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El acto revolucionario de ser mujer

Las lectoras escriben sobre los avances hacia la igualdad de las mujeres, la importancia de pagar impuestos, los problemas que causa el turismo y la salud mental

Mujeres encarceladas creaban el miércoles pancartas para el 8-M, en la prisión mexicana de Barrientos. Sáshenka Gutiérrez (EFE)

Cada avance en la igualdad de las mujeres ha sido el fruto de la valentía de quienes se negaron a aceptar el silencio. Hoy seguimos avanzando, pese a los intentos de algunos por hacernos retroceder. Nuestra historia no empezó ayer ni termina hoy. Se construye cada día con memoria, unión y determinación. Hemos derribado muros, desafiado etiquetas y roto silencios que durante demasiado tiempo intentaron definirnos. Y seguimos aquí, más conscientes, más firmes, más unidas. Ser nosotras mismas sigue siendo un acto revolucionario. Nombrarnos, ocupar espacios, decidir sobre nuestras vidas y apoyarnos transforma realidades. No caminamos solas; seguimos las huellas de quienes lucharon antes y abrimos camino para quienes vendrán. Porque la igualdad no es una concesión; es un derecho. Y la historia, también, se escribe con nosotras.

Marieta Gutiérrez. Córdoba

Patriotas, pero sin impuestos

Estoy cansada de esos miles de expatriados que se han establecido fiscalmente en Oriente Próximo para tener un supuesto “futuro mejor” y que ahora, en medio de un conflicto bélico, exigen volver a casa por miedo a que estalle una bomba en su lujoso edificio. Los que nos quedamos aquí pagando impuestos tenemos otro miedo: no poder pagar el alquiler, sufrir listas de espera infinitas en los hospitales y ver tambalearse el Estado de bienestar. Deseamos vivir con dignidad. Si alguien piensa que el éxito es vivir en Dubái y no pagar impuestos, ha perdido la perspectiva, pero si lo aceptamos, habremos perdido como sociedad. ¿Son patriotas o dejaron de serlo cuando decidieron lucrarse en países poco democráticos?

Arlet Casas. Barcelona

Turistas y vecinos

No demoniza el turismo señalar que cada vivienda convertida en alojamiento de corta estancia deja de ser un hogar. En una ciudad con alquileres disparados, supone un motor de desigualdad. Se pide empatía para el negocio, pero ¿quién la pide para la vecina que no puede renovar su contrato, para la comunidad donde ya nadie conoce a nadie? Plataformas y patronales hablan de economía, en los barrios hablamos de vida diaria: ruido, portales convertidos en recepciones, comercios que cambian lo esencial por lo rentable. Y, sobre todo, asusta que vivir aquí sea un privilegio. Una ciudad no puede presumir de éxito turístico si pierde a sus vecinos.

María Fernanda Salazar. Barcelona

Tristeza

Cuando la tristeza te embarga, tienes ganas de perderte en un libro malo, de esos que lees sin prestarle atención. Quieres acurrucarte en la cama, el refugio perfecto, ajeno al frío que te acecha tras la puerta. Aprecias el silencio porque tu fuerza, desvanecida, no soporta los gritos del mundo. La lista de tareas se convierte en una tortura autoimpuesta que va creciendo sin control. Cuando la tristeza te embarga, solo clamas por salir de ti.

Carla Belda Rubio. Valencia

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