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Contra la bomba atómica (en Irán)

Argumentos y contraargumentos sobre la posibilidad de un ataque nuclear estadounidense contra la República Islámica

Tres F/A-18E sobrevolaban el día 2 el portaaviones 'Abraham Lincoln' en una misión de apoyo durante la guerra de Irán, en una ubicación no revelada. La imagen fue distribuida por la Armada de EE UU.REUTERS

Provocar un “infierno” en Irán, como repite Donald Trump, y este sábado lo repitió, ¿podría implicar el lanzamiento de una bomba atómica? Algunos así lo temen. Estos son los argumentos. Y los contraargumentos:

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Provocar un “infierno” en Irán, como repite Donald Trump, y este sábado lo repitió, ¿podría implicar el lanzamiento de una bomba atómica? Algunos así lo temen. Estos son los argumentos. Y los contraargumentos:

—Esa bomba rompería el aparente desempate real en el principal terreno de batalla: el agresor no puede vencer con los dispositivos actuales, y una intervención terrestre conllevaría el riesgo político letal de muchos cadáveres de vuelta a casa; el agredido no se rinde. Aunque se le decapite una y otra vez, es una hidra de siete cabezas.

—Antes de esa locura siempre se dispone de otra salida menos costosa y más práctica. Volver a la negociación, incluso envolviéndola en propaganda: están acabados, no pueden con nosotros. Y lanzando una minioperación terrestre, pero vistosa: ocupar una isla menor. Aunque nadie olvida la crisis de los rehenes en Irán (de 1979 a 1981), que arruinó el mandato de Jimmy Carter. Negociar cabe siempre.

—La negociación ya fracasó.

—La última ronda se suspendió, preanunciándose que se reanudaría, pero Benjamín Netanyahu forzó/convenció a Donald Trump de que era preferible bombardear a un enemigo (falsamente) débil. Y se ha reanudado tantas veces cuantas ha fracasado.

—Sería un recurso rápido en momentos de fatiga bélica, hasta mental.

—Rápido, quizás. Pero demasiado peligroso. Los dos grandes actores, aunque ambos sean teocráticos, saben que, al cabo, perderían más.

—Pero estamos en el peor momento. La proximidad del abismo es siempre la ocasión más propicia para una decisión loca.

—Siempre el peor momento precede a una negociación, porque las partes tienden a agotar todos los márgenes del juego de la gallina, a ver quién se arruga, quién se detiene antes de precipitarse al vacío.

—Ninguno es de fiar.

—Claro, pero lanzar una bomba atómica es un recurso asimétrico. Solo uno puede emplearlo, porque solo uno dispone de ella. Y este uno afronta aún, por fortuna, controles domésticos, el Parlamento, la judicatura, la opinión pública, la presión de los viejos y ya hartos aliados.

—Los dos agresores celebran elecciones en otoño: necesitan polarizar a sus electores, radicalizarles.

—Lanzar una bomba atómica conllevaría un desastre total que acabaría evidenciando su derrota política ante los votantes. Esto no es una acción militar defensiva ante el nazi-fascismo, que atrajo apoyos sólidos, sino una impopular guerra ilegítima de agresión.

—No tiene por qué ser total. Hay bombas atómicas de alcance acotado.

—Mejor no probarlo. Las llamadas bombas Zar multiplican por más de 3.000 veces los efectos directos de la de Nagasaki. Sin contar con que la radiación viaja en el espacio.

—Pero muy lejos de Washington.

—Y muy cerca de los jeques amigos, que no son solo aliados, sino compis de negocios. ¿Y si el radio de acción se extendiese hasta Israel?

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