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Nir Barzilai, gerontólogo: “Que parezcas joven no significa que estés sano”

Vive deprisa, muere viejo. Esta podría ser la premisa de la investigación de Nir Barzilai, un gerontólogo que intenta desentrañar los secretos de ancianos centenarios con una salud de hierro a pesar de no siempre llevar una vida modélica

Nir Barzillai, gerontólogo.Longevity World Forum

El médico le preguntó a la anciana por su estilo de vida. Ella respondió dando una larga calada a su cigarrillo. “Muchos doctores me han recomendado dejarlo”, dijo entre volutas de humo. “Pero todos ellos han muerto”. La paciente era Helen Reichert y tenía entonces 100 años. A lo largo de su vida, Reichert compartió con todo aquel que quisiera escuchar su particular secreto para conseguir llegar a su edad: hamburguesas, chocolate, cerveza, pitis y disfrutar de la vida nocturna neoyorquina. Murió a los 109 años. El médico que le preguntaba era Nir Barzilai, presidente de la Academia de Gerociencias. Barzilai contó la historia en Madrid, el pasado jueves, en su charla en el Longevity World Forum, que celebraba en la capital su cuarta edición.

No era solo una anécdota propia de una charla TED, era una forma de ejemplificar lo que hace. Este gerontólogo israelí investiga desde hace años a ancianos centenarios con buena salud y ha observado que muchos siguen el patrón de Reichert. Que no siempre llevan una vida monástica y equilibrada. Que hay mucho de lotería biológica en esto de la longevidad. Pero Barzilai quiere hackear esta lotería, entender cuáles son los números ganadores para chivárselos al resto de la humanidad. Por eso ha secuenciado el genoma de varios centenarios.

Él no es centenario, apenas frisa los 70, pero demuestra una energía envidiable teniendo en cuenta que tiene un poco de jet lag. Aterrizó ayer desde Nueva York, donde ejerce como director del Instituto de Investigación sobre el Envejecimiento de la Escuela de Medicina Albert Einstein. “Es que me cuido bastante”, confiesa antes de sentarse y responder a las preguntas de EL PAÍS.

Pregunta. La esperanza de vida lleva años estancada o incluso en remisión. ¿Hemos topado con un muro biológico?

Respuesta. Estadísticamente, nuestra esperanza de vida máxima como especie humana es de 115 años. Ahora morimos a los 80 años, así que tenemos 35 años de margen. No es poco, especialmente si son años con salud. La pregunta es: ¿podemos romper este techo? Creo que sí, pero igual lo conseguimos en 50 años, quizás incluso a un ritmo más acelerado, pero no hoy.

P. Hay gente que ya llega a esa edad y en unas condiciones estupendas. ¿Qué ha descubierto sobre los centenarios y cómo pueden aplicarse estos descubrimientos al resto de la población?

R. La razón por la que analizamos el genoma de los centenarios es porque creemos que tienen sus ventajas ahí encriptadas. Hasta hace poco decíamos que, en la longevidad, el 20% es genética y el 80% es ambiental, pero ahora sabemos que era una respuesta incorrecta. Es realmente una colaboración entre ambos factores y el número no es tan importante. Pero en el caso de los centenarios, la cosa cambia. Es más como si tuvieran un 80, 90% genética, y el entorno tiene muy poco que ver con la mayoría de ellos. Por eso es importante estudiar sus genes, ver qué variaciones genéticas ralentizan el proceso de envejecimiento celular. Ya hemos descubierto dos genes con una variante que afectaba su acción. Después hemos diseñado un fármaco que imita sus efectos, ya se han convertido en medicamentos.

[Los genes con mutaciones que localizó el equipo de Barzilai fueron el CETP y el APOC3. En el primero, muchos centenarios tenían una variante que aumentaba el colesterol bueno y reducía el riesgo de sufrir deterioro cognitivo. Se desarrollaron inhibidores de CETP, pero no se han comercializado. Otra variante que se repite en el 25% de los centenarios es la del gen APOC3, que reduce los triglicéridos y la inflamación. Sí hay medicamentos que imitan su efecto, pero están sujetos a prescripción médica y solo se recomiendan para pacientes con triglicéridos extremadamente altos que no responden a tratamientos convencionales].

P. Mencionaba en su charla un estudio en el que se vio que los efectos positivos de la dieta mediterránea no se podían replicar en poblaciones no mediterráneas. Que la misma dieta tenía tres veces menos efecto protector fuera de España. ¿Por qué es tan difícil replicar y exportar las llamadas zonas azules?

R. Las zonas azules tienen efecto si naces allí. Todo envejecimiento comienza desde la concepción, así que es difícil decir: “Bueno, repliquemos este estilo de vida saludable a los 70 años y veamos qué efecto tiene”. Quizás no se vea nada porque fue algo que ocurrió durante la pubertad, o quizás la adherencia es menor porque no es cultural. Este estudio causó mucho revuelo. En todos los lugares donde se replicó la dieta mediterránea, siempre se obtuvieron beneficios menos marcados que en España, así que es posible que sea una combinación de la dieta mediterránea y algo de la cultura española. Quizás solo funcione si cenas a las 10 de la noche [risas]. Quizás el clima sea mejor, la vida sea más sociable... Creo que es otra interacción con el medio ambiente muy difícil de replicar. Especialmente porque tu única intervención es el aceite de oliva (y por cierto, el aceite de oliva en estos estudios no era el mismo que se consume aquí), igual te estás dejando algo.

P. En cualquier caso, si en España se tiene más esperanza de vida que en Estados Unidos, no creo que se deba a un montón de voluntades individuales, ¿no? ¿Hasta qué punto llevar una vida saludable es una elección personal o viene condicionado por las políticas públicas o el contexto?

R. En todo el mundo, en todas las ciudades, incluyendo Madrid, los pobres viven entre 10 o 20 años menos que los ricos. [En Madrid, un estudio situó la diferencia en cuatro años]. Hay sitios donde la gente pobre no tiene acceso a frutas y verduras. No pueden comprar pescado. Tampoco pueden permitirse pagar un gimnasio, o ni siquiera hay uno en su barrio. Tú puedes decirles que tienen que hacer todas estas cosas, todo el mundo sabe cómo llevar una vida saludable, pero para llevarla tienes que tener dinero. Me encantaría que todos a quienes les recomendamos hacer ejercicio y seguir una dieta lo hicieran, pero sé, lo veo en mi clínica del Bronx, que cuando se lo digo a la gente, quizás solo un 3% lo cumple. Es muy fácil decirlo, pero no lo es llevarlo a cabo.

P. Es usted muy crítico con los suplementos multivitamínicos…

R. El principal beneficio de los suplementos es que son buenos para la economía. No hay datos que respalden su uso, se basan en pura esperanza. Y me preocupa, en particular, que al tomar multisuplementos, asumiendo que todos tienen alguna biología, algunos interactúen entre sí, que quizás antagonicen. Simplemente no tenemos suficientes datos, y eso es un problema. Hay un artículo donde se hizo un seguimiento a 300.000 personas durante 20 años, y quienes tomaban muchos suplementos tenían una mayor mortalidad. Era solo un 4% más, no es significativo, pero hay que tener en cuenta que estamos hablando de gente que se cuida lo suficiente como para gastar dinero en suplementos, gente que hace ejercicio y dieta. Así que no parece que funcionen.

P. La industria del envejecimiento tuvo un valor global estimado de 610.000 millones de dólares en 2025. Se mueve mucho dinero aquí…

R. Yo soy uno de los ejecutivos de The longevity biotech association. Es una asociación global que reúne a todas las empresas que tienen un fármaco que ataca la biología del envejecimiento desde diferentes perspectivas. Estamos tratando de darles conocimiento. Y veo que hay mucho interés en el campo ahora. Las biotecnologías han tenido años difíciles, pero creo que mucha gente sabe que esta es la próxima frontera. Las farmacéuticas entienden que es más lucrativo diseñar un fármaco que se tome toda la vida, que va a ser de larga duración, en lugar de antibióticos que se toman durante ocho días. En el caso de la diabetes, se toman medidas durante años, pero tener a toda la población como objetivo es mucho más lucrativo. Así que ya no hay dificultades para obtener financiación.

P. Este interés económico ha hecho que florezcan también negocios que tienen poco de ciencia y mucho de ficción. ¿Qué opina sobre el inmortalismo y el transhumanismo?

R. Nosotros, los científicos, no somos inmortalistas. La inmortalidad es una creencia. Una fe que surge, probablemente, del miedo a la muerte. Pero yo no creo que en nuestra época sea relevante hablar de ello. Quizás algún día esté bien, pero ahora no estamos en ese punto. Hay inmortalistas que nos siguen. Vienen a los congresos. De hecho, hay algunos inmortalistas aquí... Y cuando ven los avances, lo que decimos, entienden la línea temporal y comprenden que son mortales. Por eso empiezan a hablar de la criopreservación. No es solo un plan científico, es un plan de negocio. Digamos que quieres ser inmortal. Acudes a una de estas compañías y te dicen: “Toma un seguro de vida de dos millones de dólares y ponnos como beneficiarios”. La idea es que te criogenicen con ese dinero. Desde el punto de vista económico es perfecto, pero desde el científico tiene algunas carencias. Podemos congelar células de algunos animales pequeños y luego descongelarlas. Vuelven a la vida. Con mamíferos, de momento, no se puede. No digo que no se pueda en el futuro, no creo que sea fácil, pero igual podrían encontrar una solución a largo plazo. Y entonces, ¿qué? Cuando te descongelen, necesitas tener dos cosas: una solución para las cosas que te mataron, cáncer, infarto, lo que sea. Y además tener una cura para el envejecimiento.

P. En estos casos, el modelo no es la viejecita siciliana que llega a los 110 años, sino Demi Moore en La sustancia. No es un envejecimiento saludable, sino la eterna juventud. Hay una parte no solo médica, sino estética, muy importante.

R. Algunos de los medicamentos disponibles que tienen efectos globales sobre el envejecimiento también afectan a la piel. Muchos medicamentos que atacan las características del envejecimiento, como los senolíticos y otros, ahora se están desarrollando para la piel [aún están en fase experimental]. Pero estoy de acuerdo, creo que es mucho más importante concentrarse en todo el cuerpo. Que parezcas joven no significa que estés sano. Tu cuerpo va a envejecer igual, a pesar de las cremas o el bótox.

P. Usted tiene formación como diabetólogo, ¿cómo explica que la metformina y los análogos del GLP-1 [dos medicamentos originalmente pensados para diabéticos] parezcan tener efectos sobre el envejecimiento?

R. La obesidad aumenta el envejecimiento y las enfermedades, así que hay una parte que es obvia. Pero creemos que la obesidad es solo una tercera parte de lo que están haciendo los análogos del GLP-1. Previenen enfermedades que no están relacionadas con la diabetes ni con la obesidad. Hay un artículo del mes pasado donde se administró a ratones una dosis bastante baja de GLP1 y se les dio la misma cantidad de comida, por lo que su peso corporal fue similar. Pero aquellos con GLP1 demostraron vivir más [entre un 7 y un 10%]. Ahora están realizando un estudio para ver si pueden prevenir el alzhéimer... Creo que en el futuro muchas personas no obesas usaremos estos medicamentos, igual en dosis más bajas. Las que administramos ahora son muy altas y pueden tener sentido si tienes diabetes y quieres quitártela en unos meses, pero para el resto de la población, con una dosis más baja podría valer.

P. ¿Y sobre la metformina?

R. El extracto de lila francesa, de donde sale la metformina, se usaba ya en los años veinte para prevenir la artritis; su uso original era el mismo que se le está empezando a ver ahora. Cuando se aprobó como medicamento antidiabético, vieron que las personas que tomaban metformina y no otros fármacos para la diabetes tenían menos enfermedades cardiacas, menos cánceres. También prevenía el deterioro cognitivo, incluso la mortalidad. Es gracioso, porque cuando era estudiante en Yale, en 1987, 1988, publiqué el primer artículo sobre el mecanismo de acción de la metformina en la diabetes. Cuando ahora defiendo que puede tener un uso efectivo contra el envejecimiento y la gente me dice que no, que solo sirve para la diabetes, les pido que me manden un paper que lo demuestre. Y me suelen mandar el que yo escribí. Y está muy bien, es un buen artículo, pero uno tiene derecho a cambiar de opinión, ¿no?

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