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Joe Broderick: “Camilo Torres es un héroe, y un héroe por definición tiene que morir joven y ojalá fracasado”

El escritor australiano, autor de la biografía más reputada del sacerdote colombiano, reflexiona sobre la figura del religioso, abatido como guerrillero en 1966, y argumenta que no hay manera de hacer la paz negociada con el ELN

Joe Broderick en Bogotá, el 12 de febrero.ANDRÉS GALEANO

La biografía de Camilo Torres que escribió Joe Broderick (Melbourne, Australia, 91 años) es tan rica en detalles que es fácil pensar que fue escrita por un amigo entrañable. Por eso es frecuente que no le crean cuando dice que no lo conoció. Sin embargo, visto de otra manera, tiene sentido que haya sido así: Camilo, el cura guerrillero (1975) es un libro escrito por alguien recién llegado a Colombia, libre de prejuicios antes de redactar. Su libro más famoso ha vuelto a ganar relevancia al conocerse el hallazgo reciente de los restos de Torres Restrepo, abatido en su primer combate como guerrillero del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en febrero de 1966. Broderick, afincado en Colombia desde finales de los sesenta, fue sacerdote y revolucionario, como Torres, aunque sin tomar nunca las armas. Abandonó la vida religiosa, se casó con una paisa, tuvo hijos y, sin proponérselo, su obra se convirtió en referencia para comprender una parte de la violencia en Colombia. Ha sido docente, conferencista y autoridad en James Joyce, tal vez su único dios. Critica al ELN, al que no considera ni ejército, ni de liberación, ni nacional. Ante el hallazgo del cuerpo del cura guerrillero, desdeña cualquier culto del que puedan ser objeto sus restos mortales. Atiende esta entrevista en su apartaestudio, atiborrado de libros, retratos y recuerdos, en el barrio La Macarena, en Bogotá.

Pregunta. Usted es el biógrafo de Camilo. ¿Qué opinión le merece que sus restos hayan sido encontrados 60 años después de su muerte?

Respuesta. Yo nunca he sido de esos rituales de hacer homenaje a unos restos ni de darles un significado. Ni siquiera con mi familia. Nunca vamos a visitarlos a los cementerios. Chévere que encuentren los restos de Camilo, pero a mí no me pone ni me quita.

P. ¿Qué tanto se comprende hoy en día la figura de Camilo Torres?

R. La grandísima mayoría de la población ni sabe quién es. La gente no lo recuerda porque no se no se incluye a Camilo Torres Restrepo en la historia del país, sino a Camilo Torres Tenorio, el prócer de la independencia. Mucha gente ha leído mi libro, pero es una pequeña porción de la población. Me han criticado por haberlo titulado “el cura guerrillero”, porque dicen que él fue mucho más que guerrillero, pero estamos hablando de Camilo porque murió en la guerrilla. Si hubiera muerto de cura, o de político, no estaríamos hablando de él. Cuando murió, fue una editorial de Estados Unidos la que estaba buscando a un biógrafo. A nadie aquí se le hubiera ocurrido escribir la vida de Camilo.

P. ¿Esa minoría entiende bien lo que fue Camilo?

R. Yo creo que lo utilizan. Como fue utilizado en vida, fue utilizado después de muerto. Cada uno lo invoca como apoyo para su propia visión. Entonces, como sirve para todo, no sirve para nada. Camilo se convirtió en un héroe porque se equivocó. La cosa más equivocada que hizo en la vida lo dejó como una figura universal. En una charla que di hace años, dije que Camilo le hizo mucho daño a la izquierda. Muchos se pusieron furiosos. Pero cuando él se fue a la guerrilla, inmediatamente todo su movimiento colapsó, porque el momento no estaba para una insurrección general como él creía. Pero encima de eso, dejó que la lucha de la izquierda se identificara únicamente con la lucha armada. Camilo es un héroe, y un héroe por definición tiene que morir joven y ojalá fracasado.

P. ¿Qué piensa de Petro insistiendo en la figura de Camilo para señalar al ELN de haberse separado de su legado?

R. A Petro yo lo admiro. Estoy con él en su visión. Pero su insistencia constantemente sobre su pasado como guerrillero —que no lo fue, porque no estaba en el monte con fusil ni nada— me parece que le echa leña al fuego contra él mismo, se lo recuerda a sus enemigos. Pero, además, es muy exagerado. Ahora tiene el sombrero de [Carlos] Pizarro en una urna de cristal, y la sotana de Camilo, todas esas reliquias, insistiendo en la guerrilla.

P. ¿Cómo ve al ELN y la postura del Gobierno hacia ellos?

R. Los elenos nunca tuvieron ejército. Yo les digo: “Ustedes no son ni E, ni L, ni N”. Ejército no son: son una serie de frentes, y cada uno por su lado. Liberación, ¿de qué? ¿Estamos esclavizados? ¿Y Nacional? Pues sí, tiene frentes aquí y allá, pero una cosa como un gobierno nacional no es. Si a mí me hubieran pedido un concepto, yo le habría dicho a Petro que me parece inútil tratar de seguir hablando con ellos. Y ahora, como si me hubiera escuchado, empezó a bombardearlos.

P. Cuando usted empezó a escribir la biografía, llevaba solo tres años en Colombia. ¿Por qué llegó al país?

R. Yo llegué a Colombia no para escribir un libro. Yo era un cura revolucionario, pero de Camilo no sabía nada. Yo estaba en busca de dónde ubicarme en América Latina. Había trabajado en Santo Domingo como secretario de nuncio apostólico. Después en Lima como cura de barrio, y en Cajamarca, en el norte del Perú, con los campesinos, pero no me encontraba. Hice un viaje por todo el continente a dedo. Donde más me encontré, donde quería trabajar, era en Colombia, con un grupo de curas rojos que habían sido inspirados por Camilo.

P. ¿Y de dónde nació la idea de escribirla?

R. En un momento hice un viaje a México, donde me encontré con el editor que buscaba hacer el libro. Me lo recomendó Iván Ilich, quien me insistió para que lo hiciera. Entonces volví a Colombia, tenía contacto con los curas, y ellos me dieron algunas pistas. No fue una ventaja ser tan nuevo en Colombia, pero fue una ventaja no haber sido amigo de Camilo. No estaba escribiendo la remembranza de un amigo, sino una biografía. También tenía la ventaja de tener al biografiado apenas muerto, todavía caliente. El resultado es un Camilo tan presente que yo no he podido convencer a nadie de que yo no lo haya conocido. El libro ha sido un éxito por dos razones. Una, porque es Camilo, y Camilo es un poco mítico. Y la otra es que este libro es una novela. Se había puesto de moda Truman Capote y por esa época salió A sangre fría. Yo estaba entusiasmadísimo, y dije “Quiero hacer esto”. Contar la vida real, pero como novela. Eso es lo que creo que explica su longevidad.

P. ¿Puede aportar algo la figura de Camilo Torres a la construcción de la paz en Colombia, o su capítulo está cerrado?

R. Yo sospecho que él mismo cerró el capítulo por irse al monte, porque no había una situación prerrevolucionaria donde la lucha armada tuviera alguna posibilidad de éxito. Yo no creo que Camilo necesariamente se haya equivocado en cuanto a creer que solo por las armas puede la gente tomar el poder. Todas las revoluciones del mundo han sido por las armas, todos los gobiernos se mantienen en el poder por la autoridad armada. Las armas son la esencia del poder. Pero eso no es aceptable como tesis.

P. ¿De qué manera el ELN ha utilizado a Camilo?

R. Camilo sirvió a los elenos como tarjeta de introducción como guerrilla católica. Yo tengo una carta que me escribieron los del ELN contra mi libro El guerrillero invisible [sobre el cura español Manuel Pérez, comandante histórico de esa guerrilla]. Yo les dije: “Cuidado, yo estoy haciendo un libro crítico”. Pero como ellos no entienden la crítica… Cuando salió el libro, pusieron el grito en el cielo, y decían: “Nosotros desde el inicio hemos sido camilistas”. Pues perdón, pero al ELN no lo fundó Camilo. Fueron unos muchachos bajo la influencia de la Revolución Cubana, y Camilo se fascinó con ellos y fue como un boy scout. Camilo era un hombre muy inteligente, muy preparado y muy estudioso, pero muy ingenuo, increíblemente ingenuo. Él creía que todos los militares, de coroneles para abajo, estaban con ellos. Y los elenos han tomado mi libro como una biblia. Lo han leído, pero no lo han entendido. Nunca vieron en él mi crítica a la ingenuidad de Camilo y cómo dañó su propio movimiento. Solo ven la parte que les entusiasma. Han vivido de eso muchos años, pero ya se les acabó el cuento.

P. ¿Porque cree que ya se le acabó al ELN la narrativa para usar a Camilo?

R. Es que ya nadie cree en el ELN. Las FARC fueron más inteligentes: se dieron cuenta de que estaban vencidas, no solamente por el daño que les hizo Juan Manuel Santos en el Ministerio de Defensa, sino porque se dieron cuenta de que la guerra de guerrillas es una cosa pasado. Las guerras ahora son tecnológicas, no son en el monte entre soldados y campesinos. Se dieron cuenta, pero el ELN no. Además, las FARC tenían a la cabeza al secretariado, y estaban organizadas como un ejército, con mandos que dirigen y soldados que obedecen. El ELN no tiene eso. El frente de Arauca nunca comulgó con el comando central, por ejemplo. Los del Chocó son igualmente autónomos. Algunos en el Cauca también. En el comando central hay unos viejitos que ni viven en Colombia, y vienen aquí cuando el Gobierno decide darles otro chance de sentarse a una mesa. No tienen otra cosa en la vida que ser jefes guerrilleros. ¿Qué hacen si firman? Dejan de existir. Yo se lo dije a Vera Grabe [jefa negociadora del Gobierno con el ELN] hace un par de años: “Creo que estás perdiendo el tiempo. No hay ninguna posibilidad de firmar nada con esa gente”.

P. En los últimos días en EL PAÍS contamos que la identificación de los restos de Camilo ha sido difícil porque se ha borrado parte del ADN. ¿Cree que alguien pudo tener la intención de intentar borrar su existencia?

R. Pues obviamente alguien lo hizo. No creo que haya sido accidental. Si su hermano [Fernando Torres] hubiera estado ahí, podría haber hecho lo del formol. Porque él no quería que nadie conociera el sitio del cadáver de su hermano. Se opuso. Y no quería que hubiera romerías y periplos alrededor de él porque estaba en desacuerdo. Su propio hermano.

P. ¿Qué sabe usted de Fernando Torres?

R. Su madre, Isabel Restrepo, con quien yo tuve mucha amistad, me contó que Fernando era la luz de sus ojos. Era serio, porque fue a estudiar Medicina y era muy importante. Vivía en Minneapolis. Claro que cuando Camilo empezó a ser conocido, era muy especial para ella. Camilo era el del diario. Ya cuando ella estaba en Cuba, fue entrevistada muchas veces, y hablaba por la revolución y contra la oligarquía colombiana. Y me contó que Fernando le escribió: “Como yo le estoy mandando 100 dólares mensuales, tengo derecho a ser consultado sobre lo que usted diga en las entrevistas”. Poniéndole censura a su mamá. Y ella, que era de un temperamento fuerte, nunca más volvió a tener contacto con él. La única porquería más grande que eso fue no haber permitido que su madre pudiera enterrar a su hijo Camilo. ¡Qué hijo de puta!

P. ¿Y no pudo haber sido el general Álvaro Valencia Tovar quien pusiera formol sobre los restos?

R. No, él no haría eso. Él quería a Camilo, yo sé que le dio mucho dolor haber sido el comandante cuando murió Camilo. No eran amigos, pero se respetaban. Uno puede imaginar en el Ejército, entre los mismos soldados, que puede haber existido muchísima aversión contra Camilo, un odio. Porque salían del monte y los mataban. Es posible que algunos de ellos, al momento de enterrarlo, aprovecharan para tratar de borrarlo del mapa.

P. ¿Usted cree que Fernando se llevó a la tumba el secreto de dónde estaba exactamente?

R. Por el tipo de persona que era me parece que no le interesaba. Me parece terrible que Fernando, que era muy reaccionario, muy antirrevolucionario, no fuera capaz de permitir que su madre pudiera dar entierro a su hijo. Su madre me contó que era un desgraciado, un tipo desagradable. Valencia Tovar esperó que muriera Fernando e hizo revelaciones sobre el cadáver de Camilo. Daba a entender que estaba enterrado con los soldados. Y efectivamente lo han encontrado ahí.

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