El grave error del actual rearme europeo
Los países incrementan el gasto militar, algo necesario, pero lo siguen haciendo en una clave nacional que resulta ineficiente
Durante décadas, Europa occidental y central ha sido un protectorado militar de Estados Unidos. La premisa de la garantía de esa protección —que nos permitió invertir poco en defensa— se halla hoy, cuando menos, agrietada. Esto ocurre mientras Rusia trata de reconstruir su imperio con la fuerza. La gestión de esta situación es cru...
Durante décadas, Europa occidental y central ha sido un protectorado militar de Estados Unidos. La premisa de la garantía de esa protección —que nos permitió invertir poco en defensa— se halla hoy, cuando menos, agrietada. Esto ocurre mientras Rusia trata de reconstruir su imperio con la fuerza. La gestión de esta situación es crucial para asegurarse de que Europa pueda ser un actor independiente en el siglo XXI. Los países europeos incrementan su gasto en defensa y respaldan conjuntamente a Ucrania, pero la realidad es que todavía no hemos alumbrado un camino estratégico compartido. Sobre esta cuestión se ha desarrollado esta semana en Madrid un interesante seminario a puerta cerrada organizado por el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores en cooperación con el Ministerio de Asuntos Exteriores español, en el cual han participado destacados representantes diplomáticos, militares y expertos del sector.
La jornada esbozó un retrato claro de los retos, las disyuntivas y las tensiones que marcan este proceso político de importancia existencial. Entre ellos, tal vez destaque la discrepancia entre aquellos que abogan por avanzar en construir capacidades europeas sobre todo en el marco de la OTAN —bajo el lema de una OTAN más europea— y aquellos que ponen más el foco en la dimensión UE de la coordinación en defensa. El problema de lo primero es que podemos europeizar la OTAN, pero ¿qué pasaría si en el momento de la necesidad EE UU no quiere activar el artículo 5? ¿Se podría de alguna manera utilizar planes e instrumentos de coordinación de la Alianza? Por otra parte, el tratado de la UE prevé “la definición progresiva de una política común de defensa de la Unión”, pero establece que aquella “conducirá a una defensa común una vez que el Consejo Europeo lo haya decidido por unanimidad”. Esto es un obstáculo grave, porque la unanimidad es altamente improbable hasta dónde llega la vista y sin ella es dudosa la cabida legal en el marco de una verdadera defensa común.
El diseño de un camino en este terreno es sin duda de una complicación luciferina. Admitida esa dificultad, toca constatar que la sustancial parálisis ante este dilema y la triste lentitud en el desarrollo de proyectos cooperativos concretos que ni siquiera suponen decantarse por una opción estratégica definitiva están generando un problema grave: los países europeos se están rearmando, pero lo están haciendo sobre bases sustancialmente nacionales. Esto tiene consecuencias muy negativas.
Europa necesita invertir más en defensa porque, aunque colectivamente ya gaste una cifra muy considerable, en realidad, a causa de la fragmentación, duplicación, falta de activos clave —mando y control, inteligencia y reconocimiento, activos espaciales y de golpeo profundo de precisión, aerotransporte, etcétera, que tiene EE UU—, y falta de interoperatividad, su real capacidad de combate resulta muy limitada. Y necesita hacerlo además porque durante décadas mantuvo una infrainversión que deterioró mucho su operatividad militar y sus stocks. El empuje de inversión revertirá en avances en muchos sentidos.
Pero, a falta de una verdadera coordinación política y de planificación, esta inversión amenaza con reproducir al menos en cierta medida la fragmentación, las duplicidades, los ángulos ciegos y los problemas de interoperatividad. Tendremos más material y más moderno, más efectivos, pero, aun así, un resultado de conjunto con una eficacia muy menor y un gasto superior de lo que sería posible con una plena coordinación.
Ello no quiere decir que no haya gasto nacional que sea útil, aunque no responda a una plena coordinación: lo hay. Tampoco quiere decir que no haya iniciativas de coordinación. Existen, por ejemplo para compras conjuntas que puedan producir economías de escala, e intentos de proyectos comunes, desde defensa antiaérea a futuros sistemas de combate aéreo o tanques. Pero todo se halla en fase incipiente, en estado de parálisis o con avances modestos.
La limitada eficacia de este empuje inversor sin coordinación profunda, sin verdadera racionalización, no es el único problema. Otro es su repercusión industrial. Alemania está haciendo un gran esfuerzo de inversión militar. Esto suscita algunas inquietudes debido a su pasado, a su tamaño, y a su presente con una ultraderecha en evidente auge y muy radical. Yo creo que el tejido democrático alemán actual y su pertenencia a la UE permiten observar con tranquilidad ese rearme si se desarrolla en el marco de una clara imbricación europea. Pero si no ocurre así, además de posibles inquietudes políticas de futuro, las hay en el tiempo presente en una dimensión industrial nacional que recibirá un chute de inversión publica estatal que altera mucho los equilibrios del mercado interior.
Otro frente en el que la persistente descoordinación resulta un desastre es la aplicación de la inteligencia artificial (IA) a la dimensión militar. Esto, es evidente para todos, es el paradigma crucial de toda capacidad disuasoria militar en este siglo. Ante ello, la realidad es no solo que Europa anda por detrás de EE UU y China en desarrollo de sistemas base de IA y en diseño de aplicaciones en ámbitos cruciales de seguridad, sino que ni siquiera está cerrando filas para tener la dimensión oportuna y tratar de recuperar terreno con inversiones en escala, masas de datos, interoperatividad. El Pentágono, con su presupuesto de un billón, firma contratos uno detrás de otro con Palantir, Google, Open AI, SpaceX, Microsoft, Nvidia. Nosotros tenemos una buena legislación, pero nos quedamos peligrosamente atrás en el mundo real.
En este plano, Ucrania puede ser un socio que ofrezca un valiosísimo conocimiento con los datos recolectados en su dramática experiencia de combate. De nuevo, la sensación es que no hay una cooperación coordinada, sino un mosaico de relaciones bilaterales.
La lista de los problemas derivados del actual patrón de inversión podría seguir. Es de celebrar que se esté afirmando en Europa la voluntad de dejar de ser un protectorado estadounidense, y que se acometan inversiones para conseguirlo. Pero no las estamos haciendo de la forma más eficiente posible. Urge coordinarse, porque urge conseguir este resultado fundamental salvaguardando en toda su extensión el modelo de cohesión social que nos define. Queremos ser independientes para defender nuestra democracia y ese modelo. Lastrarlo innecesariamente por el camino sería inaceptable. Creo que se equivocan quienes sostienen que no es necesario un mayor esfuerzo y que bastaría con mayor coordinación, pero es sin duda un error imperdonable no avanzar rápido en la coordinación porque ello hace el esfuerzo menos eficaz en el resultado y eleva el riesgo para sostener el gasto social. Evitemos todo eso.