Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Vargas Llosa contra Vargas Llosa

Es claro que al Nobel le resulta terrible, inaceptable, que la prensa lo busque para preguntarle si los celos fueron los culpables de su rompimiento con la todopoderosa, en lugar de solicitarle una información sobre su próximo libro

Mario Vargas Llosa asiste al foro de la Comisión Iberoamericana en Madrid, el primero de febrero de 2022.
Mario Vargas Llosa asiste al foro de la Comisión Iberoamericana en Madrid, el primero de febrero de 2022.NurPhoto via Getty Images

Partimos de la base de la existencia de dos Vargas Llosa. El Vargas Llosa antes de Preysler (a. de P) y el Vargas Llosa después de Preysler (d. de P). No hay ninguna duda de la importancia y la espectacularidad que tuvo la relación amorosa entre un premio Nobel y una reina, fundadora, propietaria, primerísima ejecutiva e ideóloga de la Preyslercracia, según acertada y pintoresca definición de la columnista y escritora Luz Sánchez- Mellado.

Él, Jorge Mario Pedro Mario Vargas Llosa (a. de P) “Príncipe de la inteligencia”, escritor, ensayista, brillante y prestigioso conferencista y columnista, un pensador, premio Nobel de Literatura 2010, Cervantes 1994, Príncipe de Asturias de las Letras 1986, Biblioteca Breve 1962, Rómulo Gallegos 1967, Planeta 1993. Ahora (d. de P) protagonista de telenovela por haber roto sorpresivamente su idilio con Isabel Preysler, una de las más poderosas vedettes del jet set mundial. Relacionista pública de “alto turmequé”, de un encanto irresistible para quienes, por cualquier motivo, tienen acceso a ella. Se dice por muchos analistas que “vive del cuento” solo que lo hace con maestría. Ha sido modelo, publicista, imagen de marcas reconocidas. Vende bien lo que respalda. Su mundo es el espectáculo y su materia prima el desempeño en los salones de la alta sociedad. Los medios de comunicación la califican de verdadera “socialité”.

Es claro que al Vargas Llosa (a. de P) le parece frondio el Vargas Llosa (d. de P). Le resulta terrible, inaceptable, que la prensa lo busque para preguntarle si los celos fueron los culpables de su rompimiento con la todopoderosa, en lugar de solicitarle una información sobre su próximo libro, que ya está listo en el horno y que se refiere a la miseria y gloria de la crítica y del amor. El original, que su exnovia no quiso conceptuar cuando lo recibió de manos del conductor que lo llevó, a pedido del escritor, para intentar un proceso de paz que no tuvo acogida. La operación reconquista salió mal. La buena facha con corbata y vestido oscuro se cambió por un gorro de lana y una chompa que no dejó buena impresión.

Imagínense por una licencia literaria de mi cosecha que el premio Nobel de literatura, que se hubiera dado el lujo de abandonar a su mujer para ennoviarse por ocho años y no para siempre con una diva, hubiese sido Gabriel García Márquez ¿Qué hubiera comentado al respecto su ex amigo Vargas Llosa?

Hay más coincidencias en esta historia de amor fallido. El gran Héctor Abad la llamó en su columna “el fin de un cuento de hadas”. Sostiene “que tal vez sea verdad” que quienes leen novelas de amor nunca se habrían enamorado, porque las obras más destacadas del género literario serían inimaginables sin el adulterio, nada menos que la obra de Flaubert, Madame Bovary; el peruano escribió un cuento de amor que para algunos se parece mucho a su desamor. El Nobel, huyendo del ambiente madrileño creado por la revista Hola, al haber revelado en exclusiva que el noviazgo había llegado a su fin, se fue para París, apareció fotografiado con su hijo y en la mano tenía un ejemplar del libro de Flaubert. Para Abad Faciolince, nadie le debe tanto al francés Don Gustave, como escritor, que Mario Vargas Llosa. El matrimonio que sí perdura es el de Isabel y la famosa revista Hola. Ella habla con fotografías y textos exclusivos a través de Hola. Factor determinante para vivir del cuento. Gana la revista y gana ella. Unión indisoluble, a diferencia de la que tenían Don Mario y Doña Isabel, quienes se amaron pero nunca se casaron.

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