¡Hombre, Vito! ¿Cómo tú por aquí?
En la realidad paralela de X, los mercenarios pasan por ‘cascos azules’ de la ONU, y el zorro da lecciones de disciplina en el gallinero
“¡Hombre, Vito!”, exclama el presidente aragonés, Jorge Azcón, al encontrarse fortuitamente con el incisivo periodista de EDATV, medio imparcial que, según su propietario, Javier Negre, nace, crece y se reproduce para dar “la batalla cultural contra los zurdos de mierda”. Es el final de la campaña aragonesa, y el dirigente popular se pone nervioso. En actitud claramente defensiva, mete las manos en los bolsillos.
Quiles aparece en el programa del acto final de campaña de su partido, el PP, y al día siguiente de las elecciones llamará “enfermos mentales” a quienes han votado al PSOE, pero no conviene fiarse de este hombre que esperaba agazapado para hacerle las preguntas más incómodas, las que solo él sabe hacer. Llegan los primeros dardos: “¿Cómo lo está llevando?”. Azcón sale como puede: “Las campañas siempre son complicadas”, balbucea. “He visto a mucha gente que habla de usted muy bien y le reciben con cariño por la calle, pero luego, cuando escucho a Pilar Alegría, no parece que le tengan mucha estima. Ha dicho que lleve usted cuidado con sus compañías, de cara a posibles pactos electorales. ¿Qué le diría?”. El candidato ya no sabe dónde meterse. “¿Lo dice por Salazar?”, responde, tratando de esquivar la pregunta. Pero Quiles no se rinde: “No he visto a Sánchez venir mucho a hacer campaña. ¿Por qué cree que ha sido? Igual le da pereza, o a lo mejor ha sido por los trenes, que cada vez tardan más en llegar...”. “A mí me ha llamado más la atención que no viniera Zapatero”, contesta el presidente, acorralado. “No lo había pensado, pero está bien”, replica el periodista de raza para intentar que su presa gane confianza antes de la estocada final: “Sánchez quiere restringir las redes sociales. Hay mucha gente joven que se informa por allí y ve sus vídeos de campaña por allí. ¿Qué piensa usted de esto?”.
Fue en las redes sociales donde esta entrevista se vendió como “exclusiva” y es en ese mismo ecosistema distópico donde a diario se pretende confundir la propaganda, el activismo e incluso el acoso con el periodismo. En la realidad paralela del arma de destrucción masiva del tuitero en jefe, Elon Musk, los mercenarios pasan por cascos azules de la ONU, y el zorro da lecciones de disciplina en el gallinero.
Cuando, al día siguiente de las elecciones, Carlos Alsina preguntó en Onda Cero a Azcón si había invitado a Vito Quiles al cierre de campaña, el presidente aragonés respondió: “Me entrevistó como medio de comunicación”. Previamente, el secretario general del PP, Miguel Tellado, había expresado ante los micrófonos su “gratitud y reconocimiento”, en nombre de “miles y miles de españoles”, por el “arrojo y valentía” de Quiles.
No disimulan. La sutileza no está entre sus cualidades y la polarización afectiva, esto es, el odio al que piensa diferente, ha hecho que cada vez importe menos lo que se dice o lo que se hace y más el contra quién. Solo eso explica que alguien que dice y hace lo que Vito Quiles sea defendido por otros periodistas como un colega que desempeña una labor “excelente”. Si mañana entrara en El Prado y rasgara con un cuchillo Las meninas, saldrían a decir: “Algo habría hecho Velázquez, que en paz descanse”.
Quiles cuenta con más de 536.000 seguidores en X y, entre ellos, un ejército de defensores con los galones de haber sido partido de gobierno, pero tampoco se fía y este martes pidió ayuda al primo de Zumosol de los agitadores: “Dear [querido] @elonmusk”. En su característica prosa neutral, esta vez en inglés, tuitea: “El sucio Sánchez continúa con su ofensiva contra la libertad de expresión al mencionarme por mi nombre en un mitin por ejercer un periodismo crítico con su Gobierno autoritario. El presidente no solo quiere controlar las redes sociales, sino silenciar e intimidar a los periodistas que se oponen al régimen. Desde España, solicito su ayuda y la de la Administración Trump para que nos apoyen en la restauración del sistema democrático y el Estado de derecho”.
Piden ayuda para defenderla quienes representan un peligro para la democracia y para el derecho constitucional a “recibir información veraz”. Y, ante las amenazas, suele aparecer la tentación de responder con las mismas armas que el enemigo, la guerra sucia. Pero el periodismo tiene, afortunadamente, otras herramientas para hacerse distinguir.