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Cosecha electoral en Castilla y León

La comunidad más extensa de España, gobernada por el PP de forma ininterrumpida desde 1987, se enfrenta a la despoblación y el envejecimiento

mikel jaso

Con la canción de la lluvia sobre los paraguas e incluso con nieve, si es que nieva; o a pleno sol y con la hebra de sudor cayendo por la espalda. Sea como sea, el último viernes de cada mes, los integrantes de ...

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Con la canción de la lluvia sobre los paraguas e incluso con nieve, si es que nieva; o a pleno sol y con la hebra de sudor cayendo por la espalda. Sea como sea, el último viernes de cada mes, los integrantes de la asociación Oncobierzo se manifiestan ante la sede de la Junta de Castilla y León en Ponferrada para pedir que se complete la plantilla de oncólogos y se mejoren los servicios y las listas de espera en el Hospital del Bierzo, que atiende a los 120.000 habitantes de las comarcas del Bierzo, Laciana y la Cabrera, en León. Para reclamar esto, ha habido manifestaciones multitudinarias, tanto en Ponferrada como en Valladolid, con pancartas y carteles donde se podía leer el lema de la organización: “Algún día es mucho tiempo”. Y así es. Para quien espera lo importante, un tratamiento médico, un trabajo, una vivienda, una plaza en una residencia de mayores, que eso llegue algún día significa mucho, demasiado tiempo.

La sanidad pública, como en otras comunidades autónomas, es una cuestión clave en Castilla y León. Y con una población envejecida, como la que es mayoritaria en sus nueve provincias, mucho más. No llegamos a dos millones y medio de habitantes, dispersos por 94.000 kilómetros cuadrados. Castilla y León es la más extensa de las comunidades autónomas, un territorio de ciudades pequeñas con catedrales esplendorosas y miles de pueblos a los que cada día llega el panadero haciendo sonar la bocina. Una comunidad compleja y desarticulada —en muchos sentidos, pero bastaría con citar el del transporte, con Soria como principal ejemplo— que está convocada a sus elecciones autonómicas el próximo domingo.

En Castilla y León gobierna el Partido Popular desde hace 39 años. Desde 1987. El recuerdo de otro partido distinto, el del zamorano Demetrio Madrid, primer presidente de la Junta de Castilla y León con el PSOE, entre 1983 y 1986, se pierde en la niebla de los tiempos, una niebla como la que cae de madrugada sobre los campos roturados. El fin del bipartidismo, con la fragmentación del voto, ha significado dos últimas legislaturas muy movidas. La primera comenzó en 2019, año en el que el Partido Popular perdió las elecciones, pero gobernó tras un acuerdo con Ciudadanos que el actual presidente y candidato del PP, Alfonso Fernández Mañueco, rompió con un sorpresivo adelanto electoral en 2022. Una estrategia que no le salió bien porque, aunque ganó los comicios, tuvo que pactar con Vox. Castilla y León se convirtió en la primera comunidad en la que ambos partidos gobernaron en coalición. Al igual que en otros ejecutivos autonómicos, Vox se fue dando un portazo en julio de 2024. Su responsable en Castilla y León, Juan García-Gallardo, dimitiría siete meses después por desavenencias con la dirección nacional de un partido que no deja de arrojar a sus dirigentes por la borda. Algunos, como en este caso, saltan de ella. Hasta entonces, García-Gallardo había sido un fiel representante de los postulados voxistas, hablando “invasión migratoria” y de “violencia intrafamiliar” en lugar de violencia de género.

La falta de dinamismo laboral es el principal factor que impide el incremento demográfico en las provincias de Castilla y León, cuyas poblaciones ofrecen sin embargo más posibilidades de acceder a una vivienda. Y aunque varias capitales no se libran de los elevados precios de un sector que va sin riendas, los pisos no alcanzan las desaforadas sumas de otras ciudades. Esto comienza a atraer, aunque todavía en un porcentaje muy pequeño, a población joven (y no tanto) que se está viendo expulsada de las grandes ciudades y, por primera vez desde hace años, la comunidad está creciendo, aunque de forma levísima, con una subida interanual que no alcanza el uno por ciento. Estos nuevos habitantes llegan a unas ciudades y a unos pueblos que les dan más posibilidades de estirar el salario. Unas poblaciones con un ritmo menos acelerado y una vida cultural interesante, por mucho que los medios nacionales destaquen sobre todo aquello que ocurre en las grandes capitales.

La falta de vigor del sector industrial en Castilla y León, con excepciones como el sector agroalimentario, el de la automoción en Valladolid y Palencia, y el químico-farmacéutico en León, provoca que no se produzca un incremento notable en el número de empleos. La agricultura y la ganadería van resistiendo, aunque el reemplazo generacional no es fácil. Como en el resto del país, son los trabajadores migrantes los que sostienen parte de las labores en el campo y en otras ocupaciones relacionadas, como el trabajo en los mataderos.

Castilla y León es una comunidad con territorios muy alejados entre sí y en muchas ocasiones desconocidos para sus propios habitantes, que a veces sienten una mayor vinculación con otras autonomías limítrofes. En el caso de León, la desafección es todavía más acusada, con un sentimiento mayoritario de estar en una comunidad creada a contrapelo, remachando dos regiones distintas: Castilla por un lado y León por otro, de ahí las quejas cuando se habla de los castellanos y leoneses sin incluir ese y intermedio, juntando ambos términos, con o sin guion. Esta desafección se concreta en las reclamaciones de tener una autonomía propia y también se proyecta electoralmente en los tres procuradores que tiene la Unión del Pueblo Leonés (UPL), y que, según varias encuestas, podría conservar en estas elecciones.

Alfonso Fernández Mañueco llega a esta cita electoral tras errores significativos, como el de la gestión de los graves incendios ocurridos este verano, que dejaron cinco muertos y montes y pueblos calcinados. Mañueco resulta una cara más conocida que la del candidato del PSOE, que se estrena: Carlos Martínez, alcalde de Soria desde hace casi dos décadas, con cuatro mayorías absolutas seguidas. Tal vez por eso Mañueco ha elegido como eslogan electoral “Aquí, certezas”, que está dando mucho juego, ya que algunos lo cambian por el promisorio “Aquí, cervezas” y otros por el funesto “Aquí, cenizas”, entre otras ocurrencias.

Aplicando un viejo principio de la agricultura, considero que la rotación de cultivos airea y nutre la tierra. Pero serán los ciudadanos de León, de Zamora y de Salamanca, de Segovia, de Ávila, Soria y Palencia, de Burgos y de Valladolid quienes, muy pronto, decidirán (decidiremos) quiénes quieren que les gobiernen. A ver qué tal va la cosecha.

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