobiernos que no han atendido los reclamos sociales y de una sociedad que dice basta.

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Sally Palomino
Redactora de EL PAÍS América desde Bogotá. Ha sido reportera de la revista 'Semana' en su formato digital y editora web del diario 'El Tiempo'. Su trabajo periodístico se ha concentrado en temas sobre violencia de género, conflicto armado y derechos humanos.

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